Que España no quiere ganar Eurovisión es un hecho desde
2004. Que España no quiere ganar Eurovisión es un hecho comprobado desde 2009.
Que España sabe disimular sus ganas de no ganar también quedó patente el año
pasado. Pastora Soler y su “Quédate conmigo” fueron la representación más
digna, decente y de la que nos podemos sentir verdaderamente orgullosos en
muchos años. Una cantante con un chorro de voz y unas tablas inmensas bordó un
baladón elegante y sofisticado y deslumbró con un par de agudos que pocos
cantantes sabrían mantener. TVE disimuló como pudo su desgana ante Eurovisión y
nos la coló. El resultado fue un magnífico décimo puesto para Pastora y una
media alegría para todos los eurofans españoles que, francamente, la ubicábamos
algo más arriba.
Este año TVE nos presentó, también escogidos a dedo, a El
Sueño de Morfeo como representante para Eurovisión 2013. Desde un principio
dejé patente mi rechazo a este grupo que me inspiran más repulsión que
admiración. No tienen verdaderos temazos, la voz de Raquel del Rosario (la
vocalista) es poco más que aceptable y tampoco los veo como para romper en tres
minutos de directo, que es lo que te deja Eurovisión para brillar. A ti y a
otros 25 países más. O se pone toda la carne en el asador (y a veces, ni con
esas) o se hace el más grande de los ridículos.
Esta mañana nos han presentado los cuatro temas finalistas
para representarnos en Mälmo (Suecia). A saber, hay una balada que intenta ser
pop; dos medios tiempos que no sirven ni como descarte de un disco a dúo entre
Conchita y Álex Ubago y un supuesto rock (…já) que jamás habrían sacado como
single pero que ahora está metido con calzador y puede que sea nuestro himno en
Eurovisión 2013. TVE ya ha dado dos canciones como “valores seguros” y los
internautas podrán elegir un tercer tema para competir en una Gala especial que
se emitirá en prime time –esperemos- el 26 de febrero, martes. Lo cual, de
entrada, es de agradecer. TVE prefiere hacer la Gala un día serio y sin mucha competencia en
otras cadenas (al menos, de momento).
“Contigo hasta el final” ya es una de las dos finalísimas.
Aburrida, nada machacona y con una letra tan densa como escueta. No es
pegadiza. No es atrayente. No te apetece volverla a escuchar. Tiene algún
simulacro de subidón que no termina de despegar…
“Dame tu voz” es la otra finalísima nos guste o no. Letra
difícil de aprender, demasiado coro agudo y unos graves en las estrofas entre
los que Raquel se pierde por debajo de la música. Sin más.
“Atrévete” todavía necesita el apoyo del público. El
comienzo del tema promete demasiado para lo que luego se escucha. Seis versos
contados y un estribillo infinito que se repite sin cesar. Letra vacía. Pero
aún la considero mínimamente aceptable. Es la menos deficiente de todas, sin
duda. La única que puedo escuchar dos veces seguidas sin pensar en pedirle a
Depardieu que me dé también la nacionalidad rusa, la belga o la que sea.
“Revolución” también requiere de votos para pasar a la Final del 26. La canción nos
la han vendido como un himno a la juventud y un rock pegadizo. Después de
escucharla, quiero pensar que alguien más, además de mí, sabe lo que es el
rock, lo que es pegadizo y lo que es un himno. Me cansa. Me parece tan blanca
como insulsa. Y no dice nada mínimamente comprometido para un título tan
directo.
Francamente, creo que nadie ha tenido en cuenta mínimamente
unos criterios básicos de lo que es Eurovisión, lo que puede gustar, lo que ha
de romper y las posibilidades de un escenario que te da tres minutos contados y
de un grupo que conquista con el paso del tiempo, no con la primera impresión.
Me esperaba alguna canción que llegase a la altura de “Nunca volverá”. Pero no.
Nos ofrecen cuatro cafés descafeinados, con sacarina caducada y leche agria.
Disfrutaré apoyando a otro país. A alguno que se lo merezca.
FELIZ DÍA DEL ODIO A TODOS.




