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domingo, 8 de mayo de 2011

Sakis Rouvas, el héroe griego


Después de uno de los artículos más incendiarios que haya escrito en el blog, viene la calma. Pero en el repaso de las 33 Mejores Canciones de Eurovisión, subimos un puesto sin muchos cambios. La cuarta clasificación la ostenta alguien a quien ya conocemos. Seguimos situados en 2009, el año de Soraya. Y la canción pasa de decir que “La noche es para mí” a confirmar que “Ésta es nuestra noche”. Bienvenido de nuevo a la lista, Sakis.

Canción: This is our night (Ésta es nuestra noche)
Canta: Sakis Rouvas
País: Grecia
Año: 2009
Posición: 7º



Después de ocupar la 24º posición de nuestra lista y tener un artículo completo para él solo, poca presentación ya necesita Sakis Rouvas en este blog. Es “El griego”, con perdón de Adrianos. Es el hombre. Es la voz. Es los bailes. Es todo. Sakis Rouvas es un auténtico espectáculo andante. Y después de su tremendo show y su casi perfecta clasificación en 2004 (3ª, recordad), Grecia decidió volver a enviarlo a Eurovisión. En esta ocasión, a Moscú. Con una canción íntegramente en inglés. Mucho más dance. Mucho más cañera. Con mucho más mensaje. Y con una puesta en escena brutal, como ya nos tiene acostumbrados.

En primer lugar, quiero aclarar que el video que he puesto está hecho absolutamente adrede. Me encantan las comentaristas griegas de Eurovisión, y me encanta lo bien que se lo pasan siempre. En esta ocasión, amo absolutamente el entusiasmo que le ponen a Sakis, con ese “bravo” en un perfecto español… Geniales, son geniales. Aclarado el asunto, vayamos a la mejor canción de 2009. A la mejor representación masculina que ha tenido Grecia en toda su historia.

“Arriesga, pero mantente. Dalo todo y conviértelo en oro. El tiempo ha llegado y es hora de hacerte a ti mismo y tomar posiciones. Golpea las probabilidades, vas a sobrevivir. Ahora eres más fuerte, y te sientes vivo. La rebelión ha llegado, ponte en tu lugar y siéntelo en tu corazón. Si te mantienes, ganarás la carrera. Cuando miro a tus ojos, noto que todo esto viene, y no me sorprendo. La cuenta atrás ha empezado. Esta es la noche de las noches. Lo vas a conseguir ahora, sólo mantente y lucha. Ésta es nuestra noche, vuela hasta lo más alto, cariño. Nosotros lo podemos hacer. Sólo espera y observa. Ésta es nuestra noche, es el momento de cambiar, cariño. Deshazte de lo viejo, toma posición… y sé libre”.

Aunque Sakis ya tiene su primer hijo, la canción me parece un auténtico himno gay. De hecho, siempre Sakis ha jugado con esa ambigüedad sobre los escenarios por puro marketing y porque, imagino, en el fondo le hacía gracia. El caso es que la letra insta a la lucha, a la rebeldía, y a ser uno mismo para ser feliz. En realidad, “This is our night” es, ya sólo con su título, toda una declaración de intenciones, como ya hizo Elena Paparizou con su “My number one”. Los griegos iban a por todas, y no escatimaron en nada. Sobre el escenario, Sakis Rouvas impresionante con su pantaloncito blanco nuclear y su polo de jugar a golf que él mismo acabaría desgarrándose casi al final de la actuación para que pudiéramos contemplar (y babear con) sus pectorales. Porque ya habíamos babeado suficiente con sus perfectos abdominales y sus oblicuos. Junto a él, cuatro bailarines. Dos chicos, y dos chicas. Todos de negro. Para que Sakis resalte. Muy bien. Además, con ropa deportiva también. Así los movimientos se pueden hacer mucho mejor. Otro acierto.

Cabe destacar que las dos bailarinas son también las coristas. Y ellas merecen el mismo aplauso –o más- que Sakis. Las pobres cantaban en los momentos más difíciles y cuando más deberían haber descansado la voz. Y no pararon en ningún momento. Se merecieron, como digo, una mención auténtica y un par de premios o tres. Quedaron muy bien y ayudaron a Sakis en todo momento, cuando podrían haberse quedado ahogadas a mitad de canción. Para completar la jugada, un último corista está al fondo a la derecha medio escondido (también de negro), ya que no forma parte de la puesta en escena. Una puesta en escena rematada con una plataforma móvil y deslizante, para permitir a los cinco griegos hacer movimientos curiosísimos.

Porque si hay algo realmente elaborado en la actuación griega es, precisamente, la coreografía. Al margen de los típicos pasos que ya son señas de identidad de Sakis (movimientos de hombros, cadera…) y de los típicos movimientos con el brazo arriba para decir “fly” (“vuela”) y todas esas cosas, la coreografía tenía pequeños momentos divertidos. ¿Qué os parecen los movimientos de brazos de Sakis? ¿Y las figuras que hacen sobre la plataforma y debajo de ella? Nos hacían recordar a la Grecia clásica. A esas esculturas de los Discóbolos, de los carros de batalla y demás símbolos griegos que todos tenemos en mente. Una auténtica chispa que aporta a la canción un toque de gracia y originalidad.

Además, la propia plataforma cambiaba de posición. Primero empieza como “vertical” y antes de la segunda estrofa ya está en “horizontal”. Para ello, la realización ya se encargó de enfocar durante un par de segundos al público y al foso, de manera que no se viera ese cambio de decorado. Perfecto. La plataforma incluía, además, unos pequeños patines deslizantes para que pudieran hacer movimientos en diagonal de lo más ingeniosos. Y también estaba el momento subida que Sakis utiliza al final para llamar absolutamente la atención y enviar su mensaje. Bajo él, la bandera griega iluminada provoca que nadie pueda olvidarse a quién estaba viendo. A quién tenía que votar. Quién era el mejor.

Insisto, a la actuación griega de 2009 no se le pudo pedir más. Era absolutamente perfecta. La apoyé desde el primer momento que supe que Sakis Rouvas volvía a Eurovisión. No podía ser de otra manera. La imagen de la izquierda de este párrafo fue mi foto principal de Tuenti casi todo un mes. Un montaje casero hecho por mí para promocionar la candidatura griega, pese a que por España iba mi siempre amada Soraya Arnelas. Grecia tenía que volver a ganar. Sakis tenía que asentarse como el mejor representante griego. La actuación parecía perfecta. Fue perfecta. Sakis es perfecto. Es el héroe griego. Es mi Hércules. Y aunque quedó en una decente séptima posición, yo la he subido hasta la cuarta mejor canción de la historia de Eurovisión. Porque Sakis lo vale. Porque “This is our night” se lo merece. Nos vemos mañana lunes, la víspera de la primera Semifinal. Hasta entonces,

¡FELIZ DÍA DEL ODIO MUSICAL A TODOS!

Roberto S. Caudet

sábado, 7 de mayo de 2011

La noche era para Soraya


A nadie le gustaba la canción. Ni a los griegos ni a los canadienses. El jurado no la quería. A Uribarri no le convencía. José María Iñigo prefería a Melody. Radio Televisión Española no la apoyó nunca. Y, como tenía posibilidades, se encargaron de que Europa le diese la espalda. Hoy, además de música eurovisiva, el artículo viene cargado de política, tenis, especulaciones… y Odio absoluto. Retrocedemos un año más. Nos plantamos en 2009. Y nos quedamos en nuestro país, España.

Canción: La noche es para mí
Canta: Soraya Arnelas
País: España
Año: 2009
Posición: 23º



Para comentar la actuación de Soraya en 2009, primero hay que hacer un poco de memoria histórica de esa que tanto le gusta a algunos políticos en nuestro país. Vamos a empezar por 2007. Entonces, los compositores de la canción la escribieron para una cantante griega absolutamente conocida y querida en este blog: Elena Paparizou. Se pretendía que el tema estuviera en su disco, pero ella lo rechazó. No era su estilo. Un año después, en 2008, los mismos compositores se lo ofrecieron a otra cantante griega con orígenes canadienses, Maro Lytra. Tampoco a ella le gustó el tema. Decidieron, pues, intentar que Grecia la aceptara para ir con ella a Eurovisión 2008. Pero no cuajó la idea… y nos la ofrecieron a nosotros.

En realidad, se la ofrecieron a Soraya para su disco “Sin miedo”. Un álbum con una variedad de estilos importante y en el que ya se perfilaba esta canción, titulada “La noche es para mí”, como un posible tema para presentarse a Eurovisión. El ritmo era latino y con pequeños toques árabes. La canción no era poesía pero decía algo. Incluía fragmentos en inglés. Y la duración era perfecta. Dicho y hecho, Soraya se presentó a Eurovisión 2009 sabiendo de antemano que tenía el respaldo del público español que ya la había dejado 2ª en Operación Triunfo 2005, la primera edición emitida por Telecinco. Pero no iba a estar sola compitiendo… tenía por ahí a la siempre eurovisiva Mirela, y a Melody, la de los gorilas, que se las daba de madura y evolucionada.

Empieza el espectáculo: Soraya llega a la Final nacional gracias a los votos del jurado y del público, igual que Melody, a la que, casualmente, la habían metido en otra semifinal, para no dejar ya claro quién de las dos iba a ser la ganadora. Estaba claro que o la una, o la otra. Y llegó la Final nacional. El jurado –íntegramente- se decantó por Melody, a la que decidieron darle los famosos “12 puntos” eurovisivos. A Soraya la dejaron segunda, con 10 puntos. El público, más razonable, dio la vuelta a la tortilla. Melody se llevó los 10, Soraya se quedó los 12. Y ambas obtuvieron un resultado final de 22 puntos. Un precioso empate técnico que, ya nos habían avisado, se resolvería a favor del público. Ese público que había dado los 12 puntos a Soraya. Soraya fue nuestra representante en Eurovisión 2009 sabiendo que al jurado no le hacía ninguna gracia.

Pero, ¿sólo al jurado? Es la pregunta. Aunque profesionales, no dejaban de ser “made in TVE”. Trabajadores que dependen de un ente que paga un porcentaje muy amplio de la tarta eurovisiva. Trabajadores que han sido nombrados a dedo para que seleccionen a su favorito y que, casualmente, todos coinciden en el mismo. ¿Perdón? No nos engañemos. No seamos idiotas. El jurado tenía impuesto su voto a Melody, a la espera de que el público les ayudara. Y, si no, iría Soraya… pero el jurado ya se había pronunciado en contra. Y seguirían poniéndole la zancadilla más veces. La más visible, la propia semana de Eurovisión.

Para los que no lo sepáis, como hay un gran número de países que se presentan cada año a Eurovisión (en este son 43), se organizan dos semifinales para decidir quiénes pasan la Gran Final, que se emite siempre los sábados de mayo. En ella, sólo pasan directamente los cuatro países llamados el “Big Four”, por ser los cuatro países que más contribuyen –económicamente- a la organización de Eurovisión y al ente europeo de radiotelevisión. Estos países son Reino Unido, Alemania, Francia y España. Este año, con el regreso de Italia a Eurovisión, el “Big Four” ha pasado a ser “Big Five”, ya que Italia también ingresa cuantiosas sumas de dinero. Además, el país que ha ganado Eurovisión el año anterior y que se encarga de organizarlo en su territorio, también tiene el pase asegurado a la Final.

Pues bien, además de tener que emitir la Gran Final (naturalmente), todos los países están obligados a emitir una de las dos Semifinales, aquella en la que, por sorteo, tienen que emitir sus votos para que los países se clasifiquen (siempre se clasifican diez de cada semifinal). TVE decidió, para empezar, solicitar un cambio en el día en que tenían que votar. No quisieron votar en la 1ª Semifinal sino en la 2ª. Curiosamente, en la primera, la que nos había tocado, estaban Andorra y Portugal que, naturalmente, contaban con nuestros puntos. Ni os quiero contar la alegría que les dio saber que España pasaba, absolutamente, de ellos.

Pero, además, TVE decidió, en el último momento, no emitir la segunda semifinal correspondiente que habían solicitado. ¿El motivo? Fernando Verdasco estaba jugando un partido importantísimo (…) de tenis que no acababa nunca. No lo iban a cortar para empezar a emitir la Semifinal de Eurovisión… y pasaron de ponerla en antena. TVE decidió votar con un jurado que ya tenía preparado, y la audiencia se quedó sin emitir su voto. Porque no sabían ni cómo ni a quién. TVE incumplió la normativa del festival dos días antes de la Gran Final, con lo que podría suponer eso para el país y para su representación, Soraya.

De la noticia se hicieron eco casi todos los medios audiovisuales en Europa (en España ninguno, que yo recuerde) y todos los medios escritos, incluidos los nacionales. La multa no se supo hasta casi seis meses después. Una irrisoria multa económica más o menos comparable al sueldo de aquel jurado que prefirió a Melody. Sin embargo, el sábado, a las nueve de la noche, cuando empezó Eurovisión, media Europa ya sabía que España había incumplido las normas del festival. Los diez países finalistas implicados se habían encargado de dejar claro que sus actuaciones no habían sido vistas en España porque la televisión así lo había decidido. En resumen: Soraya salió al escenario de Moscú a sabiendas de que media Europa estaba con ganas de eliminarla, de expulsarla, de que se cayera, de que desafinara…

Y, aún así, la actuación de “La noche es para mí” fue una de las mejores, a nivel vocal, que pudimos ver en 2009. La impresionante voz de Soraya inundó el escenario al tiempo que sus dos bailarines y sus tres coristas hacían también lo imposible por marearla. La puesta en escena no podía ser más confusa ni más desordenada. Salvo en un par de pasos, no había figuras comunes, ni un solo paso que hicieran todos a la vez. Cada cual con su ritmo, a marear. Además, las tres coristas desafinaban de lo lindo. Tres gallinas agudas que chirriaban en lugar de cantar. Y, para colmo, el truco de magia no pudo quedar peor.

Era la primera vez en Eurovisión que un país ofrecía, en su actuación, un auténtico truco de magia. Era bien simple, pero llamativo: Soraya desaparecería en un momento de la canción por un pasadizo… y aparecería en otra parte del escenario justo para interpretar su último solo de la canción, sin las coristas. Para esconderla, los dos bailarines sujetarían una tela. La tela resultó ser un remiendo de dos sábanas de raso naranja que, sin duda, llamaban la atención, ya que toda la puesta en escena era en morado y azul. Cutre. Muy cutre. Absolutamente de mercadito. O peor…

Naturalmente, y cuando empezaron las puntuaciones, sólo cuatro países se acordaron de nosotros. Portugal y Andorra –generosos fueron, aunque sólo Andorra nos dio los 12…-, Suiza –ya es raro-, y Grecia, el país que no había querido nuestra canción, aunque uno de los compositores era, precisamente, griego. ¿Curioso, verdad? Más curiosidades todavía: Si España se quedó en la penúltima posición, fue gracias al público. El jurado profesional que vota en Eurovisión y que vale un 50% de los votos finales, nos dejó últimos. Últimos. Los que sí sabían lo que había pasado dos días antes. Una auténtica vergüenza.

“La noche es para mí” es, con diferencia, la mejor actuación que hemos llevado a Eurovisión en toda nuestra historia. Pero unos y otros se encargaron en que nunca luciera. En que jamás obtuviera un puesto decente. Se encargaron de bloquearle cada paso que daba. ¿Por qué? Yo creo que está muy claro. TVE no quiere ganar Eurovisión. Nos lo lleva demostrando cada año desde que dejó de emitir Operación Triunfo. El que no lo quiera ver, que no lo vea. Como Eurofan, me parece, como poco, vergonzoso. Y como español, patético. Ésta es mi denuncia pública contra la Organización de Eurovisión de TVE. Contra la propia TVE. Contra el propio Gobierno. Y aquí caen todos como fichas de dominó. Igual que hicieron caer a Soraya. En el Blog del Odio, sin embargo, seguimos pensando que en 2009, la noche era para nosotros. Y por eso el tema sigue siendo nuestra quinta clasificación en la lista de las 33 Mejores Canciones de Eurovisión. Ahora que ya lo sabéis, disfrutadla más que nunca. Que la noche sea vuestra. Y, como siempre,

¡FELIZ DÍA DEL ODIO MUSICAL A TODOS!

Roberto S. Caudet

jueves, 21 de enero de 2010

"Pintaba pluscuamperfecto" - ¡España te necesita! (Segunda Parte)



Et voilà la segunda parte de esta mega-entrada eurovisiva! Si os acordáis, estábamos en el momento clave del declive de España en el Festival de la Canción de Eurovisión. Después de un súper David Civera y tres ediciones de Operación Triunfo con sus tres ganadores correspondientes para ir al concurso, el formato iba perdiendo mecha. La última edición del concurso que ahora reside en Telecinco no tuvo la expectación esperada y, de hecho, Ramón, el último concursante elegido, también fue el que peor nos dejó de los últimos años. Aun así, un décimo puesto en Estambul de la mano de “Para llenarme de ti”.


Nos paramos, pues, en el año 2005. La pública decidía hacer un concurso en abierto que, tras un casting interno, se televisaría con una audiencia media. Al final, el combate estuvo entre dos tríos: uno de mujeres... y el otro de… mujeres también, creo. Son de Sol cantaban “Brujería” y Las Supremas de Móstoles nos regalaban su “Eres un enfermo”. Finalmente, las madrileñas de adopción se quedaban en un segundo puesto. Y ese marido cibernético que se pajeaba a todas horas se quedó sin ser escuchado en Ucrania. Sin embargo, en España sonó por todos lados y se convirtió en la canción del verano. Un tema fresco, divertido e interpretado por tres botes de laca andantes cuya máxima eran los ponchos de colores vivos sacados de la última temporada primavera-verano de El Corte Inglés.

Escogimos a las andaluzas. Cualquier español sabe que una apuesta andaluza siempre es una apuesta segura en Eurovisión. No sabremos cómo quedaremos, pero sabemos que toda Europa será consciente de que España sigue viva. Y que los toros van por las calles tan ricamente. Así pues, Son de Sol apareció en el escenario de Kiev intentando seguir la estela de los últimos años.



Analizando la situación, la coreografía parecía sacada de un festival de primaria de cualquier colegio mexicano que se cree bailador flamenco. Muy compaginadas las tres. Muy andaluzas.Yo creo que éstas tres fueron las que más tarde intervendrían en el mítico tablao de Misión Imposible 3. Por otro lado, el vestuario era vistoso y de raso. Tan caro que se quedaron sin presupuesto para los coristas y bailarines, y éstos tuvieron que ir con lo primero que encontraron por casa. La letra de la canción tampoco sería un Nobel de Literatura “sólo deseo tu cuerpo caliente y tu mirada como un fuego ardiente que me penetra toda, toda”. No sabemos el nivel de rombos que tendríamos que haber llevado a Kiev, pero estoy seguro de que nos quedamos cortos. Para colmo, un intento de rapero afónico a lo Sabina un día de juerga nos decía cuatro –o cinco- frases ininteligibles para el oído humano.

¿Resultado? 28 puntitos y un vigésimo primer (21º) puesto para España. Once puestos bajábamos de un año para otro. Sorpresa total. RTVE estaba escarmentada de su hazaña democrática y para el año siguiente decidió enviar a un grupo muy conocido en Europa por cantar la canción más extraña de la década. Y todo sin avisar a nadie. Qué mala fe. Con Las Ketchup nos fuimos para Grecia a ver si conseguíamos mejorar lo del trío andaluz.

Aunque en sus inicios, Las Ketchup también eran tres, para Eurovisión decidieron llevar también a la cuarta hermana. Un viaje pagado a Atenas siempre es bien recibido. De hecho, lo extraño fue que no se llevaran también a las hijas de Zapatero. Total, que las cuatro hermanas se subieron a un escenario que, como no podía ser de otra manera, estaba totalmente vestido de rojo. Todo era rojo. Como el Ketchup. Como el Bloody Mary. Ojo al vídeo, no tiene desperdicio alguno. No os perdáis los comentarios del locutor inglés:



Sobre el escenario, las Mujeres Desesperadas al completo: la rubia, la morena, la pelirroja y la que sobra. Y dos bailarines, de sexo dudoso, que interpretaban una especie de Kapoeira con micros y sillas de oficina por todos lados. Aquello parecía un Sketch eliminado de Camera Café. Y para colmo, las cuatro iban calzadas con las típicas alpargatas de cuña a lo María Abradelo. Todo el baile en las sillas de oficina. Para arriba, para abajo. No sabemos si el Bloody Mary –bebida alcohólica a base de vodka y zumo de tomate- se lo tomaron ellas, la coreógrafa o el esceneógrafo, pero ahí falló todo.


Por destrozo, hasta el del escritor de la letra, que bien pudo ser Sabina también: “puedo ser de barrio bajo underground, pero mi corazón se te ha declarao’ – Dutyfree, dutyfree, dutyfree – Un Bloody Mary, por favor”. La letra, que me la traduzcan, porque yo no entiendo nada: “Hubiera o hubiese habido un buen vacilón. Pintaba pluscuamperfecto”. ¿¿¿??? El comentarista de Reino Unido, que es del que os he puesto el video, acaba la actuación diciendo “España, lo siento”. Más lo sentimos nosotros, no se preocupe usted. Misma posición del año anterior, la 21, y diez puntos menos. Tan sólo 18.

Pero tranquilo todo el mundo, que después de este festival del tomate todavía teníamos un As bajo la manga. O mejor dicho, un-As hormon-AS. El público votante de TVE no lo dudó en votar a los cuatro musculosos, sexys, buenorros, morenísimos, guapísimos, cuerpazos, salero, ¡ay qué arte! Del grupo D’Nash. Mikel, Basty, Javi y Ony eran el grupo Nash hasta que fueran denunciados, cual Tamara-Ámbar-Yurena, y tuvieran que añadirse una "D" delante. D’Nash nos representó con un título en spanglish, lo menos, “I love you, mi vida”. Este año, para innovar, cambiamos el rojo del escenario por el blanco. Y a las cuatro petardas por cuatro buenorros. Todo parecía indicar que tendríamos el éxito asegurado.



Una canción muy eurovisiva, con una puesta en escena vistosa que incluía el lenguaje de signos de los sordos en su coreografía. Sin embargo, la letra nos volvía a fallar “I love you, mi vida, i-e-o, desgarra mi vida y pártela en dos. Que se unan mis días si todo es mentira y pierdo tu amor, the power of love”. Zacaplás. Agárrense que vienen curvas. Ya fuera por los cuerpazos, o por los cuerpazos, el grupo se llevó 48 puntos y subieron a la posición 20. Ya era mérito.




Tocaba sacar el As. Ahora sí que sí. El AS-queroso. Porque lo del Chikilicuatre ya no tiene nombre. La guinda que colmó el vaso llegó hace apenas dos años, y puede que vuelva a repetirse, cuando la audiencia votante decidió enviar a Eurovisión a un humorista en lugar de a un cantante. El personaje sacado del show de Buenafuente, Rodolfo Chikilicuatre, nos invadió con su canción pegadiza y muy básica –de verbena, más bien- y su bailarina que erraba continuamente en los pasos.

Sobre la canción ni hablo. Sobre el vestuario y el atrezzo no me pronuncio. Sobre el espectáculo formado no comentaré. Me limitaré a decir que obtuvo la décimo sexta posición, o lo que es lo mismo, la mejor de las últimas cinco intervenciones que hemos hecho en el festival. Media Europa, por lo visto, bailo el "Chiki-chiki". Pues eso. Pasamos a la siguiente -y última- actuación en Eurovisión.

Soraya. El público lo decidió tras un empate técnico con Melody. Soraya fue la encargada de representarnos en Eurovisión el año pasado. La extremeña, de nuevo y por fin, era (es) una cantante reconocida en nuestro país y ya va por camino de su quinto disco. La canción, muy del estilo de Grecia y Turquía, incluía fragmentos en español y en inglés con toques árabes y violines muy clásicos. De nuevo, parecía que los españoles habíamos cogido el buen rumbo y nos iban a ir bien las cosas.




Tampoco voy a entrar en la polémica del certamen de 2009 y lo que ocurrió días antes con TVE y con la UER. Desde luego, nadie podrá reprochar a Soraya Arnelas que desafinara, que se equivocara, o que no diera el cien por cien arriba del escenario ruso. Me quitaré el sobrero dos mil veces si hace falta. Se me siguen poniendo los pelos de punta. Y, además, innovamos en el festival, con numerito de magia incluido. Ni siquiera se le fue la voz en el último agudo que cantó tras su fuerte baile durante tres minutos de actuación. Fuera por que no les gustamos, o fuera por la manipulación y mofa televisiva que desde la pública española se hizo a Eurovisión, Soraya sólo recibió 23 puntos y quedó, empatada, en el penúltimo lugar de la tabla. De nuevo, otro chasco.


Como véis, esta vez no voy a odiar. Porque, como dice mi amiga Indhira Gandhi, “ya lo hemos pagado”. Ya hemos pagado nuestros continuos errores en el Festival de Eurovisión. Y, precisamente por ello, tendríamos que saber que no basta con llevar al flamenco de turno, ni al humorista del programa de éxito, ni tampoco a baladeros aburridos. Hay que llevar lo mejor que tengamos en nuestro país, musicalmente hablando, en ese momento. Y sólo si no hay burla de RTVE, sólo en ese caso, insisto, tendremos buenas posiciones.

Repasad a Karina, a Salomé, a Massiel, a Sergio Dalma, a Raphael, a David Civera, a Anabel Conde, a Nina, a Bravo, a Betty Missiego, a Mocedades… Un poquito de criterio, y el odio se transforma en buena música. En buenas posiciones. En un Eurovisión con posibilidades. Os quedan –nos quedan- catorce días para votar bien.

Que no se desperdicie.

¿Mi opción? El sábado lo sabréis. Hasta entonces, ¡feliz Día del Odio!

Roberto S Caudet