lunes, 9 de mayo de 2011

Nunca te dejaré marchar


Derrota de Nadal ante Djokovic. Nueva victoria del Barça que lo aproxima al título de la Liga. En el terreno personal no me puedo quejar… Y hoy, iniciamos el podio eurovisivo. Llegamos a la tercera mejor canción de la historia de Eurovisión. 54 años. Más de mil canciones. Pues yo me quedo con esta. Una casi victoriosa actuación de 2006 a cargo del mejor cantante que ha pisado un escenario del ESC. Infinitamente mejor que Harel Skaat, aunque el israelita lea mis artículos traducidos especialmente para él. Mucho mejor que Sakis. Y no tiene hijos.

Canción: Never let you go (Nunca te dejaré marchar)
Canta: Dima Bilan
País: Rusia
Año: 2006
Posición: 2º



Dima Bilan es la principal causa de que Eurovisión me guste tanto. De que cada año vaya en busca de una canción que me llene tanto. Que me haga sentir tanto. Que me emocione de una manera inimaginable. Desde el año 1999, nunca me he perdido un certamen, y siempre lo he hecho junto a amigos o a mi madre. Con la típica nota de cada país; con su canción, cantante y puntuación. Y luego a mirar si los votos coinciden. Pero en 2006 y a un mes del festival, una amiga me contó que ya tenía claro favorito para ese año. Era un grupo monstruoso, que cantaba rock pesado. Se llamaba Lordi.

Obviamente, esa misma tarde estuve en Internet mirando, del tirón, todas las canciones que se presentaban. España llevaba a Las Ketchup. Menudo desfase. También volvía Carola por Suecia. Un temazo impresionante. Me fijé en el tema de Ucrania, en el de Rumanía, en el de Grecia, Dinamarca… la mayoría de los que me gustaron han pasado por aquí. Pero, especialmente, me gustó el tema ruso. Un país que no me suele llamar la atención en Eurovisión. Pero tenía magia. La canción era preciosa. La voz del cantante, impresionante, sin necesidad de hacer florituras con su voz. Y el propio cantante me transmitía absolutamente. ¿Quién era ese Dima Bilan?

Durante toda una semana hice recopilación de sus mejores fotos. Y las hay hasta sin ropa. No digo más. Las fui poniendo una a una en mi Fotolog. Cada canción acompañada del videoclip de “Never let you go”. Ahí empezó mi afán por la publicidad de Eurovisión. Por dejar claro mi artista favorito. Por formar parte activa del concurso, y hacérselo llegar a los demás. Dima Bilan provocó en mí un sentimiento friqui que desconocía hasta la fecha. Y me alegro de que así haya sido, vaya.

Nubes negras, pero no llueve. Y cada movimiento me hace daño. Besos y más besos, pero no hay amor. Siento que me parto en dos. Mirada ardiente, pero no hay calor. Esto no es lo que necesitas realmente. Palabras cariñosas, pero no hay ninguna finalidad en ellas. Parece que estemos jugando. Sonrisa fácil, pero no hay diversión. Música dulce, para nadie. Abrazos cariñosos, pero nada más. Champagne bien frío, pero nosotros nos olvidamos de fluir. Cariño, ¿qué nos está pasando? Estamos bailando en un vaso roto. Y yo no puedo esperar. No por más tiempo. Nunca, nunca te dejaré marchar. Tú eres la única a la que busco. Carne de mi carne. Hueso de mis huesos. Nuestro amor está marcado como la talla de una piedra. Retrocedamos a los días que vivimos hace tiempo. Eres alma de mi alma. Eres sangre de mi sangre. Nuestro amor estará siempre en mi corazón”.

Nunca te dejaré marchar. La letra no puede ser más bonita. Bueno, sí puede, y de hecho la segunda posición, como ya dije, tiene la letra más preciosa que ha habido en Eurovisión. Pero el “Never let you go” de Dima Bilan en 2006 parecía insuperable. Una declaración de amor impresionante con la que todos nos rendimos al amor, como tantas veces. Al tema lo acompañaba una puesta en escena, como poco, extravagante. Dima Bilan iba en vaqueros y camiseta de tirantes blanca a la que le había pintado su número de actuación para que la gente se acordara de qué terminación tenía su teléfono para ganar. Junto a él, varias coristas y dos bailarinas de ballet dando pasos elegantes al ritmo de la melodía.

Y también había un misterioso piano blanco. Un piano de cola que al principio parecía no tener ninguna finalidad. Pero luego supimos que ese piano era, en realidad, una caja de música. De él, y de sus pétalos de rosa, salía una preciosa bailarina blanca para rematar la escena. Original, divertida, elegante, diferente. Rusia 2006 lo dio todo. El propio Dima lo dio todo. Como digo, no tiene la misma voz que Chiara, ni que Soraya, ni que ninguna. Pero ni falta que le hace. Él llena el escenario con su propia presencia. Y además tiene unos falsetes como para parar un tren. Es el mejor, y punto. Tan bueno es que toda Europa se lanzó a votar (yo incluido). Pero mi amiga me ganó la batalla, y Lordi se impuso a Dima, que quedó 2º.

Tal fue su éxito, que Rusia, como tantos otros países, decidió que Dima volviera a Eurovisión dos años después. En 2008. Y hasta aquí puedo leer

¡FELIZ DÍA DEL ODIO MUSICAL A TODOS!

Roberto S. Caudet

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