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martes, 23 de diciembre de 2014

Esperanza Aguirre, candidata del PP a la Alcaldía de Madrid



La popular Esperanza Aguirre podría ser la nueva alcaldesa de Madrid, o al menos así lo quiere ella, ya que según informa en exclusiva el diario ABC este martes 23 de diciembre, la expresidenta de la Comunidad de Madrid habría anunciado al presidente del Gobierno y líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, su “disposición para ser candidata a la Alcaldía de Madrid”. Según las fuentes “cercanas a la presidenta del PP regional madrileño” citadas por el diario, “éste es el mensaje que está comunicando al partido”; ya que si Aguirre anunciaba hacía tiempo que dejaba la política en primera línea por temas personales y para poder disfrutar más de su familia, ahora parece que lo que echa de menos es el poder, y sabe que cuenta con apoyo, respaldo y fuerza suficiente para poder ser la nueva alcaldesa de Madrid.

Porque Esperanza Aguirre es uno de los políticos mejor valorados dentro del seno del Partido Popular. Es una mujer firme, conservadora, de convicciones que van al 100% con el partido y que, además, sabe expresarlas sin ningún tipo de pudor ni vergüenza. Desde hace unos meses la hemos visto pronunciarse como nunca antes, siendo clara y directa a los ciudadanos y a los medios de comunicación. Se ha presentado como una “Opción B” (como los sueldos) de la línea más aburrida y tedia del Partido Popular y ahora está dispuesta a coger el testigo que le deja Ana Botella y que, para mejorar, necesitará bien poco. Ella sabe quiénes son sus enemigos políticos y también qué clase de personas van a votarla, y se está esforzando bastante en que así sea.

Si hace unos años parecía que Esperanza Aguirre sería la primera mujer que se presentase a presidenta del Gobierno por el Partido Popular, ahora la carismática y ruidosa madrileña lo que quiere es ser la jefa de su ciudad, la capital de España. “No me quiero hacer de rogar para nada. Si quienes tienen que decir piensan que puedo ser un activo para el PP, estoy a su disposición”, dice ABC que ha pronunciado de su boca la presidenta popular tras el Comité de Dirección del PP de Madrid, asimismo que se ha pronunciado sobre que Ignacio González debería repetir como presidente de la Comunidad de Madrid. Sin duda, es una mujer de valores bien profundos, que se sabe líder y que domina el panorama mediático y social. Cuando habla, sube el pan; y ni la Operación Púnica ni tampoco su altercado de tráfico parecen frenarla políticamente. ¿Conseguirá, pues, su próximo objetivo?


@RobertoSCaudet






lunes, 9 de septiembre de 2013

"Relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor"



Escribo este artículo tomándome una relaxing cup of agua del grifo in mi ordenador, pensando en qué habremos hecho los españoles para merecer tanto castigo. Pero he encontrado la respuesta. Nuestro grandísimo sentido del humor nos ha llevado, en continua espiral, a olvidar quiénes somos, qué queremos y cómo hemos de conseguirlo. El último número montado por Ana Botella (la Pata Daisy de la política, tan rancia y sesentera que huele a perfume a granel) me ha dejado claro que hemos perdido completamente el norte. Y así no vamos a ir a ningún lado.

Recuerdo a todos los españoles que Ana Botella, mujer del expresidente José María Aznar, es la alcaldesa de la ciudad de Madrid, capital de España. Un cargo que logró sin ser elegida por los madrileños, ya que lo obtuvo a dedo una vez que su antecesor, el señor Gallardón, fue ascendido a ministro de Justicia. Esta señora que va de representante del pueblo español, y cuya máxima es separar las peras con las peras y las manzanas con las manzanas, ha logrado escapar de toda una trama corrupta que se coció en la boda de su hija, ha continuado en su cargo pese a la tragedia del Madrid Arena, durante la cual estuvo de vacaciones en Portugal y, ahora, se atreve a darnos lecciones de inglés.

No voy a mofarme de su increíble acento anglosajón, sólo superado por Bienvenida Pérez, porque, muy probablemente, la gran mayoría de españoles tampoco habría podido igualarla en un discurso de semejantes características. Claro que la gran masa nacional no ostenta un cargo público ni plantea aparecer en las televisiones de todo el mundo. Pero lo cierto es que Ana Botella apareció con un discurso aprendido de memoria, en un idioma que claramente no domina, y para mí ya es más de lo que han sabido hacer la mitad de los políticos –y el propio Rey- en toda su vida. Ante esto, la aplaudo.

Lo que voy a criticar (entre otras cosas) es esa vanidad nada escondida, esa sonrisa de estar encantada de haberse conocido, de saberse la mejor, más guapa y más inteligente de todo el globo terráqueo que destila la señora Botella durante su discurso, infumable y vacío en su totalidad. Me preocupa pensar en qué equipo de asesores tendrá que la han guiado tan mal, si es que ella hace caso a alguien, para hacer una comparecencia pública tan ruinosa y patética. Ese “relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor” fue sólo la guinda de un pastel penosamente interpretado, en el que Ana Botella finge ser una cuenta cuentos y presupone que su público son niños de dos años. Pocos se han fijado en que, además, termina su aparición estelar con un “muchas gracias” en perfecto español. Faltaría más.

Pero esta estupenda señora, que ya se perfila como nuestra candidata para dar los votos en Eurovisión en 2014 (porque seguro que a Madrid sí le toca darlos) ha logrado su objetivo. ¿Qué cuál es? Distraernos de lo que realmente importa. Somos el hazmerreír del mundo entero. Nadie nos toma en serio. Las continuas bromas desde dentro del país, los artículos, las fotografías, montajes y hasta los remixes que ya tiene su frase lo dejan bien patente. ¿Acaso nadie se acuerda de que estaba allí para intentar lograr unos Juegos Olímpicos para España?

¿Qué ocurre ahora con las infraestructuras que hay a medio construir? ¿Y con las que están ya hechas pero vacías? ¿Quién va a responder por el gasto que hemos dedicado a intentar ser la sede de unos JJOO por tercera vez ya, con idéntico resultado negativo…? ¿Por qué en lugar de tongos y manos negras no se piensa en las causas que nos ha llevado a ser eliminados, por detrás incluso de Estambul? Es más, ¿qué hacía Amaia Salamanca allí si no es absolutamente nadie? ¿Y por qué lloraba? ¿Se puso mal el tampón o es que no logró enseñarles a los miembros del COI como ponerse el suyo? Son todo preguntas sin respuesta, que nadie se preocupa por averiguar ni por responder actualmente.

Porque, una vez más, ante la desgracia, los españoles sacamos una sonrisa. Y nos conformarnos en burlarnos de los que están peor que nosotros. Ya sea por no tener Juegos, por pronunciar peor en inglés o por estar casada con Aznar. El caso es que por más que nos sacudan, sólo nos reímos y no reaccionamos. Yo os lo digo. No nos han dado los Juegos Olímpicos porque la comitiva que llevamos, cara al resto del mundo, era una comitiva corrupta.

Allí estaban Ana Botella, Rita Barberá, la Casa Real… Todavía recuerdan esas bolsas de sangre que se descubrieron en nuestro país. Un país en el que hay cientos de miles de casas vacías, propiedad de unos bancos que lloran y no conceden créditos mientras sus directores se suben los sueldos. Sueldos que el resto del país sigue reduciéndose, a la espera de que algo mejore. Los que tenemos sueldo, porque casi un 30% de la población activa no tiene sueldo, ya que no tiene trabajo con el que poder alimentarse y seguir viviendo. Porque el resto del mundo sí ve nuestros desahucios. Conoce nuestra deuda. Ha oído hablar de la cantidad de políticos imputados que siguen en sus puestos y que dan falsas lecciones de moral.

Y me viene la Botella diciendo que se toma una “relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor”. A mí no me altera que diga “café con leche” en español. Lo que me preocupa es que se tome su taza de café de forma “relaxing”, cuando debería de estar inquieta por sacar a su país de la crisis ya de una vez y empezar a mirar lo que tiene dentro, que está pudriéndose cada vez más. Porque España no es un juego. Nuestra situación es una jodida realidad.

FELIZ DÍA DEL ODIO A TODOS.




viernes, 10 de septiembre de 2010

Daisy es la Ana Botella de las patas Disney


Leía yo a la genialísima Lady Vengeance en su brillantísimo blog “Because we love making movies” cuando me di cuenta de lo mucho que me sacan de quicio algunos de los personajes de Disney. Del mismo modo que no tengo miedo a confesar que Hércules es mi película favorita de la compañía, y que Megara, Cruela De Vil, Dory, Úrsula y la Señora Potts son mis personajes preferidos, también creo que hay algunos de los protagonistas de la factoría que son, como poco, destruibles. Denunciables. Desquiciantes. Asquerosos. Infumables. Vamos, que espero que no se cumpla aquello de que el autor siempre se plasma en sus obras, porque entonces voy a terminar pensando que el señor Walt Disney era un depravado.

Y no será por falta de pruebas. Todos habréis escuchado hablar de la mítica “intromisión” en la versión castellana de Hércules. Digo castellana porque sólo se escucha la frase en la película doblada en español de España (y olé). Exacto. En la escena en la que Hércules está siendo retratado y un enorme grupo de fans destroza la puerta para acosarle, se puede escuchar de manera muy nítida un “Quiero fo-llar-le” por parte de una de las locazas que invaden la habitación. Pero aún así siempre he pensado que Walt Disney era un señor serio. Aunque sus personajes más clásicos también tenían sus puntitos

Empezaré con Mickey Mouse. El ratón Mickey. La rata de alcantarilla llamada Miguel, para entendernos. Cualquier analista me daría la razón si me atreviese a afirmar que Miguel Ratón era un gayer enorme. Un homosexual frustrado. Una locaza reprimida. Algo así como la cantante Bebe, pero en ratón. Pruebas concluyentes me han demostrado que en realidad él fingía ser posesivo con Minnie para aparentar una actitud de macho ibérico. Pero en realidad a Miguel Ratón le habría gustado hacérselo con el príncipe de La Cenicienta.

Esa voz tan aguda sólo podía significar que utilizaba no uno, sino cuatro calzoncillos de dos tallas menos para que no se le notara la felicidad al ver la cinta de la pequeña huérfana esclavizada que se convierte en princesa después de perder un zapato. Un misterio que habrían resuelto en cinco minutos y medio si el doctor Horatio Kane, de CSI Miami, hubiera estado en esa fiesta. Pero Mickey no era el único que escondía algo en su vida.

Minnie, su mujer, es una snob tremenda. Esa rata estúpida que se pasea el día con un lazo en su cuerpo porque en el fondo es una cursi, una aburrida, una infeliz que en su interior sabe que su marido preferiría acostarse con el Tío Gilito antes que con ella. ¿Y por qué lo sabe? Aunque se refugia en su única amiga, es consciente de que Miguel Ratón no le da hijos. No tienen relaciones sexuales desde que alguien los pintó en color la primera vez. Y lo peor, Minnie ha descuidado tanto su vida íntima que ni siquiera se ha dado cuenta de que su perro es bulímico.

No os creáis que Pluto es un perro cualquiera, no. Si tuviéramos que clasificar a Pluto en una raza canina, todos pensaríais que es un galgo con unas orejas muy grandes. Pero no es cierto. Pluto era un shar pei gordísimo, hasta que se dio cuenta de que en América lo infravaloraban por sus kilitos de más. Y empezó a ir al baño cada vez que le bajaban el cuenco con el pienso. Pluto intentó ser como Goofie, hasta se dio unos rayos UVA. Pero no surgió efecto. Lo que el pobre perro de Miguel no sabía es que su problema era no saber andar a dos patas. Lástima que nunca se diera cuenta. Tanto vomitar, perdió las neuronas entre tirar y tirar de la cadena.

Perdón, quise decir cisterna. No vaya a ser que la estúpida insulsa de Daisy me escuche. Porque esa pata pija hasta decir basta, esa primera imagen de señoras al estilo Carmen Lomana, tiene refinado y cursi hasta su propio nombre: Margarita. Para los que no sepáis inglés, Daisy significa Margarita. Aunque la buena pata, de flor tiene poco. Grosera, maleducada, mandona y descerebrada, Daisy es, sin duda, una pata chapada a la antigua. Es la Ana Botella de las patas. ¡Normal que luego al pobre Donald no se le entienda cuando habla! Lo tiene ninguneado, lo abandona totalmente. El pobre pato no tiene ni voz ni voto en esa casa.

No os creáis que los “clásicos” son los únicos personajes Disney que esconden algo… Hasta mi queridísima Úrsula tiene un lado terrible. ¿Alguien recuerda cómo es el escote de la señora pulpo? ¡Exacto, no tiene! Nunca se lo dibujaron, porque no tiene. En realidad los pechotes de Úrsula son un postizo cualquiera. ¡Porque Úrsula en realidad es un hombre! Poooor eso quería la voz de Ariel, La Sirenita, porque es lo único que la identifica todavía como un travesti. Una transexual. Úrsula es La Veneno del mar. Ni siquiera se ha dejado el pelo largo para fingir que tiene vajinita. ¡Oh, señor, si Erik lo supiera…!

¿Y qué me decís de Bella? Para empezar, ¿es necesario que se haga llamar a sí misma de esa manera tan arrogante? Es vanidosa, es altanera… es una farsante. Todos podemos comprobar como la francesa habla con armarios, platos y candelabros... La trilogía de La Bella y La Bestia en realidad es toda una mentira. Es como Los Serrano. Luego resulta que en la cuarta película que no se llegó a publicar nunca, Bella, en realidad, se despertaba después de haber estado fumando porros toda la noche. Se daba cuenta de que La Bestia que tenía a su lado era Kate Moss y que había hecho un cuadro en su casa con tanto “qué festín” y narices. En realidad ella misma había vendido a su padre por dos gramitos de coca y si vivía con tantos libros era para tener siempre a mano algo de papel con que poder liarse un peta. De hecho, me cuentan que Bella irá a la próxima edición belga de Hermano Mayor.

Y, ya para la próxima ocasión, os cuento la realidad sobre Blancanieves y su prostíbulo en el que obligaba a los siete enanos a tener relaciones sexuales con ancianas y altos cargos del Partido Popular de Mallorca. Un auténtico desfase. Como habéis observado, Disney nunca es lo que parece. Los mensajes subliminales y las dobles caras siempre han estado a la orden del día y los auténticos personajes, como el Pato Donald, al que tanto admira Lady V, acaban quedándose traumatizados de por vida y terminan suicidándose o peor. Ay, si Michael Jackson no hubiera visto nunca Peter Pan… Hoy, Odio a Disney y los traumas infantiles que ha creado. Sí, señor.

Feliz Día del Odio y de las apariencias que engañan.
Como dicen por ahí, ¡sed felices, pero no idiotas!

Roberto S. Caudet