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domingo, 22 de abril de 2012

Y todos callan (2 de 2)


¿Qué está sucediendo en Catar? ¿Por qué un país se ha vuelto de repente tan rico y ha convertido en millonarios a muchos de sus ciudadanos? ¿Por qué su población no aumenta considerablemente? Señores, no seamos ciegos. Los que trabajan levantando edificios estrafalarios y presuntuosos no son catarís. Hay que guardar las formas y las apariencias. Y que los explotados y los que trabajen duramente sean otros. Vengan, trabajen y se marchen. Además, sus líderes islamistas (podríamos afirmar que radicales) hablan sin tapujos sobre la “perversión” y “la enfermedad” de la homosexualidad o el menos trato y desprecio hacia la mujer. Pero, una vez más, las compañías también callan. Entre ellas, el Fútbol Club Barcelona, que promociona esta Qatar Foundation en sus camisetas en cada partido.

Otro ejemplo curioso lo encontramos en China. Nadie puede dudar a estas alturas que China es la gran potencia de este nuevo siglo. Produce millones de productos contra los que nadie puede competir, bien por su precio o bien por su facilidad de innovación y evolución. El siglo XXI les ha ayudado a incrementar su PIB hasta el segundo puesto a nivel mundial. China todo lo fabrica. China todo lo construye. ¿Pero a qué precio? El económico es ofensivamente barato, ya lo hemos mencionado. El ecológico está todavía por discutir, aunque esta república ya lanza más residuos a la atmósfera que casi toda Europa Occidental. El sociológico es igualmente lamentable: China ocupa el puesto 101º en el nivel de IDH tan comentado aquí. Porque el único que se hace más rico vuelve a ser –qué sorpresa- el Gobierno. Y entonces pasamos al nivel político de China como potencia mundial. Con un superávit en sus arcas, China ha comprado deuda de todo el globo. Deuda pública. ¿A cambio de qué?

Algunos pensarán que todavía no se han puesto condiciones. Otros pensarán que sí: el silencio. Un país con más de 1.300 millones de habitantes que permanece callado, mediante la censura de algunas páginas de internet y canales de televisión. Pero el resto del mundo también está obligado a callar. Y más ahora, que los han comprado. Europa es el viejo continente. Tan viejo que está sordo y mudo. Una circunstancia que parece compartir con otros países igualmente desarrollados. Pero lo están porque les interesa. Para que haya un país rico ha de haber uno pobre. Para que uno sea la fábrica, otro ha de ser el contenedor de los residuos. Para poder vivir “a todo tren” hace falta arena donde poner los raíles. Los países “avanzados” no callan porque no oigan. Callan porque prefieren no hablar.

No les conviene un mal llamado “Tercer Mundo” que escale hasta ser el primero. No les conviene tener que conceder derechos a los que nunca los han tenido. A los que primero no fueron nada, luego fueron colonias, y ahora no se sabe muy bien qué clase de independencia tienen. No les conviene que estos países decidan desarrollarse, evolucionar; lanzar más residuos a la atmósfera, al mar. No les conviene más bocas que alimentar. Más cabezas pensantes que puedan recriminarles. Que puedan enfrentárseles. Que sepan ganarles. Así que callan y miran hacia otro lado, y también de reojo. Aprovechan que estas masas en vías de desarrollo permanecen todavía dormidas. Pero que se preparen para cuando despierten. Porque lo harán. Están obligados a ello.

¿Por qué un país rico en recursos naturales se mantiene en los últimos lugares del IDH? Porque, desde sus inicios, ha vivido sometido a los demás. Perdió la primera batalla de la colonización y todavía permanece dañado. Sin verdaderos recursos para explotarlos ni infraestructuras para poder trabajarlos de manera nacional, sin necesidad de propiedad privada extranjera, no sirve de nada. La corrupción y la falta de un Gobierno firme y que abarque todo el país hace imposible que a los ciudadanos les llegue ningún beneficio. De eso se encargan hasta el resto de países. ¿Qué factores, pues, son más importantes para favorecer el progreso sostenido de un país? En estos momentos es difícil responderlo, a causa de la crisis que afecta a los países ya desarrollados y que tampoco beneficia excesivamente a los que están desarrollándose ahora. Es un pescado que se muerde la cola. Si se progresa demasiado rápido, la caída es importante

Si se progresa demasiado lento, el resto puede pararte. Tener infraestructuras y ciudadanos capacitados y formados ayuda completamente. Ser una democracia, también. Tener recursos energéticos para autoabastecerse y poder vender es, hoy en día, la mejor arma. Y mostrarse competentes. Y saber adaptarse y evolucionar. Pero, ¿qué modelo actual nos lo puede mostrar? Ni el comunismo disfrazado de China ni el capitalismo resquebrajado de Europa. Ni las dictaduras africanas ni ningunas otras. El problema es la falta de unión, evolución y generosidad a nivel global. Uno no depende de sí mismo, sino también de sus circunstancias. Que lo arrastran, lo elevan y también lo hacen caer. ¿Y quién te defiende? ¿Quién te asegura? Nadie. Y todos callan. ¿Por qué nosotros vamos a seguir callados también? Cuando vengan a por nosotros, que vendrán, ya será demasiado tarde. Y entonces sí que no tendremos voz. Ni voto.

Espero que os haya gustado este primero (y no será el último) ensayo político-económico en dos partes. Nos vemos el martes –como muy tarde- con la Crónica de Gran Hermano 12+1. Hasta entonces…

¡FELIZ DÍA DEL ODIO -2- A TODOS!

(Leer aquí la primera parte)

Roberto S. Caudet

sábado, 21 de abril de 2012

Y todos callan (1 de 2)


La presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, ha expropiado ya la petrolífera YPF, filial de la española Repsol. Kirchner achaca la operación a la falta de inversiones del grupo español, del que dice que ha obligado a Argentina a importar productos petrolíferos a pesar de disponer de grandes reservas. Desde España, el Gobierno asegura que “allí donde haya una empresa española estará el Gobierno defendiendo como propios sus intereses”. La Comisión Europea también parece respaldar a España en este conflicto, espetándole a la presidenta argentina que “respete” sus compromisos con las inversiones extranjeras. De hecho, los Eurodiputados ya han decidido no asignar más ayudas a Argentina de aquí en adelante (y hasta que se les pase el mosqueo, imaginamos).

La noticia de la expropiación de YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales) no sorprende a muchos economistas, ya que en noviembre de 2011, Repsol anunció “el mayor descubrimiento de petróleo” de su historia en la zona argentina de Vaca Muerta. Desde entonces, las tensiones entre las petrolíferas extranjeras y el gobierno argentino han aumentado completamente, hasta llegar a este último punto. Y es que el petróleo se ha convertido en el auténtico símbolo de poder. La paradoja de este poder es, precisamente, que los países más desarrollados son los que más demandan de esta materia… A los países menos desarrollados, que son los que más cantidad de ésta poseen. Gracias a las diferentes exportaciones y a acuerdos especiales, los países menos desarrollados han conseguido grandes cantidades de dinero y que su PIB aumente considerablemente año tras año.

Sin embargo, los beneficios que los gobiernos extraen del petróleo no parece que vayan a parar a una mejora de sus Estados ni de la vida de sus ciudadanos. Un claro ejemplo lo encontramos en Brasil, que hace escasos meses encontró también grandes yacimientos del llamado “oro negro”. Brasil es uno de los países más empobrecidos de América. El vivo ejemplo de que tener recursos naturales no implica estar en los primeros puestos de renta per cápita ni educación o seguridad. De hecho, se sitúa en el puesto 84º del IDH (el Índice de Desarrollo Humano, un indicador social compuesto por la vida larga y saludable, la educación y el nivel de vida digno de un país). Mientras que en los barrios ricos brasileños la gente es poderosamente adinerada, los barrios de las favelas siguen dando noticias a diario por el tráfico de drogas y los asesinatos con armas de fuego. Idéntica situación sucede en Colombia, especialmente en la ciudad de Medellín. Las calles en las que se ubican las boutiques de Prada, Carolina Herrera y Chanel ocultan a los turistas más pudientes los barrios en los que el narcotráfico y las organizaciones paramilitares son tan frecuentes como darle a un vecino los buenos días.

Presidentes y ministros latinoamericanos se reunieron por última vez en 2011 en la XXI Cumbre Iberoamericana para tratar de hacer frente a la crisis que azota a nivel mundial y, además, incrementar sus medidas para alcanzar el Estado de Bienestar del que tanto se habla en Europa y, por supuesto, en Estados Unidos. El principal problema de esta cumbre fue la falta de consenso general para tomar ninguna medida en particular. Todo fueron buenas intenciones pero ninguna concreta sobre la mesa. Demasiados países que poco tienen en común, poco más que la lengua. Especialmente curioso resulta que uno de los principales puntos a los que sí llega la Cumbre es a “reconocer la nueva orientación del Programa Iberbibliotecas, que (…) permitirá apoyar (…) la construcción de políticas para el mejoramiento y la ampliación de bibliotecas públicas y populares”. Y también se firmaba para “instruir” con el fin de “apoyar a la Conferencia de Autoridades Cinematográficas de Iberoamérica” y ampliar así “el Fondo de ayudas a Ibermedia”.

Es evidente que han tomado el ejemplo de los países con economías más boyantes para cerciorar que, si el cine ayudó a los países más productores a volverse hegemónicos, por qué no a ellos. La apuesta por la cultura es firme. La base de una población competente y desarrollada es la educación y la formación de sus ciudadanos. Por ello, también la Cumbre Iberoamericana se centraba en “potenciar” la formación de los trabajadores de los Estados. Idéntica solución propone la fundación MUSOL (Municipalistas por la Solidaridad y el Fortalecimiento Institucional). En sus últimos informes sobre Mozambique y Somalia destaca principalmente la falta de un Estado fuerte que tome las riendas que les corresponden como tal.

MUSOL destaca que tanto Mozambique como Somalia son dos países con un gran potencial en recursos naturales, y que esto les ha hecho crecer su PIB (Producto Interior Bruto) casi un 6% anual desde los últimos ocho años. Sin embargo, la falta de un Gobierno que llegue a todo su territorio imposibilita acciones tan básicas como la construcción de un alcantarillado para las regiones rurales; o la recaudación de impuestos (fijados por ley), por la escasez de funcionarios. “No le des un pescado, enséñale a pescar”, dice un proverbio chino. Y con ellos nos entretendremos más tarde… Pero el proverbio es perfecto para volver a la base del problema en muchas sociedades en vías de desarrollo.

La ayuda externa que reciben, generalmente de fundaciones y ONG, se centra en problemas sanitarios y en una educación muy simple, enfocada a la lectura y al habla en niños y preadolescentes. Pero estas ayudas no suelen avanzar mucho más. Y los propios gobiernos no son capaces de desarrollar tampoco ningún otro plan. Esta falta de firmeza del propio Estado deriva en la mayoría de ocasiones en un aumento de la criminalidad o la clandestinidad. Las grandes compañías y empresas son reacias a invertir en estos territorios. Y, cuando lo hacen, abusan de una mano de obra poco cualificada y muy barata. Las pocas empresas que montan fábricas lo hacen a sabiendas de que en países más desarrollados no podrían (no les dejarían) tener ese tipo de personal y de condiciones. Pero callan. Y, mientras, los gobiernos –más bien los presidentes- se enriquecen, y la sociedad desarrollada calla también. ¿A dónde va a parar el dinero que dejan las grandes compañías en países de África o de Asia? Sin duda alguna, no va a los ciudadanos. Ni a las infraestructuras ni a la sanidad –si la tienen- ni a educación. Ni siquiera al ejército.

Pero lo que no veremos son presidentes pobres. No los veremos sucios o labrando. Ni montados en un carro tirado por animales de carga. Podremos contemplarlos mientras cazan, van de visitas en lujosos aviones y reciben a otros líderes políticos en palacios desmesurados. Buena prueba de ello son los jeques árabes. Y como para muestra un botón, el programa televisivo de La Sexta, Salvados¸ ofreció un reportaje, hace un par de meses, sobre Catar y la Qatar Foundation. En él se denunciaba que, a pesar de ser uno de los países más ricos del mundo (también gracias al petróleo y a las reservas de gas) es un país que esconde más que muestra. En efecto, Catar está en el puesto 37º del IDH (el Índice de Desarrollo Humano) y aumenta cada año su proporción. Pero gracias a que el Gobierno restringe la posibilidad de acceder a su nacionalidad incluso a los nacidos en el propio Catar. En este país se dice que los habitantes son millonarios. Plenamente ricos.

¿Pero por qué? ¿Qué le ocurre a Qatar? ¿Qué ocurre con el resto? ¿Qué reacciones toman ante esto los gobiernos? Mañana mismo lo sabréis porque, como habréis podido deducir del mismo título, este artículo está diseñado para dos tomas. Nos vemos mañana. De momento, reflexionad sobre lo que os cuento. Y, como siempre,

¡FELIZ DÍA DEL ODIO -1- A TODOS!

Roberto S. Caudet

domingo, 6 de diciembre de 2009

¿Pobres en España? Haberlos, haylos



Hoy vengo fuerte. Y el que avisa, no es traidor. Anotado queda. Fuera ironías, hoy, hablemos claro.
Después de algunos días de descanso y paz mental, lo cierto es que la Musa correspondiente a la Inspiración se me había ido de la mano de la Gripe A. Tanto Tamiflu ha tenido que afectar a mis neuronas creativas, por lo visto. Pero no os preocupéis. Cuando uno ve el informativo de Canal 9, las ganas de odiar y el odio en sí aparecen casi de manera instantánea. Y ríete tú del Nespresso. What else?

Hoy es el día de la Constitución. Supongo que los pocos que comentáis y los muchos que me leéis estaréis esperando que yo haga un odio penal. Pero no va a ser así. Aunque me parece que nuestra versión setentera de La Pepa necesita una reforma, no creo que los artículos que censara, mutara o añadiese fueran muchos. Lo que yo reformaría es el Código Penal. Y el Civil. Pero eso, otro día. Hoy es el puente de diciembre, momento en el cual muchas familias –sobre todo las creyentes y las que tienen hijos- deciden adornar sus casas con los adornos de Navidad. Que no falte un árbol bien grande y un Belén bien creativo. Y aquí empieza la tela marinera, con el Alacama y todo.

Dentro de unos días todos sentiremos que Ya es Navidad. Aquí, en nuestras humildes casas, y en El Corte Inglés. La gente saca sus abrigos, sus bufandas, sus espumillones, sus dineros ahorrados para Nochevieja… y su vena solidaria. En Navidad uno no puede ser tacaño, ni cruel, ni insolidario. Creo que ni siquiera se puede abortar. Uno en Navidades tiene que ser buena persona. Gentil. Honrado. Y donante. Sí, donante. Pero no de sangre. De bienes materiales. Cuantos más, mejor.

Es en esta época del año cuando aparecen todas las ONG que habíamos olvidado para recordarnos lo bien que vivimos nosotros y lo mal que viven los demás. Para no hacernos olvidar de que en el mundo –que diría la Chacón- mueren cientos de miles de millones de billones de niños por hambre. Que hay otros tantos trillones de quilillones de huérfanos. Y, casualmente, todos nos necesitan a nosotros.

No quiero sonar cruel pero, ¿qué se supone que hacen los Gobiernos de esos países? ¿Por qué los Presidentes y Jefes de Estado de todos esos territorios tan míseros tienen tanto dinero y no empiezan ellos a repartir sus fortunas? ¿Se nos olvida que todos esos Jeques tienen pasta para forrar de billetes la Luna? Me hace gracia –sí, gracia- que tengamos que ser los españoles (el país más rico donde lo haya) los que tengamos que dar siempre nuestro granito de arena al Tercer Mundo. ¿Es que sólo viven pobres fuera de nuestras fronteras? No seamos hipócritas.

Lo siento por todas esas personas. Ya sé que no me cuesta nada dar el típico paquete de arroz. La típica tableta de turrón. Pero no me nace. Y realmente a la gente tampoco le nace. ¿Se donaría tanta comida y tanto dinero de no ser por que el típico programa de turno hace una Gala para recaudarlo? Yo os digo la verdad: NO. Y os doy pruebas, de mi cosecha, pero pruebas a reflexionar:

¿Alguien ha visto Callejeros alguna vez? ¿Cuántos barrios pobres hay en España? ¿Cuántas personas mendigan en nuestras calles? Muchos. Miles. ¿Y qué hacen los donantes de arroz cuando los ven? Les dicen a sus niños que se aparten por si tienen piojos. Comentan que dan mala imagen a las calles céntricas. Piensan que son ciudadanos de quinta. Sin embargo, si toda esa gente fuera de Mozambique, sería lo más precioso del mundo y se hartarían a llorar. Qué espectáculo tan lamentable.

Hoy, el día de la Constitución, me ha entrado una vena nacionalista. Algún día tendría que salirme. Hoy, por todos los pobres de España, los grandes olvidados. Porque en nuestro país también hay pobres. Pero, para mucha gente, esas personas tienen más oportunidades, y así no se les da una limosna ni se les mira de manera especial. Cómo nos quitamos el peso de encima... Pues hoy va por ellos, insisto. Por todos los que acaban saliendo en las noticias porque cuatro niñatos les han pegado una paliza. Por todos los que mueren de frío en nuestras aceras y bancos. Por todos los que, realmente, piden por necesidad y para vivir, no beber ni drogarse. Por los marginados de nuestro país.



Porque para limpiar las casas de los demás, hay que tener primero limpia la de uno mismo.
Porque para ser mejor persona no hay que comprar una caja más de cereales al año, sino mirar con los mismos ojos a los que están a nuestro alrededor.
Porque no solo de puertas para fuera la gente vive mal.

Hoy por todos vosotros:
A los solidarios con los de fuera porque llaman más la atención.
A los que piensa que son mejores personas por cumplir un día al año con Juan y Medio y dar 50€ a cambio de una gargantilla.
A los inhumanos que tienen un trato vejatorio con los pobres y huérfanos en nuestro país pero deciden hacer misiones humanitarias en África.
A todos los que creen que por vivir en España se tiene una vida resuelta y las mismas oportunidades que la hija de Aznar.

Os odio. A todos.



Ahora os toca a vosotros. Criticad la entrada si sois valientes.

Roberto S. Caudet