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miércoles, 9 de diciembre de 2009

Mira de qué hablo y dime tú qué odias



¡Feliz día del odio a todos!

Llevo varios días viendo cómo en numerosos blogs es práctica común contestar a los mensajes que la gente envía, por aquello de la interactividad que ofrece internet y no, por ejemplo, un diario impreso en papel. Además es curioso porque hay usuarios que incluso vuelven a contestar porque han visto que el dueño del blog les ha comentado sobre su opinión. En la teoría parece lioso, ¿verdad? Pues es muy simple, creedme.

Es un poco inútil que yo me ponga como norma hacerlo, porque realmente, fieles comentaristas tengo pocos. Muy pocos. Adrianos, Alex, Carles... ¿Lau? Y para de contar. Los demás escriben de manera esporádica, si es que escriben.

Pero... ¿No somos los españoles muy adictos a algo? Exacto. No, esperad, no hablaba de sexo. Ni de La Campos. Ni del botellón. Hablo de participar en las encuestas. Así pues, mañana y durante los siguientes 10 días (el plazo que considero oportuno) abriré una encuesta con las 5 primeras cosas y acciones que odié y otra con las 5 siguientes, para que uno pueda votar varias cosas que odie y no se vea obligado a elegir. De esa manera podré ir viendo cuáles son vuestros gustos y por donde girar o comentar en las próximas entradas.

Uno se debe a su público.

Añado, antes de que os asustéis, que no voy a abrir ninguna encuesta con personas. Aunque he odiado ya a varias (Guarronna, Sosana, Jandrito Sanz, Zapatero...), primero quiero ver cómo se os da eso de darle al votón y orientas al administrador antes de meterme con el resto de cosas que he odiado. Pero ciertamente, parece que os gusta más cuando me meto con alguien que con algo. Si es que sois malos. Y luego me decís a mí.

Así pues, sólo me cabe decir,

MIRA DE QUÉ HABLO Y DIME TÚ QUÉ ODIAS.

Hasta mañana.

Roberto S. Caudet

sábado, 21 de noviembre de 2009

Carta a Alejandro Sanz: te lo agradezco pero no


Estimado Alejandro Sánchez Pizarro,
Me he enterado de que recientemente has estrenado un disco y me gustaría hacerte una entrevista. ¿Puedo tutearte, verdad? Me da miedo que te cabrees conmigo y me lances uno de tus 17 Grammys a la cabeza. O que me hagas un hijo de esos fuera del matrimonio que tanto te gustan. O que le envíes la carta a Sosana y acabéis haciendo un dúo tipo “La tortura”. Mejor no te doy ideas…

Para serte sincero, Alejandrito, en realidad nunca he entendido tu éxito. No será por tu inteligencia ni sabiduría, amigo mío. Lo siento si te ofendo, no es que sea mi trabajo, es que es mi idioma. Esta es mi manera de decirte las cosas. Quizá es un poco brusca, lo sé. Pero me repatea que tengas tanto éxito cuando en realidad con uno de tus discos ya hemos oído todos. No. Que con una de tus canciones hayamos oído todas. Eso sí.

¿Sabes cantarle, Jandro Sanz, a algo que no sea el amor o el desamor? Sí, ya sé que no es lo mismo una cosa que la otra. Pero son dos temas muy recurrentes. Podrías hacer algo más original, estoy seguro. No sé, creo que quizá llevas tanto tiempo cantando lo mismo porque a partir del segundo disco se te apagó la luz. Quizá es porque has vivido muy deprisa. No sé. Yo voto por que cojas a Guarronna y os vayáis los dos cogidos de la mano hasta La Isla Bonita... y os perdáis allí. Claro que igual no quieres morir en su veneno… No sé. Mi soledad y yo pensamos que estás desfasadito.

¿Y qué es eso de arreglarte un poquito –por no decir adecentarte, simplemente- sólo cuando sacas disco? Continuamente te vemos gordote y con pelo de pollo a lo chunguele de Masía. Pero es estrenar un disco en el mercado y adelgazar como Rosa de España y tintarte de negro. Y lucir camisetas sin manga.



Y hablando de Rosa de España… ¿De dónde has sacado ese acento andaluz? ¿No es cierto que nacieras en Madrid? Uuy. Aquí me suena algo mal. Y no hablo de tus canciones. Que también. Algo me falla… Algo me huele mal. Y no hablo del sudor que tuviste que coger con Shakira meneándose delante de ti en el videoclip. Aunque también. No sé, no sé…

A ver si uno de estos días por fin aprendo a hablar sin tener que dar tantos rodeos. Y decirte simplemente: TE ODIO, ALEJANDRITO.
Que te condenen a cien años.
Que te destierren.
Que te castigue Dios si pecas
O me lo haga a mí si grito a voces que te quiero.

Alejandrito, Alejandrito… Te lo agradezco, pero no.
No hay necesidad de seguirte escuchando.
 Hasta el martes.

Roberto S. Caudet