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martes, 26 de enero de 2010

Haití, un desastre grave pero no mucho


Me ratifico en mi insolidaridad. He llegado a la concusión de que debo ser la única persona sin sentimientos en el mundo. O quizá el único patriótico cuando realmente toca y no cuando ganamos la Eurocopa. Por cierto, rima. Me disgusta enormemente ver todos los días en los tedés (telediarios), en los programas de deportes, en los de corazón, en Callejeros y hasta en Gran Hermano la típica imagen de cuatro negros con cara de pena y una cuenta bancaria para ayudar a Haití. Hoy toca Odio Antisistema.


Primero, voy a analizar la situación: el pasado 12 de enero, un terremoto de magnitud 7.3 en la escala de Richter sacudió la isla caribeña de Haití. Poco después del primer seísmo, tuvieron lugar otras tres réplicas, de escala menor, aunque todas superaban la magnitud 5. Hasta hoy mismo, y según varios diarios españoles consultados, la cifra de muertos supera los 150.000, encontrados, y otros 10.000 desaparecidos aún. Además, se calcula que hay otros 250.000 heridos. Un desastre grave, pero tampoco mucho. Y que sólo ha afectado a los barrios humildes.

Si miramos con frialdad, la cifra total de víctimas, mortales o no, no supera las 450.000 personas. Eso implica una décima parte de la población total de la ciudad de Madrid. Con todos mis respetos, la gravedad es muy relativa en cuanto a este asunto. Cierto es que han fallecido todas de golpe, y no es comparable a las víctimas del tabaquismo, a los muertos en carretera o por cáncer. Pero las tres superan esta cifra con creces. Y, todos sabemos, en la mayoría de países de África, al día hay, exactamente, los mismos muertos, ya sea por SIDA, por inanición o por enfermedades varias. Mirándolo así, el terremoto me parece bastante simplón.


¿Y si calculamos la cantidad de inundaciones en países asiáticos? ¿Las muertes por Gripe Aviar? Nunca he visto anuncios en los que digan que donemos un euro a los servicios de investigación médica contra el cáncer. De hecho, la AECC (Asociación Española Contra el Cáncer) va por las calles recaudando dinero de la gente que se ofrezca a dar algo de lo que tiene encima. Un día al año. Uno. El bombardeo de donaciones que se nos solicita en la televisión es durante las 24h del día. Si no en un canal, en otro. Me parece muy lícito, pero me parece también abusivo.

Haití es, actualmente, y también antes del terremoto, el país más pobre de América. Su Producto Interior Bruto no supera los siete mil millones de dólares y tres cuartos de la población se dedican al sector primario. Hasta el 80% de los haitianos están sumidos en la pobreza. La mitad de las muertes en este país se producen por el VIH y los casos de tuberculosis multiplican por diez el promedio de América Latina. El 90% de la población infantil padece problemas alimenticios y enfermedades relacionadas con el hambre y la escasez de agua. Pese a ello, el 65% de Haití está alfabetizada, aunque sólo el 20% llega a los estudios secundarios. Hay trece universidades en la isla. Hace dos años, ya recibieron el impacto de fuertes lluvias que inundaron una quinta parte del país. Nadie les dio dinero entonces.


Con todos los datos sobre la mesa, ¿creéis que pienso que Haití no necesita ayuda? Claro que la necesita. Pero la requiere desde hace décadas. En este momento ya queda poco por hacer. Y lo de menos es enviar paquetes de lentejas y garbanzos o construir escuelas, como quiere Ana Rosa Quintana desde su programa. Es muy bonito –y progresista más todavía- ponerse ahora a realizar obras de caridad para los niños haitianos y para la población en general, pero, ¿quién se preocupaba por ellos hace escasamente un mes cuando se morían de hambre y no llegaban a los 40 años de vida? En ese momento todos pensábamos en los pobres niños de África, que como son más, dan más pena.

Demostrado queda que no sólo en el continente pobre la gente está en inferiores condiciones. Pero intentar hacer ahora un país nuevo de la nada es realmente imposible. Ni siquiera con los casi diez mil soldados que el Nobel de la Paz ha enviado a la isla. Esos soldados que han expulsado a los periodistas del puerto de la capital isleña para que no pudieran reproducir al mundo lo que verdaderamente ocurría. Invasión militar, lo llamo yo. Y muy poco democrática, señor Obama.

Seguid enviando todos dinero a Haití, me parece perfecto. Pero luego quejaos durante días cuando a la cajera del súper se le olvidan diez céntimos del cambio. Cuando suben los impuestos un 0.3% para ayudar a nuestro propio país. La crisis no afecta a la solidaridad, por lo visto. Pues yo propongo que todos los españoles donemos también un solo euro (conseguiríamos casi 50 millones) para la economía del país. ¿A qué no triunfaría tanto? Pues nada, me voy a poner a rezar a Zeus, a ver si envía un rayo.


Mientras, os ruego que grabéis los telediarios. Que guardéis las imágenes de los periódicos y revistas sobre lo sucedido. Y dentro de cinco, o de diez años, volved a buscar información sobre Haití. Si encontráis un país reconstruido y a gente viviendo bien, yo me habré equivocado. Si no aparece ningún tipo de nueva información, yo habré acertado, para mal de los caribeños. Todos sabemos que ocurrirá lo segundo. Dentro de diez días, igual que de la Gripe A, nadie se acordará ya de cuántas personas fallecieron en aquel terre… ¿no fue un huracán?

Feliz Día del Odio Insolidario.

Roberto S Caudet

domingo, 6 de diciembre de 2009

¿Pobres en España? Haberlos, haylos



Hoy vengo fuerte. Y el que avisa, no es traidor. Anotado queda. Fuera ironías, hoy, hablemos claro.
Después de algunos días de descanso y paz mental, lo cierto es que la Musa correspondiente a la Inspiración se me había ido de la mano de la Gripe A. Tanto Tamiflu ha tenido que afectar a mis neuronas creativas, por lo visto. Pero no os preocupéis. Cuando uno ve el informativo de Canal 9, las ganas de odiar y el odio en sí aparecen casi de manera instantánea. Y ríete tú del Nespresso. What else?

Hoy es el día de la Constitución. Supongo que los pocos que comentáis y los muchos que me leéis estaréis esperando que yo haga un odio penal. Pero no va a ser así. Aunque me parece que nuestra versión setentera de La Pepa necesita una reforma, no creo que los artículos que censara, mutara o añadiese fueran muchos. Lo que yo reformaría es el Código Penal. Y el Civil. Pero eso, otro día. Hoy es el puente de diciembre, momento en el cual muchas familias –sobre todo las creyentes y las que tienen hijos- deciden adornar sus casas con los adornos de Navidad. Que no falte un árbol bien grande y un Belén bien creativo. Y aquí empieza la tela marinera, con el Alacama y todo.

Dentro de unos días todos sentiremos que Ya es Navidad. Aquí, en nuestras humildes casas, y en El Corte Inglés. La gente saca sus abrigos, sus bufandas, sus espumillones, sus dineros ahorrados para Nochevieja… y su vena solidaria. En Navidad uno no puede ser tacaño, ni cruel, ni insolidario. Creo que ni siquiera se puede abortar. Uno en Navidades tiene que ser buena persona. Gentil. Honrado. Y donante. Sí, donante. Pero no de sangre. De bienes materiales. Cuantos más, mejor.

Es en esta época del año cuando aparecen todas las ONG que habíamos olvidado para recordarnos lo bien que vivimos nosotros y lo mal que viven los demás. Para no hacernos olvidar de que en el mundo –que diría la Chacón- mueren cientos de miles de millones de billones de niños por hambre. Que hay otros tantos trillones de quilillones de huérfanos. Y, casualmente, todos nos necesitan a nosotros.

No quiero sonar cruel pero, ¿qué se supone que hacen los Gobiernos de esos países? ¿Por qué los Presidentes y Jefes de Estado de todos esos territorios tan míseros tienen tanto dinero y no empiezan ellos a repartir sus fortunas? ¿Se nos olvida que todos esos Jeques tienen pasta para forrar de billetes la Luna? Me hace gracia –sí, gracia- que tengamos que ser los españoles (el país más rico donde lo haya) los que tengamos que dar siempre nuestro granito de arena al Tercer Mundo. ¿Es que sólo viven pobres fuera de nuestras fronteras? No seamos hipócritas.

Lo siento por todas esas personas. Ya sé que no me cuesta nada dar el típico paquete de arroz. La típica tableta de turrón. Pero no me nace. Y realmente a la gente tampoco le nace. ¿Se donaría tanta comida y tanto dinero de no ser por que el típico programa de turno hace una Gala para recaudarlo? Yo os digo la verdad: NO. Y os doy pruebas, de mi cosecha, pero pruebas a reflexionar:

¿Alguien ha visto Callejeros alguna vez? ¿Cuántos barrios pobres hay en España? ¿Cuántas personas mendigan en nuestras calles? Muchos. Miles. ¿Y qué hacen los donantes de arroz cuando los ven? Les dicen a sus niños que se aparten por si tienen piojos. Comentan que dan mala imagen a las calles céntricas. Piensan que son ciudadanos de quinta. Sin embargo, si toda esa gente fuera de Mozambique, sería lo más precioso del mundo y se hartarían a llorar. Qué espectáculo tan lamentable.

Hoy, el día de la Constitución, me ha entrado una vena nacionalista. Algún día tendría que salirme. Hoy, por todos los pobres de España, los grandes olvidados. Porque en nuestro país también hay pobres. Pero, para mucha gente, esas personas tienen más oportunidades, y así no se les da una limosna ni se les mira de manera especial. Cómo nos quitamos el peso de encima... Pues hoy va por ellos, insisto. Por todos los que acaban saliendo en las noticias porque cuatro niñatos les han pegado una paliza. Por todos los que mueren de frío en nuestras aceras y bancos. Por todos los que, realmente, piden por necesidad y para vivir, no beber ni drogarse. Por los marginados de nuestro país.



Porque para limpiar las casas de los demás, hay que tener primero limpia la de uno mismo.
Porque para ser mejor persona no hay que comprar una caja más de cereales al año, sino mirar con los mismos ojos a los que están a nuestro alrededor.
Porque no solo de puertas para fuera la gente vive mal.

Hoy por todos vosotros:
A los solidarios con los de fuera porque llaman más la atención.
A los que piensa que son mejores personas por cumplir un día al año con Juan y Medio y dar 50€ a cambio de una gargantilla.
A los inhumanos que tienen un trato vejatorio con los pobres y huérfanos en nuestro país pero deciden hacer misiones humanitarias en África.
A todos los que creen que por vivir en España se tiene una vida resuelta y las mismas oportunidades que la hija de Aznar.

Os odio. A todos.



Ahora os toca a vosotros. Criticad la entrada si sois valientes.

Roberto S. Caudet