Para algunos hoy es el último día del mes de octubre. Para otros muchos, hoy es la víspera del Día de Todos los Santos. Y para cada vez más gente, hoy es Halloween. Pero, contra todo pronóstico, hoy no vengo a decir que odio Halloween. Ni mucho menos. Es una de mis fiestas favoritas del año. Hoy vengo a odiar a sus detractores. Hoy el odio es vuestro.
La celebración de Halloween tiene, básicamente, dos enemigos: la Iglesia y los Anti-Americanadas. Ambos escasean de argumentos suficientemente pesados como para ir en contra de una fiesta en la que la gente se disfraza de personajes maléficos y va de aquí para allá pidiendo golosinas. Como el día de Carnaval, Halloween te hace perder la vergüenza, desinhibirte, y superar algunos miedos. Hoy está permitido hablar de brujas, sapos, calabazas y vampiros. Hoy se harán muchas güijas, se verán películas de terror absoluto y se encenderán cientos de velas negras. A mí me encanta.
La Iglesia Católica –hoy le otorgo las mayúsculas correspondientes- reniega de la fiesta por ser “anticristiana”, absolutamente “amoral” y “oscurantista”. Dicen de ella que fomenta “el mal entre los niños” y no proporciona “ningún tipo de valores” (El País). Claro. El día de la Hispanidad –el día en que nuestros bárbaros conquistaron América- fomenta muchos más valores. Una imposición de religión y cultura. Ya veo qué valores nos quieren imponer. Me quedo con mi disfraz de fantasmita, lo siento.
Los Anti-Americanadas se limitan a decir que Halloween es un invento americano para sacar dinero -¿Qué dicen de San Valentín? ¿Y de los cumpleaños?- y que si se impone en España es porque somos perritos falderos de los de Obama. ¿Acaso saben que la fiesta es originaria de la cultura Celta? ¿Reciben regalos estas personas por Navidad o por Reyes? ¿O por ambas? Hipócritas.
Cuando uno defiende unos principios, que primero piense si los están cumpliendo. Hoy en día parece que los ideales de uno se pueden adquirir según las modas –Hoy soy vegetariano, mañana bisexual y al otro me hago falangista- y no según lo que es y vive en su entorno. Pues a todos ellos, por ser detractores de una fiesta oscura pero inocente, les doy mi odio.
Como habréis visto, hoy mi odio es francés. (Insisto, es el texto traducido)
Porque espero que los odiadores de las americanadas no sean también antigabachos, ¿no?
Feliz noche del miedo a todos.
Roberto S. Caudet








