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miércoles, 1 de diciembre de 2010

Yo también VIHvO


Alrededor de 40 millones de hombres y mujeres padecen VIH en el mundo. Un 0.6% de la población total de la Tierra. La cifra puede parecer bastante baja si no se tienen en cuenta datos muy reveladores: el 62.5% de los enfermos están en África Subsahariana, en el cono sur africano, alrededor de un 30% de la población padece VIH (Sudáfrica, Angola, Zimbawe…) y España supera la media de “infectados” mundial. Todavía más: hay siete países que no ofrecen datos a la OMS (ni a otros organismos) sobre estos datos sanitarios de su población, y entre ellos, encontramos a Groenlandia, Sahara y Japón. Hoy, 1 de diciembre, se celebra el Día Mundial de la lucha contra el Sida.

Las siglas VIH definen al “virus de la inmunodeficiencia humana” y, como su propio nombre indica, es un virus que ataca al sistema de defensas del cuerpo, volviéndolo más vulnerable frente a toda clase de patologías, ya que éste no se encuentra preparado para contrarrestarlas. Se transmite entre los seres humanos a través de la sangre, el semen, las secreciones vaginales y la leche materna. Dado que el VIH se fusiona con el ADN propio, es 100% hereditario. Sangre, semen, secreciones vaginales y leche materna. Sangre, semen, secrecio… ¿Cómo?

Primera revelación: el VIH no se transmite por la saliva. Se puede besar a la gente sin miedo, incluso en épocas donde la gripe A esté más extendida. Nadie te va a contagiar de VIH. Ni siquiera esa abuela que te moja la mejilla derecha cada vez que te ve, mientras te recuerda que has engordado estas Navidades y que ahora eres más alta. Te lo recuerda no porque ella haya menguado, sino porque ahora tus Levi’s ya no te cubren los tobillos. Carpeteras del mundo, ya podéis seguir compartiendo chupa-chups, chicles y cigarros. No os vais a infectar.

Segunda revelación: el VIH tampoco se transmite mediante una llamada telefónica. ¿Por qué la gente borra de sus Facebook y sus agendas telefónicas a sus amigos cuando se enteran de que son seropositivos? El virus no se transmite por correo electrónico. Ni tampoco al pasar el dedo por la pantalla del I-Phone que previamente haya rozado la oreja de un seropositivo. Y os cuento otro secreto: podéis coger un autobús o el metro incluso cuando haya alguien con VIH dentro. ¡La de dinero que os vais a ahorrar ahora en taxis para ir a la oficina y al volver de fiesta!

Insisto: sangre, semen, secreciones vaginales y leche materna. Bastante tienen ya los enfermos de VIH como para encima tener que dar explicaciones a los demás cuando cogen un bolígrafo usado por otros, o por compartir una bufanda. O por subirse a un ascensor. El VIH es una enfermedad degenerativa (a largo plazo) con unos tratamientos que, si bien no curan, logran mejorar de manera significativa las consecuencias derivadas de la infección. En los países que posean medicamentos para ello, claro. Recordemos que si en África no conocen a Curri Valenzuela, tampoco tienen para poder permitirse un gasto tan importante que puede salvar sus vidas. Sus gobiernos están más ocupados en llamar a Shakira para salir en la próxima versión del Waka Waka.

El SIDA es la segunda etapa de la enfermedad. En realidad es la segunda y última etapa, ya que se considera que es la última fase por la que se pasa antes del fallecimiento. El Sida es la etapa en la que el cuerpo ya no reacciona al tratamiento y los órganos van desfalleciéndose. Por ello es imprescindible la prevención. Tan fácil como utilizar un preservativo en todas y cada una de nuestras relaciones sexuales. Con hombres, con mujeres y con Bob Esponja, si se da el caso. Está comprobado que el preservativo es el método más eficaz en la prevención del Sida. Así que como decían hace años: póntelo, pónselo. Por cierto, ¿soy el único que entiende la frase como un eslogan gay? Yo me lo pongo y ahora te lo pongo a ti… Me desvío del tema.

Hasta el Papa ha “autorizado” el uso del preservativo en relaciones sexuales que conlleven un riesgo de contagio –básicamente casi todas- y especialmente en el uso de esta gomita con prostitutas. Me pregunto si con la sentencia, el Papa aprueba también “el uso de prostitutas” como método de desahogo sexual. Como el que acepta barco como animal acuático. Como cuando aceptamos a Dragó como periodista. Si el Papa lo dice, a misa vamos todos. ¡Póntelo, pónselo!

En España ha descendido el número de nuevos diagnósticos de VIH. En 2009 se confirmaron 2.200 nuevos casos, 300 menos que en 2008. De los nuevos diagnósticos, casi un 50% se han desarrollado de una actividad heterosexual. Un 25% debido a relaciones entre hombres del mismo sexo, y un 20% por asociación parental y el consumo inyectado de drogas. Es decir, que se acabó el mito de que el Sida es una enfermedad que afecta a maricones que se drogan. La mitad de los nuevos enfermos son heterosexuales. Pero, por si acaso, absteneros de mantener relaciones con hombres. ¡Dejádmelos todos a mí! Muajajá.

Mónica Naranjo ha encabezado este año la campaña del Gobierno por la lucha contra el Sida. Bajo el lema “La vida no retrocede”, famosos nacionales (Christian Gálvez, Sergio Alcover, Eduardo Casanova…) y también algunos internacionales (Víctor Ullate, Soraya…) se han sumado en un video muy metafórico donde el mensaje está claro: Los afectados por el VIH siguen con sus vidas y no son una lacra. Como dirían los de Hollywood: “VIH-ven!”. Desde este blog del Odio, me sumo a la causa por la denuncia del rechazo, de la hipocresía y de la discriminación. A la causa de la lucha por la investigación. Que se conciencien los ciudadanos, y que lo hagan los gobiernos. Es intolerable que se subvencione con más dinero un proyecto para comprobar si hay agua en Júpiter que para una vacuna efectiva contra una enfermedad que asesina a millones de personas. No hace falta que diga a quién Odio ni por qué. Hoy sólo me muestro solidario.

Yo también VIH-VO.
Espero que vosotros lo hagáis por mucho tiempo.

¡FELIZ DÍA DEL ODIO A TODOS!

Roberto S. Caudet

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Cobrar por que te la meta Dragó



“El escritor y presentador, Fernando Sánchez Dragó, se jacta de haberse acostado con dos niñas de 13 años “porque el crimen ya ha prescrito”, en su última novela”.

(La Vanguardia, 26 de octubre)

La noticia saltaba a la opinión pública durante la celebración del I Aniversario del blog y, por tanto, de la Semana del Amor. Así pues, todos estos días he estado mordiéndome la lengua por no poder comentar antes la situación. La pena es que las dos pobres niñas de 13 años no le hayan mordido otra cosa al señor Dragó. Y digo señor porque la palabra degenerado suena fuerte, ¿no? Pues eso. Al degenerado de Sánchez Dragó.

La aberración cometida se explica con todo lujo de detalles en el libro: “ésas –ahora hay muchas- que se visten como zorritas, con los labios pintados, carmín, rímel, tacones, minifalda… (…) las muy putas se pusieron a turnarse (…) la peripecia fue como una partida de ping-pong”. Dragó no tiene reparos en asegurar que si en aquel momento le hubieran pedido “que firmara un cheque por el total del poco dinero que tenía entonces”, lo hubiera “firmado sin pestañear”. Y sentencia: “las delincuentes eran ellas”. De su vomitivo discurso literario, se pueden extraer varias conclusiones muy sencillas:

1- El escritor no es un gran conocedor de los productos de belleza. Utilizar en la misma frase “los labios pintados” y “carmín” como dos accesorios diferentes muestra su absoluta ineptitud a la hora de descifrar objetos en un Prieto cualquiera. Me lo imagino entrando en Druni (me llamo Druni, Carla Druni) y pidiendo una barra pintalabios, que la dependienta le entregue un “carmín” y él insista en que lo que quiere es un pintalabios. Qué absurdez. Pero claro, no se puede esperar nada mejor de alguien que se inventaba viajes para poder venderlos en la tele…

2- Dragó deduce que las zorras van vestidas con tacones y minifalda. Y pintadas con rimel y carmín. Es decir, que para Dragó, en verano todas las mujeres son auténticas zorras. Y cuando se pasea por Andalucía o las Islas Canarias, donde el calor aprieta más, para él aquello debe ser un pecado continuo. Tampoco sé cómo pretenderá que vaya su mujer –si es que algún día una mujer decide vivir con él y demás- vestida por la calle. Imagino que para que no parezca una “zorrita”, la tapará con un burka, lo menos. Es más, es posible que ni siquiera la deje salir de casa. Incluso quizá ya está casado pero nadie lo conoce porque jamás deja que se asome a la ventana. Qué escalofríos.

3- Entiéndase con los términos “muy putas” y “zorritas” que el escritor pagó por acostarse con ellas. O mejor dicho, por “trajinárselas” y que “se turnaran”. O sea, que al menos el hombre reconoce que con su hercúleo aspecto físico ha de acabar pagando a dos señoritas necesitadas de un país oriental para poder mantener relaciones sexuales. Es decir, queda descartado que tenga mujer. Claro que igual ni siquiera ella quiere acostarse con él. Ahora falta por ver si siempre que quiere meterla, se va a China. Y si siempre pide dos, como las Natillas. No sé yo si lo contratarán para el próximo anuncio con Messi y Piqué. A los de Danone les vendrá de perlas que Dragó las anuncie de dos en dos y que se las coma a la vez. Así las ventas van a subir muchísimo.

4- Lo peor de todo es que no sé muy bien si Dragó les preguntó la edad a las muchachas y si además ellas entendían lo que él les decía. O si él las entendió luego a ellas. Pero bueno, es un detalle saber que alguien que vive (y escribe) de los impuestos de todos los madrileños, sabe idiomas. Será un auténtico degenerado, sí. Pero sabe idiomas. La Valenzuela no sabía ni eso. Y a ella, los ordenadores se le caían de la mesa.

Así pues, tenemos al ignorante en cosmética femenina que toma por prostitutas a todas las mujeres que llevan minifalda y tacones en China. O Japón. Y lo tenemos con ganas de darle a la sin hueso. Y no hablo de la lengua. Así que el ignorante este se encuentra con dos niñas, les pregunta la edad y el precio –no sé por qué orden- y se las lleva a su habitación del hotel. Dentro de esa habitación transcurren los motivos por los cuales hoy hay un nuevo Odio.

No puedo entender que una persona adulta encuentre morbosa a una niña de trece años. Ni tampoco a dos, claro. Que piense en tener relaciones sexuales con ella. Y menos todavía que pague por ello. Por ver su cara (actuada) de placer. Por hacerla sentir su esclava. A una niña que podría ser su hija. Incluso más joven. Es realmente abominable que ocurran actos así y que además el ser degenerado al que le gustan de verdad, lo cuente en un libro, lo pueda decir en un medio de comunicación, y quede impune. Y sea un personaje divertido. Ahora Dragó asegura que los hechos son “sólo literatura”. El simple hecho de pensar en algo así y querer publicarlo, ya me parece censurable.

Según la RAE, para no pillarnos los dedos, el pederasta es el hombre (que no mujer) que comete pederastia. Es decir, que abusa sexualmente de un ser humano en su etapa de la niñez. Trece años, no me negaréis que no es una edad muy adulta… Claro que en España, la edad de consentimiento sexual para la justicia es, precisamente, los 13 años. Pero cobrar por que te la meta Dragó no sé yo si forma parte del consentimiento… El caso, que al final tenemos a un escritor que es un confeso pederasta y a un organismo público que le da de comer sin hacer nada con su cabeza. Se mire como se mire, es terrible.

Visto lo visto, el día que se escribieron los Derechos Universales Humanos y los Derechos de los niños, Dragó estaría con sus jefes –y con la Espe- en la cama durmiendo. O sin dormir. De haber sido por ellos, el primer Derecho Universal sería a poder darles dinero a niñas en edad de escolarización obligatoria para poder “trajinárselas”. Francamente, me parece lo más repugnante que he escuchado nunca. Dragó debió ser expulsado de Telemadrid hace mucho, pero esto ya es el colmo. Y, si fuera por mí, no le iba a dar ni pensión, ni jubilación… ni siquiera agua.

La gente suele preguntarme lo difícil que es ser periodista. Y periodista de guerra. Hoy creo que lo difícil es ser médico y tener que salvarle la vida a mamarrachos como él, a auténticos depravados y degenerados que van por ahí teniendo relaciones sexuales con niñas a cambio de dinero. E imagino que tampoco una gran cantidad. Ay si en lugar de periodista, fuera yo médico… Que no se acercaran muchos a mi hospital cuando estuviera yo de guardia… Vosotros sí, vosotros acercaos. Y hacedlo el viernes (Crónica de GH 12) o el domingo, con un nuevo Odio normal. Como gustéis. Hasta entonces:

¡FELIZ DÍA DEL ODIO!

Roberto S. Caudet

jueves, 26 de agosto de 2010

Aplaudo el valor de Sarkozy


“El 48% de los franceses está de acuerdo con la repatriación de los gitanos a sus países de orígenes frente al 42% que se declara en contra. El 10% restante no quiere opinar al respecto”.

La noticia es portada hoy de el diario francés “Le parisien” y el español ABC se ha hecho eco también del sondeo. Y es que Francia ha expulsado en lo que lleva de año a casi 8.400 inmigrantes ilegales. En 2009 fueron un total de 9.875 y hoy han sido repatriados otros 300 gitanos. La mayoría de ellos son rumanos y búlgaros, y todos han recibido 300 euros para que se lleven a sus países de origen.

Cualquiera de vosotros habrá salido a la calle y habrá podido observar que España no es un país con una fuerte raza aria, precisamente. Más bien todo lo contrario. Desde hace un tiempo atrás, es muy fácil encontrarse en un transporte público con personas latinoamericanas, de países de Europa del Este o de africanos. Estas personas no son, aparentemente, españolas. Aunque algunas de ellas sí han conseguido la nacionalidad española y, por tanto, son ciudadanos con su derecho a voto, a educación, a sanidad pública y… ¿a impuestos?

El conflicto viene cuando estos extranjeros no son realmente iguales que los españoles nacidos en España. En nuestro país, la mayoría de ciudadanos que vienen de fuera tienen una serie de ventajas discriminatorias para con los que han estado aquí toda su vida: pueden permitirse abrir negocios sin pagar los mismos impuestos, tienen facilidades para el material escolar y el transporte público y reciben antes una serie de becas y ayudas que los españoles nacidos en España. ¿Por qué? La respuesta es sencilla: además de ser extranjeros, tienen una renta menor.

Los ciudadanos pobres españoles han dejado de serlo. Y no es que ganen ahora más, es que los hay que ganan menos. Y así las ayudas que recibían, ahora son nada. Aire. El consuelo de saber que los hay que viven peor. Me alegra profundamente saber que los impuestos que pago van a parar a los más necesitados, hayan nacido donde hayan nacido, pero siempre y cuando esas personas lo utilicen realmente para poder vivir y además se integren en el país en el que van a vivir, posiblemente, el resto de sus vidas.

Me pregunto qué cantidad de pateras habrá llegado a tierras españolas en lo que va de lustro y cuántos de los ocupantes hablarán ahora español. Porque todos hemos podido comprobar que lo único que saben decir los negros que venden falsificaciones es “peor sería que estuviera robando”. Tócate las narices, Luisiana Juana. Ya me imagino yo a un etarra diciendo en el juicio: “Peor sería que hubiera puesto tres bombas en lugar de una”. Creo que aquí empieza el verdadero problema con algunos inmigrantes. Los que no se integran.

Es divertido comprobar cómo en Londres se han intentado organizar manifestaciones en contra de los derechos homosexuales –y a favor de la pena de muerte- por parte de grupos islámicos. O cómo protestan porque no se les deje llevar un burka en edificios de la Administración pública. O que pidan días libres para poder hacer bien a gusto el ramadán. O comprobar en los periódicos que la mitad de los asesinatos que ocurren entre adolescentes son por bandas de Latin Kings. Eso sí es integración y lo demás tonterías.

Apoyo la inmigración y apoyo a todos los inmigrantes que luchan por vivir de manera legal. Que han salido de sus países para buscar una mejor vida y que lo hacen trabajando limpiamente, que intentan darle una buena educación a sus hijos. Pero no apoyo a todos aquellos que quieren quitar las cruces de los colegios pero si vas a su país, o te tapas la cabeza o te lapidan. No apoyo en absoluto a todos los que se discriminan solos, a todos los que abusan de la hospitalidad de los demás, a todos los que ocupan parques, calles, y lo hacen a la fuerza.

Hoy mi Odio no va, ni mucho menos, para Sarkozy ni sus medidas. Todo lo contrario, aplaudo el valor y el coraje para afrontar el problema que tiene su país. Y que también tenemos nosotros. En España hemos tenido una entrada masiva y descontrolada de inmigrantes que han entrado de forma ilegal y que ahora se turnan los carnets de la seguridad social para ir al médico, que roban cobre para malvenderlo, que violan a niñas porque en su país es tradición y que no tienen el gusto de querer aprender el español ni conocen a Curri Valenzuela.

Roberto S. Caudet

lunes, 16 de agosto de 2010

Por no tener un apellido que deletrear


“A la gente le importamos un pepino. Ni las ratas nos quieren consolar. Nadie llena nuestro estómago vacío, aunque siempre estamos roncas de llorar. Navidad no existe aquí. ¿Navidad? ¡Jamás la vi!”

El fragmento pertenece a la mítica “Esta vida es criminal”, del musical de Annie. La huerfanita pelirroja que tuvo una suerte que ya quisiera la rusa-disneysiana Anastacia para sí. La otra noche me pasé dos horas escuchando la canción en la que las niñitas destrozan la vajilla del orfanato, rompen las almohadas y terminan por montar el show final en sus camas. Pero, evidentemente, no voy a hablar de lo brillante que siempre me ha parecido la película Annie (hablo de la versión de 1982) ni del tema arriba citado.

La canción, aunque muy divertida y sarcástica, dejaba patente una realidad sobre la que pocos se atreven a hablar, y muchos menos son los que confesarían haber vivido. Y eso me ha hecho reflexionar. ¿Tan horrible es ser huérfano? ¿Tan maléfico es uno que no tiene padres? Es comprensible que si algo no se desea nunca es la falta de los padres, aunque no nos pongan tele en el cuarto, pero no entiendo ese afán por ocultarlo por parte de unos y esa utilización de la orfandad por parte de otros como algo negativo, malvado.

El huérfano es aquel que no tiene padres. O padre, o madre, o los dos. Y, según la RAE, el huérfano es aquel al que le falta “especialmente el padre”. No entraré en el conflicto machista que me plantea esta apostilla de los académicos, aunque me ha sorprendido absolutamente. En sí, pues, los huérfanos no tienen nada especial sino una desgracia venida encima. Además, sólo se consideran huérfanos a los menores de edad. Los hay que tienen suerte y viven con sus abuelos, con sus tíos… Pero los hay que no han tenido ni eso. Los hay que no conocen nada de sus orígenes, de sus raíces.

Los primeros, los que conservan miembros de su familia, todavía tienen sus posibilidades. Éstos solo conviven con la desgracia de toparse con algún imbécil que les recuerde la ausencia de sus padres o de tener un encuentro con Curri Valenzuela y que ésta les recrimine que no tienen padre porque su madre era muy socialista o los utilice como pisapapeles por ser hijos bastardos. Pero siempre tendrán alguien ahí que les recuerde que esa señora no es ni periodista.

¿Qué hay de los huérfanos que viven en pequeños orfanatos mucho más duros que el de Annie? Ellos, cuando les llegue la hora de salir del lugar, tendrán que enfrentarse absolutamente solos a un mundo cruel que les haga comentarios incómodos, incluso hirientes, o que se jacte de ellos. Porque todavía ocurre. Y cuando lleguen a sus casas sólo encuentren aire para abrazarse como un hombro en el que llorar. Tan duro como suena.

Hoy, en este artículo breve, me gustaría odiar a todos los padres y a todas las madres que se deshacen de sus hijos en conventos, en contenedores. A todos los seres que han abandonado a sus hijos pero luego han formado familias numerosas. A todos los que salen en El Diario de Patricia lamentándose de haber perdido a sus hijos por un gramo más de coca. A todos los padres y madres maltratadores. A los que asesinan a sus hijos y luego se suicidan. A todas las marujas que siguen hablando de “hijos ilegítimos” como un cáncer que haya que callar. A las guarras televisivas que buscan un padre famoso para que les dé un sueldo de por vida pero luego y vía sentencia judicial, repudian el apellido paterno.

Odio también a todos los que se atreven a ponerse en contra de la adopción de mujeres y hombres solteros. De parejas homosexuales. De cualquier núcleo que no sea “la típica familia”. A Frollo, por tratar tan sumamente mal a Quasimodo. Hoy Odio a todas esas circunstancias que apartan a los hijos de sus madres. De las madres de verdad. Biológicas o no, pero que se preocupan del cuidado de las criaturas.

Porque madre no hay más que una y todos –hasta Curri- nos merecemos tenerla al lado durante todo nuestro camino.

Y que no se olviden los de siempre que el primer hijo bastardo fue el propio Jesucristo. ¡Que me nieguen a mí que la Virgen cometió adulterio! ¡Y con el Santísimo! Por todos ellos. Por Annie. Por Anastacia. Por Quasimodo. Por los que no salen en la tele. Por todos los que tienen que enfrentarse a prejuicios y malas miradas por el mero hecho de no tener un apellido que deletrear.

Que canten los niños, que alcen la voz.
Que canten aquellos que no cantarán porque han apagado su voz.

Roberto S. Caudet