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viernes, 10 de septiembre de 2010

Daisy es la Ana Botella de las patas Disney


Leía yo a la genialísima Lady Vengeance en su brillantísimo blog “Because we love making movies” cuando me di cuenta de lo mucho que me sacan de quicio algunos de los personajes de Disney. Del mismo modo que no tengo miedo a confesar que Hércules es mi película favorita de la compañía, y que Megara, Cruela De Vil, Dory, Úrsula y la Señora Potts son mis personajes preferidos, también creo que hay algunos de los protagonistas de la factoría que son, como poco, destruibles. Denunciables. Desquiciantes. Asquerosos. Infumables. Vamos, que espero que no se cumpla aquello de que el autor siempre se plasma en sus obras, porque entonces voy a terminar pensando que el señor Walt Disney era un depravado.

Y no será por falta de pruebas. Todos habréis escuchado hablar de la mítica “intromisión” en la versión castellana de Hércules. Digo castellana porque sólo se escucha la frase en la película doblada en español de España (y olé). Exacto. En la escena en la que Hércules está siendo retratado y un enorme grupo de fans destroza la puerta para acosarle, se puede escuchar de manera muy nítida un “Quiero fo-llar-le” por parte de una de las locazas que invaden la habitación. Pero aún así siempre he pensado que Walt Disney era un señor serio. Aunque sus personajes más clásicos también tenían sus puntitos

Empezaré con Mickey Mouse. El ratón Mickey. La rata de alcantarilla llamada Miguel, para entendernos. Cualquier analista me daría la razón si me atreviese a afirmar que Miguel Ratón era un gayer enorme. Un homosexual frustrado. Una locaza reprimida. Algo así como la cantante Bebe, pero en ratón. Pruebas concluyentes me han demostrado que en realidad él fingía ser posesivo con Minnie para aparentar una actitud de macho ibérico. Pero en realidad a Miguel Ratón le habría gustado hacérselo con el príncipe de La Cenicienta.

Esa voz tan aguda sólo podía significar que utilizaba no uno, sino cuatro calzoncillos de dos tallas menos para que no se le notara la felicidad al ver la cinta de la pequeña huérfana esclavizada que se convierte en princesa después de perder un zapato. Un misterio que habrían resuelto en cinco minutos y medio si el doctor Horatio Kane, de CSI Miami, hubiera estado en esa fiesta. Pero Mickey no era el único que escondía algo en su vida.

Minnie, su mujer, es una snob tremenda. Esa rata estúpida que se pasea el día con un lazo en su cuerpo porque en el fondo es una cursi, una aburrida, una infeliz que en su interior sabe que su marido preferiría acostarse con el Tío Gilito antes que con ella. ¿Y por qué lo sabe? Aunque se refugia en su única amiga, es consciente de que Miguel Ratón no le da hijos. No tienen relaciones sexuales desde que alguien los pintó en color la primera vez. Y lo peor, Minnie ha descuidado tanto su vida íntima que ni siquiera se ha dado cuenta de que su perro es bulímico.

No os creáis que Pluto es un perro cualquiera, no. Si tuviéramos que clasificar a Pluto en una raza canina, todos pensaríais que es un galgo con unas orejas muy grandes. Pero no es cierto. Pluto era un shar pei gordísimo, hasta que se dio cuenta de que en América lo infravaloraban por sus kilitos de más. Y empezó a ir al baño cada vez que le bajaban el cuenco con el pienso. Pluto intentó ser como Goofie, hasta se dio unos rayos UVA. Pero no surgió efecto. Lo que el pobre perro de Miguel no sabía es que su problema era no saber andar a dos patas. Lástima que nunca se diera cuenta. Tanto vomitar, perdió las neuronas entre tirar y tirar de la cadena.

Perdón, quise decir cisterna. No vaya a ser que la estúpida insulsa de Daisy me escuche. Porque esa pata pija hasta decir basta, esa primera imagen de señoras al estilo Carmen Lomana, tiene refinado y cursi hasta su propio nombre: Margarita. Para los que no sepáis inglés, Daisy significa Margarita. Aunque la buena pata, de flor tiene poco. Grosera, maleducada, mandona y descerebrada, Daisy es, sin duda, una pata chapada a la antigua. Es la Ana Botella de las patas. ¡Normal que luego al pobre Donald no se le entienda cuando habla! Lo tiene ninguneado, lo abandona totalmente. El pobre pato no tiene ni voz ni voto en esa casa.

No os creáis que los “clásicos” son los únicos personajes Disney que esconden algo… Hasta mi queridísima Úrsula tiene un lado terrible. ¿Alguien recuerda cómo es el escote de la señora pulpo? ¡Exacto, no tiene! Nunca se lo dibujaron, porque no tiene. En realidad los pechotes de Úrsula son un postizo cualquiera. ¡Porque Úrsula en realidad es un hombre! Poooor eso quería la voz de Ariel, La Sirenita, porque es lo único que la identifica todavía como un travesti. Una transexual. Úrsula es La Veneno del mar. Ni siquiera se ha dejado el pelo largo para fingir que tiene vajinita. ¡Oh, señor, si Erik lo supiera…!

¿Y qué me decís de Bella? Para empezar, ¿es necesario que se haga llamar a sí misma de esa manera tan arrogante? Es vanidosa, es altanera… es una farsante. Todos podemos comprobar como la francesa habla con armarios, platos y candelabros... La trilogía de La Bella y La Bestia en realidad es toda una mentira. Es como Los Serrano. Luego resulta que en la cuarta película que no se llegó a publicar nunca, Bella, en realidad, se despertaba después de haber estado fumando porros toda la noche. Se daba cuenta de que La Bestia que tenía a su lado era Kate Moss y que había hecho un cuadro en su casa con tanto “qué festín” y narices. En realidad ella misma había vendido a su padre por dos gramitos de coca y si vivía con tantos libros era para tener siempre a mano algo de papel con que poder liarse un peta. De hecho, me cuentan que Bella irá a la próxima edición belga de Hermano Mayor.

Y, ya para la próxima ocasión, os cuento la realidad sobre Blancanieves y su prostíbulo en el que obligaba a los siete enanos a tener relaciones sexuales con ancianas y altos cargos del Partido Popular de Mallorca. Un auténtico desfase. Como habéis observado, Disney nunca es lo que parece. Los mensajes subliminales y las dobles caras siempre han estado a la orden del día y los auténticos personajes, como el Pato Donald, al que tanto admira Lady V, acaban quedándose traumatizados de por vida y terminan suicidándose o peor. Ay, si Michael Jackson no hubiera visto nunca Peter Pan… Hoy, Odio a Disney y los traumas infantiles que ha creado. Sí, señor.

Feliz Día del Odio y de las apariencias que engañan.
Como dicen por ahí, ¡sed felices, pero no idiotas!

Roberto S. Caudet