
Había ganas de playbacks,
de ver nivel, competición, de disfrutar del último dijousos de la temporada y de ver bailes imposibles, vestuarios
carísimos, decorados faraónicos e interpretaciones de primera. La noche empezó con polémica, tras la
decisión de Junta Central Fallera de repartir pocas entradas al público fallero
“raso”, muy pocas para una final ansiada. Dentro de la sala, los que
tuvimos la suerte de disfrutar de una de esas entradas VIP, vimos cómo había
tanto espacio reservado como caras conocidas. No faltó nadie a la cita. Siete
comisiones se jugaban todo a una última carta, y la noche dio bastante de sí.
Había una parte alta de la tabla relativamente clara y unas últimas posiciones
que podían variar, pero que claramente no iban a por el primer premio. Aún así,
hubo sorpresas y, antes de comentarlas, no quiero olvidarme de las Fallas María Ros – Santo Tomás y Blocs –
Platja, para mí dos números que claramente estaban en la final aunque el
jurado no los valorase tan positivamente. Ahora sí: al lío.

La Falla Avenida de la Plata – General Urrutia no logró que su Embrujo de amor llegase a nuestros
corazones. Vinieron como novatos y, desde luego, levantaron algunas pasiones.
Un número acertado, aceptable y muy correcto, con pasos sencillos pero que se dejan
ver, interpretaciones que pueden mejorar pero que no son deficientes y con un
conjunto más que resultón, cantado en castellano y con dosis de flamenco
suficientes para que todos lo pasásemos a la final. Sin embargo, una vez aquí,
el número se vino abajo. Anoche no estuvieron cómodos, y se les notó. Quizá
fuesen los nervios, quizá que eran claramente menos en el escenario, pero había
huecos, carencias y mucha menos fuerza que en su semifinal. Para mí estaban
algo más arriba, pero no mucho más. Enhorabuena igualmente.
El sexto puesto se lo quedó la Falla Mercado de Castilla con su Cirque Doris, un número en francés bien
ejecutado aunque algo descoordinado anoche. No es un playback con muchas aspiraciones pero luce y no poco. Las varietés del Moulin Rouge convertidas en todo tipo de criaturas circenses
lograron animar al público y ofrecer, sin duda, la nota de color de la noche.
No fue el gran número, pero tampoco el peor. Poco a poco van mejorando y eso
siempre ha de premiarse. Espero que ellos también me premien a mí regalándome
uno de los pelucones de las leonas. Soy muy fan.
En la quinta posición quedó la Falla Santiago Rusiñol – Conde Lumiares con sus Tesoros de Broadway. Es el único número
que “se me coló” en la final, porque para mí no tenían tanta puntuación, y
aunque anoche estaban algo más crecidos y limpios, tampoco me pareció un playback de diez. A su favor, la gran
efectividad y velocidad de sus cambios de vestuario, su variedad espléndida de
música (y toda en castellano) y unas interpretaciones individuales muy
solventes. En su contra, un tema manido, poco innovador ya en este concurso y
con una puesta en escena global que tampoco fue exquisita.

Rozando el podio, pero en un escueto cuarto puesto, quedó la Falla Grabador Jordán – Escultor Pastor (La Fonteta). Para mí fue uno
de los grandes números de la noche, y yo les hubiera dado la medalla de bronce.
Estuvieron muy limpios con el número más divertido y jovial de la noche. Hay playbacks infantiles que pueden
resolverse muy bien con adultos y éste es uno de ellos. Hubo interpretaciones
magníficas, pasos coordinadísimos y bien vistosos y una escenografía que sin
ser demasiado pomposa, me satisfizo y mucho. Había ganas, ilusión y horas de
ensayo. Quizá les faltó ser más imponentes, pero en cualquier caso, yo los veía
más arriba. Felicidades a todo el grupo.
La Falla Pintor Salvador Abril – Peris y Valero (El
Quarantahuit) se llevó la tercera clasificación gracias a la versión más
italiana de Romeo y Julieta que se
haya visto sobre un escenario. Encima de él, un espectáculo trágico pero bien
resuelto, con una primera fila brillante y un grupo muy metido en su papel. No
había sonrisas, no les hacía falta. Aquí se representaba algo muy serio. Pasos
de baile bien marcados y perfectos para un público de frente. Efectivo y
correcto, pero para mí gusto, algo flojo. Me faltó más gente en el escenario en
algunos momentos, algo más de riesgo, más sincronización y una apoteosis mayor.
Para mí eran los cuartos, aunque finalmente tuvieron podio. Enhorabuena a todos.
Un regreso esperado y que confiamos que sirva para seguir ahí. De momento, yo
no me quito el Verona è qui, Verona
bella… de la cabeza.

El segundo puesto fue para la Falla Doctor Domingo Orozco – Bailén, que nos hizo
disfrutar a todos con sus monjas más corruptas. Un número maravilloso y
brillante, al que no le faltó humor, coordinación, un vestuario y decorado más
que adecuados y hasta una música precisa que venía perfecta. Estaban claramente
un escalón por encima del resto, y se notó. Tuvieron pequeños fallos que
supieron dejar atrás y convertirse en la auténtica medalla de plata de este
concurso. Un premio para recompensar todo lo que el año pasado sufrieron sus
integrantes que, desde dos comisiones diferentes, no lograron pasar a la Final. Este año han ido a por
todas, y lograron su merecida clasificación. Felicidades. Brutales.

Y, con permiso de todos los demás, el ganador no pudo ser
otro: la Falla Avenida Burjassot – Padre Carbonell demostró
coraje, fuerza y muchísimas tablas. Un grupo compacto que si el año pasado tuvo
un bache, este 2014 han sabido venirse arriba. Su semifinal ya los dejó como
claros favoritos y anoche repitieron con más eficacia todavía. El jovencito Frankenstein ha sido el gran
playback de este concurso, con un
diez en todos sus campos. Una interpretación magistral, unos pasos de baile
brutales, un vestuario más que sobresaliente y un decorado que se sobrevino
ante posibles caídas. Es, sin duda, el espectáculo más recogido de todos los
que hemos visto, y se mereció ganar. Chapó para todos y cada uno de ellos. Han
sido los mejores.
@RobertoSCaudet