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lunes, 15 de noviembre de 2010

El hombre es un lobo para la mujer


El sumo ilustrísimo alcalde de Valladolid, don Francisco Javier León de la Riva, comentaba hace ya unos días lo mucho que le sugieren los “morritos” de la actual ministra de Sanidad, Leire Pajín -esa gran ministra-. Al menos, este señor, soez hasta el machismo más absoluto, no se rebajó a bromear con el chiste fácil que forma el apellido de la hasta ahora portavoz del PSOE. Démosle gracias pues, solicito. El machismo y la misoginia continúan siendo dos grandes enfermedades –y digo enfermedades porque hay que cursarse de ellas- de este nuevo siglo.

La mujer ha evolucionado, más rápidamente que algunos hombres, como ya ocurriera con Gaudí cuando le dio por diseñar Parques Güell con salamandras de azulejos; y la sociedad se les ha quedado muy desfasada a estas mujeres evolucionadas –como los Pokémon-, pese a las leyes que todos los gobiernos occidentales han creado para la igualdad de sexos. Para muchos hombres (y también algunas doñas) la buena señora seguirá siendo aquella que madruga cada día para cocinarle un buen estofado a sus maridos y su vida tiene como fin absoluto el cuidar a los niños y plancharles las camisas de sus uniformes de colegio de curas.

Comentarios tan afortunados como el del señor León de la Riva me hacen entender por qué, todavía hoy, no hay mujeres que puedan oficiar una misa. Por qué a las monjas y catequistas sólo se les permite dar la comunión a los creyentes. El país en el que vivimos se las da de moderno, de democrático y liberal, pero el recién suprimido Ministerio de Igualdad no ha servido para casi nada. Y no es culpa de Bibiana Aído. Ni de sus fetos ni prótesis mamarias. La realidad es que las mentes e ideologías no se pueden cambiar con una normativa, si bien sí permiten éstas castigar al que obra mal.

Resulta igualmente intolerable escuchar comentarios vejatorios hacia una mujer, a la que se le sigue considerando un mero “oscuro objeto de deseo”, que dirían los de Ron Barceló. Pero no es necesario pensar en una mujer adulta para comprobar un machismo todavía muy vivo. Los primeros anuncios de juguetes ya empiezan a emitirse, y en ellos es muy fácil comprobar cómo los niños juegan con coches, y destruyen y golpean a los villanos como auténticos héroes; mientras que son ellas las que hacen cocinitas, juegan a vestirse, maquillarse y peinarse. E incluso tienen su propio carrito de la limpieza. Por muchas campañas de igualdad, ella será siempre la tierna niña de rosa que necesita a su príncipe salvador.

Y en eso, los cuentos infantiles han ayudado mucho. Muchísimo. Me habría encantado ver cómo Blancanieves obliga a sus siete enanitos a que le planchen su pomposo vestido amarillo mientras le hacen un masaje. E incluso prueban la manzana por ella. O cómo la Bella Durmiente se quedaba dormida al coger el maletín en el que mete su portátil de ejecutiva malota en lugar de pincharse con una rueca. Y que al ser despertada por el Príncipe con un beso, lo abofeteara y le llamara descarado. O, por qué no, que fuera despertada por otra princesa. Mulán, mismamente. Sin embargo, en cuanto el Príncipe Felipe besa a Aurora, la posee para siempre. Porque las mujeres no son seres humanos –claro está- y son propiedad de los hombres… ¿Pero quién se había creído el Felipe ése? Ay si se hubiera encontrado con Tomb Raider equivocadamente…

Si Hobbes levantase la cabeza, muy probablemente deduciría que “el hombre” no es “un lobo para el hombre”, sino que lo es para la mujer. Hasta el propio término lobo en femenino tiene claras connotaciones negativas. Porque, queridas lectoras, la Real Academia de la Lengua Española no es mucho más solidaria con el sexo femenino: perro y perra, zorro y zorra, hombre público y mujer pública… Hasta las expresiones más vulgares (algo “cojonudo” -uououó- y un “coñazo”) dejan patente que la mujer continúa necesitando más de una lucha para ser considerada igual que un hombre. Y eso, como decía al principio del blog, eso es algo que realmente Odio. ¿Sabéis qué? Roma no se construyó en dos días, pero claro, no había mujeres en su obra. Ni al mando de ella.

Nos vemos el miércoles, y perdonad por el retraso de publicar hoy y no ayer domingo. Hasta entonces:

¡FELIZ DÍA DEL ODIO A TODOS!