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domingo, 11 de septiembre de 2011

La Cara B


 Todavía visiblemente emocionado, me despierto a las nueve y media de la mañana para volver a ver aquellas imágenes en mi cabeza. No me hacen falta especiales en televisión. Ni tampoco reportajes gráficos en el periódico del domingo. Mi cabeza me las muestra, de manera fugaz pero penetrante, cada once de septiembre cuando me despierto. Hace justo un año escribí el que para mí ha sido el texto más humano, directo, sencillo y personal en todo el blog: “El primer día del resto de su vida”. En aquel artículo os conté uno de los días más impactantes de mi vida. Os conté la historia oficial sobre el atentado contra las Torres Gemelas. La historia que vieron mis ojos. La que escucharon mis orejas. Y recibí visitas. Miles. Y recibí mensajes. Varias docenas. Hoy toca quitarse ese sentimentalismo –al menos durante treinta y cuatro minutos- y contar la Cara B.



El video que os he publicado es la segunda de las tres partes en las que se divide el documental titulado “Zeitgeist”, que tanto éxito tiene a nivel mundial (124 millones de visitas sólo con el video principal subido en Google). En esta segunda parte titulada “Todo el mundo es un escenario”, de treinta y cuatro minutos, se nos intenta explicar, de manera detallada, rigurosa y veraz lo que ocurrió realmente aquel once de septiembre de 2001. Aquella tarde que, tras un doble atentado terrorista, cambió al mundo. En este documental, sin embargo, los terroristas son otros. Somos otros, me atrevería a decir. Porque yo formo parte de esa gran masa atontada, ciega, sorda y hasta muda –que diría Shakira- que sigue versionando lo que Bush nos hizo creer a todos. Estúpidos. Somos una panda de alelados que nos hemos dejado llevar por el sistema capitalista yanqui y nos hemos olvidado de la verdad. Esperad un momento. Estoy conteniéndome la risa.

El documental “Zeitgeist” (en castellano sería algo así como “El espíritu del tiempo”) es realmente impactante. Muy educativo. Muy de proyecto que realiza un estudiante universitario –incluso de bachiller- pretendiendo que su profesor se quede con la cara de bobo y le ponga una matrícula de honor mientras castiga al resto de los compañeros por haber sido tan idiotas todo este tiempo. Zeitgeist es un documental que parece inspirado en una nueva novela de Dan Brown. Sólo faltan por allí los templarios. Y quizá, Esperanza Aguirre. Pero, cuidado, que aquí hay gato encerrado.

El director del documental, Peter Joseph,  parte desde un principio equivocado. Y es el de que lo vamos a creer a él porque sí nos cuenta la verdad mientras que todo el mundo nos miente. ¿Por qué tendríamos que creerle a él y a sus múltiples personitas que declaran en el video? ¿Quiénes son? ¿Qué pretenden? ¿Qué pruebas tienen de lo que dicen? La cantidad de imágenes y cortes de voz están editadas y cortadas para que digan y muestren lo que ellos quieren vender, igual que, según ellos mismos, los medios de comunicación han hecho con nosotros. Con todo el globo. Esto es, definitivamente, el día de todo al revés.

Que no se hayan publicado imágenes sobre esto o aquello no implica que no las haya. Que se haya mentido sobre las armas de destrucción masiva no implica que el resto de información ofrecida sea mentira. Y, por supuesto, tal y como dice Joseph, si no explotaron los aviones en el Pentágono y en aquel bosque… ¿dónde están? Imagino que en la isla de Perdidos. O quizá peor. En el próximo capítulo de El Barco chocarán con uno de estos aviones. Y, naturalmente, para celebrarlo, todos se quitarán la ropa.

Es absolutamente terrible cómo la gente cree a pies juntillas lo que dicen los que van de rebeldes, lo que dicen los que dan la contra. Porque cuando ofreces una supuesta Cara B, tienes un as ganador guardado en la manga. Es así de sencillo. Cuando a la gente le cuesta creer algo, sea por duro, por inverosímil o por el motivo equis, es fácil hacerles creer que todo es mentira. Qué fácil es hacer dudar a la gente sobre una historia que han visto. Y meterles miedo. ¿Dónde está vuestro ojo crítico cuando habéis visto ese documental? Porque se deja por responder todas las cuestiones importantes, y simplemente se basan en que todo el 11-S y el 7-J ha sido un pretexto. ¿También el 11-M? ¿Aznar pactó con Bush una serie de bombas en Atocha?

Zeitgeist me ofrece la misma credibilidad que cualquier loco que nos cuenta una historia sobre el fin del mundo. Que los típicos señores que nos dicen que en su casa han aparecido las caras de Dios, la Virgen y La Macarena de Los del Río... Porque al fin y al cabo, todos son iguales. Peter Joseph nos da su versión de lo ocurrido como la única verdad posible. Si nos dice que había columnas de acero derretidas, tenemos que creérnoslo. Aunque sólo veamos unas imágenes que pueden estar manipuladas. Que pueden ni ser del World Trade Center. Nos dice que todo es una estafa. Pero a él, naturalmente, lo tenemos que creer. Suena divertido.

“No os creáis a los medios”. “No creáis a Bush ni a su Gobierno”. “Creedme a mí”. Si estas mismas palabras las pronunciase el Papa, todos pensaríamos que está adoctrinando. Pero lo hace un tal Peter Joseph y nos creemos sus teorías conspiratorias. Que si al señor Assange de Wikileaks intentaron llevarlo a prisión… ¿por qué este tipejo sigue vivito y coleando? ¿Por qué la Administración Norteamericana no ha ido contra él? Claro, porque, como muchos me podréis decir, “nadie va a creerse realmente su historia”. Y quizá de inverosímil, surrealista y catastrófica es cierta. Pero quizá no.

Decidme: Si los Reyes son los padres, el Ratoncito Pérez también lo es, Dios es un invento para dar miedo y sacar dinero… ¿Por qué los atentados del 11-S no son también una gran inocentada? ¿De qué esta hecha, realmente, la Coca Cola? ¿Cómo se construyeron las pirámides de Egipto? ¿Qué hay en el fondo del mar? ¿Por qué el Sol se esconde por las noches? ¿Se va de fiesta con Pocholo?

“Muchas noches hemos rezado,
Sin la prueba de que alguien nos pudiera escuchar.
En nuestros corazones, la esperanza por una canción
Que apenas entendíamos.
Ahora no tenemos miedo,
A pesar de que sabemos que hay mucho por temer.
Hemos estado moviendo montañas
Mucho antes que supiéramos que podíamos.
Puede haber milagros
Cuando tengas fe.
Aunque la esperanza sea débil,
Es difícil de matar”.

( "When you belive", BSO. El Príncipe de Egipto ).

¡FELIZ DÍA DEL ODIO A TODOS!

Roberto S. Caudet 

domingo, 12 de septiembre de 2010

El primer día del resto de su vida



Roberto, un niño de doce años, estaba como todas las primeras semanas de septiembre, haciendo las tareas que le habían mandado sus profesoras para el verano. Siempre se resistía a completar los cuadernos de vacaciones durante los meses de julio y agosto y, por suerte, como su hermana Amparo, ocho años mayor que él, no le prestaba mucha atención, nadie sabía cómo se las apañaba para tenerlas todas escritas el primer día de clase. Sus padres trabajaban a jornada completa, así que Roberto aprovechaba para hacer todo lo que no podía durante el curso escolar: se despertaba cuando quería, veía la tele todas las tardes durante horas y, de vez en cuando, encendía la Game Boy Color para entrenar a sus Pokémon. Pero ese martes once de septiembre de 2001 no era un día más. Sería el primer día del resto de su vida.

Eran las tres y diez de la tarde, hora peninsular española, y Roberto ya había encendido Telecinco para que, cuando la periodista catalana Àngels Barceló diera por finalizados los informativos de mediodía, empezara una de sus series favoritas, Al salir de clase. A Roberto no le gustaba realmente la serie, y muchos de los conflictos que planteaba los veía muy de lejos. Ni siquiera pensaba que los actores que salían en pantalla actuaran bien. Pero tenían algo que lo enganchaba durante una hora todas las tardes de lunes a viernes. Una hora en la que el ritmo de trabajo disminuía para atender a la serie. Sin embargo, el televisor no reflejaba la escena cotidiana. Àngels Barceló estaba blanca. No tartamudeaba, pero casi. Sin dejar de mirar fijamente a la pantalla, como queriendo traspasar con sus ojos cualquier muro y comunicar más de lo que sabía, de lo que podía.

La periodista de los informativos Telecinco hablaba sobre un posible accidente ocurrido en Nueva York, una ciudad que terminaba de recoger el desayuno. Un Boeing 767 se había estrellado contra una de las Torres Gemelas que coronaban la ciudad americana. Las imágenes no podían ser más explicitas. Al joven Roberto le parecían dos cigarros, uno de ellos encendido, el otro apagado. Del cigarro encendido salía una humareda tremenda, y parecía muy peligrosa. Mientras se mostraban las imágenes en directo, otro avión chocó tal cual contra la segunda Torre. Ya estaban prendiéndose los dos cigarros. Roberto hasta se asustó. Nunca en su vida había visto algo parecido. Corrió para ver dónde estaba su hermana y le preguntó: ¿qué son las Torres Gemelas? Su hermana, siempre atenta con él, respondió de manera tajante: “búscalo en la enciclopedia”. Dos segundos después, Roberto había encontrado el tomo correspondiente y leía al respecto.

Era la primera vez en su vida que estaba informándose. Que necesitaba saber más. Que quería saber qué estaba ocurriendo. No entendía, no lograba comprender cómo había podido ocurrir algo semejante. Quién o qué estaba detrás de los dos atentados contra el emblema de todo un país. No se atrevió a ir al sofá, él seguía en su silla, con sus deberes de clase enfrente y un bolígrafo en la mano. Quizá se preparaba por si tenía que escribir algo. Quizá él quería ser la propia Àngels Barceló. Quizá estaba petrificado ante una noticia tan impactante. Las imágenes que se seguían no eran más pacíficas. Varias personas saltaban torre abajo, a sabiendas de que iban a morirse igualmente, quemados o chafados por los escombros. Y entonces ocurrió lo peor. Una de las dos torres se vino abajo. Literalmente.

Roberto ya sabía por qué no se movía. Tenía demasiados sentimientos y demasiados pensamientos, a sus doce años, como para poder reaccionar. Y además una lágrima le recorría su mejilla derecha. ¿Cuánta gente habría allí dentro? ¿Cómo habrían vivido los pasajeros del avión sus últimos segundos de vida? ¿Quién se atrevía a hacer algo así y por qué? Ese mismo día Roberto supo que quería ser periodista. Que sería periodista.

Nueve años después, Roberto sigue viendo los especiales que se emiten en televisión, aunque todas las imágenes las recuerda como si las hubiera vivido. Ahora y a sus veintiún años, va a empezar tercero de Grado en Periodismo. No esperaba –ni quiere- tener que afrontar un acontecimiento como el vivido en 2001, pero sabe que fueron esas horas pasadas frente al televisor y casi sin pestañear las que cambiaron su vida. Roberto siente admiración por todos aquellos que, como Àngels Barceló, tuvieron la profesionalidad, la capacidad de mostrarse serenos, tranquilizadores, comunicadores.

Pero hay algo que Roberto sigue sin entender, y es por qué, ahora que ya se saben los culpables de los atentados que causaron la muerte a más de tres mil personas, el presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, ha mostrado su apoyo a que se construya una mezquita en el mismo lugar donde antes lucían las dos Torres Gemelas. Y menos aún comprende cómo puede decir que su país tiene “una deuda con el Islam”. Todavía visiblemente emocionado, Roberto escribe ahora estas líneas, que estarás leyendo con mayor o menos interés. Todavía visiblemente emocionado, Roberto se despierta cada once de septiembre recordando cada segundo que vivió hace nueve años, la ropa que llevaba puesta, lo que escribía en los folios, con quién habló, a quién llamó.

Todavía visiblemente emocionado, Roberto sigue necesitando desahogarse, gritar un segundo, cada once de septiembre, un día que nunca olvidará, igual que ninguna de las familias de las víctimas. Igual que nadie en este mundo. Todavía visiblemente emocionado, Roberto no redacta el artículo para odiar, sino porque forma parte de ese grito anual con el que necesita sacar la angustia que lleva dentro.

Todavía visiblemente emocionado…

Roberto S. Caudet