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sábado, 9 de febrero de 2013

Duele




Hace apenas 8 meses escribía el artículo que más me ha costado escribir en este blog. Un post de despedida para mis compañeros de Canal 9. Esos periodistas y compañeros, maestros, amigos, profesionales ante todo. Me dejé un texto por publicar. Un párrafo que aunque escribí, no me atreví a ponerlo en mi blog. Yo censurándome a mí mismo. Así es. Me parecía una falta de respeto para ellos. Pero hoy me da bastante igual. Hoy es uno de esos días en los que necesitas explotar por algún lado, y yo suelo hacerlo escribiendo…

Cuando hace 8 meses me despedía de mis compañeros, uno por uno, con fuertes abrazos sinceros y más de un beso, tuve que soltar una lagrimita (quizá unas docenas…). Pero no era por irme yo. Qué va. Cuando entré como becario en formación en Canal 9 tenía clara mi finalidad en esa empresa. Sabía cuál era mi misión y era muy consciente de en qué empresa me había metido y cómo le iban las cosas. Sabía que mi contrato, posteriormente renovado, volvía a tener una fecha final y que ese día ya no habría vuelta de hoja. No habría un plató, un vídeo, una entrevista, un café irlandés, un speech, una reunión de buena mañana con ojeras disimuladas, una coca de llanda, un gato con botas… Qué va. Pero sabía que seguiría viéndoles a todos y cada uno de ellos en la tele. Sabía que ellos seguían ahí. Pero sabía que tampoco iba a ser por mucho tiempo.

Hace 8 meses pensé: yo no estoy triste por dejaros a vosotros en la redacción. Estoy triste porque sé que, si algún día volviese, no estaríais ni la mitad, ni un tercio. Que os deparaba el mismo final que a mí a muchos de vosotros. Y esa angustia fue aletargándose, atrasándose. Noticias que llegaban de cualquier medio externo, pero no desde la propia empresa. Finalmente, la decisión de comunicar los más de 800 despidos de Canal 9 ha sido un e-mail. Un mísero, cobarde y jodido e-mail. Así es como un medio de comunicación ha decidido dejar tirada a más de la mitad de su plantilla. Se van auténticos maestros de la comunicación, os lo aseguro. Del primero al último. Son todos grandes, enormes. Y estar viendo durante toda la mañana sus tuits, whatsapp y mensajes en Facebook es verdaderamente horrible. Algunos son muy directos, otros prefieren ser más sutiles. Pero todos duelen.

Ocho meses después, puedo decir, muy orgulloso, que ha sido un auténtico placer trabajar con una verdadera familia. Y que si de mí dependiese volver a trabajar en la tele, los querría a todos a mi lado. A todos. Llamadme niño inmaduro, decid que es una pataleta, pero hoy estoy mucho más triste por ellos que el día que me fui yo. Porque ellos no se lo merecen. Porque ellos no tienen la culpa. Porque están pagando la mala gestión de cuatro egoístas sin escrúpulos que sólo buscan hacer caja. Y si la caja fuerte está en Suiza, mejor. Porque son personas, que a veces se nos olvida. Porque es muy injusto. Porque me siento impotente de ni siquiera poder decirles que lo siento. De no poder hacer nada. Porque son los mejores.

#No a l’ERO

domingo, 17 de junio de 2012

Periodistas, compañeros, amigos


Hace ocho meses un becario cruzaba por primera vez la doble puerta de cristal que separa el edificio de RTVV de la calle. Tenía una mezcla de sentimientos encontrados, desde la alegría y la euforia hasta la sorpresa y los nervios de ese primer día de trabajo. Lo acompañaba Dolly, otra becaria que ya había pasado por su misma situación y que le aconsejaba en esos primeros momentos de incertidumbre. No habían dado ni diez pasos cuando se encontraron al primero de los periodistas: Steve Wallace. Andaba despreocupado y ocultaba su mirada con unas gafas de sol. El destino quiso que becario y periodista tuvieran que trabajar juntos ese mismo día.

Esa sería la vida laboral de este becario durante las primeras semanas. Debía seguir a los periodistas de la casa para poder aprender de ellos, enriquecerse y adquirir las rutinas de trabajo propias del medio en que seguiría unos meses más. Así, este becario pudo comprobar la eficacia de Steve Wallace, del que decían que hacía “magia en sus vídeos”. También la rigurosidad y profesionalidad de Clara Bonet, una gran periodista que no tuvo ningún reparo en compartir su sabiduría y buen hacer con el becario; una profesional inmejorable y una bellísima persona, sin duda. Acompañó a la siempre sonriente Anna Moure, un valor seguro y muy productiva. Se dejó llevar por los buenos consejos de Fernando Bellón y de Amparo Mallén, dos grandes personalidades con los que, además, pudo compartir risas y momentos divertidos.

Pero no sólo aprendía en las salidas que hacía junto a los buenos periodistas de Canal 9. También el resto de compañeros, en la propia redacción, le mostraban cómo debía editar las piezas, cómo manejar los programas, cómo conseguir imágenes de documentación… Este becario nunca podrá olvidar la eterna sonrisa de Vero Ibáñez mientras le explicaba, con toda la paciencia del mundo, cada tecla del ordenador y sus funciones. También la dedicación de Sandra Martorell durante los primeros días. La pobre trabajaba justo a su lado y tuvo que aguantar más dudas que nadie. Dudas que también le solucionó Rebeca Valor, tan dulce como maravillosa, tan experta como sencilla. Cualidades que tampoco le faltan a Nacho Olmedilla, ese gran compañero con el que compartió tantos almuerzos como buenos momentos. Claro que para momentos divertidos ahí estaba Paula Lerma. Sus vídeos eran tan geniales como entretenidos. Cada fragmento tenía su firma e identidad, su sello propio. Se la reconocía a años luz. Ahí se distingue a los mejores.

No menos importantes fueron Víctor Rey y Montse Catalá. El primero le enseñó con su saber estar y con su corrección en el trabajo. Con la segunda compartió algún gran vídeo en conjunto. De ella aprendió la exquisitez y el buen gusto en la edición y montaje. Claro que éstas son dos definiciones que comparte con Lorena Coso. Una de sus grandes mentoras. Con ella vivió la tensión de un directo, o quizá la ausencia de tensión. Lorena es capaz de hacer fácil lo más complicado, y con ella el trabajo salía rodado y siempre perfecto. Perfectas son también Lola Bañon y Paloma Insa. De ellas intentó extraer su cadencia inmejorable a la hora de locutar los textos de sus vídeos. Escucharlas a ambas es pura melodía.

Más que melodía, toda una canción podría componer este becario con las palabras de cariño que siempre le ha dedicado Lidia Arenós. Una periodista siempre dulce, atenta y dispuesta a ayudar a los demás. Igual que Esther Roig, más que compañera, una madraza. Siempre con buenos consejos. Perseverante, solidaria y muy sabia. Aunque para sabia siempre podrá contar con Mónica Arnau, periodista económica. Al becario los números nunca le gustaron, así que valora su trabajo como el que más. Porque además Mónica es completamente entretenida y siempre se mostró atenta con él. Casi tan atenta o más que su tocaya, Mónica Antequera. Desde el principio lució una sonrisa de oreja a oreja y no dudó en pasarle algunos contactos para sus temas. Especialmente cañera, y muy jovial, Antequera tiene una deuda pendiente con él: presentarle a Maxim Huerta. El que no tiene que saldar ninguna deuda, sino quizá más bien al contrario, es Miquel Àngel Escutia. Escutilú, como lo llama el becario feliz, es uno de esos periodistas omnipresentes aunque nunca está cuando se le busca. Eso sí, jamás te falla cuando lo necesitas.

Tantas veces necesitó este becario a Toni Reig que ya se le han olvidado. Experto en el periodismo internacional, cantante polifacético y con un bolso precioso. Sin duda, él le amenizo muchas sobremesas. Él y Consuelo Calabuig, sin duda. Ella es una de sus favoritas, aunque él no se lo ha dicho nunca. Sus foulards son tan divinos como su manera de expresarse. Con un gusto refinado y una voz preciosa. Precisamente la voz, que no su cara, es lo que el público distingue mejor de Eva Tarazona, Carolina Navarro, Esperança Camps y Conchita Corbacho. Inmersas en el terreno político y en las noticias nacionales, resulta difícil verlas en pantalla. Pero que no os engañen, porque las cuatro son magníficas profesionales y es un gustazo disfrutarlas en persona.

Con el que este becario no disfrutó tanto, por falta de tiempo más que de ganas, fue con Iñaki Espeso. Un periodista intachable, un bilbaíno de raza, con clase y elegancia, tranquilo pero eficaz. También faltó tiempo con los periodistas más espontáneos. Esos que aparecían en casos especiales o porque hacían “la ronda” de entre semana. Manu Lajarín, Paco Pérez, Rafa Salom, Alba Camañas, Germà Estela… De todos guarda buenos recuerdos y experiencias. Menos experiencias, por motivos obvios, compartió el becario con los realizadores, montadores y cámaras. Aunque a todos ellos agradece su dedicación y su ayuda siempre que la ha necesitado. Especialmente a Iñaki, Rubert, Antonio Elegido y David Fajardo. También a las chicas de producción. Especialmente a la divertidísima Helena y a la amorosa (porque es un amor) Ana C.. A Yolandus también, sin duda. Lo que este becario se va sin averiguar es, precisamente, quién de todas ellas le puso el mote de “gato con botas”.

Claro que… para ponerse las botas siempre tenía la máquina de café. El café irlandés fue un gran descubrimiento de Lorena. Las máquinas de dulce y salado también tenían su punto. Especialmente cuando Paula cogía un Choleck… Incluso cuando Paula hacía subir al becario a deportes a por ese maldito Choleck. Pero donde siempre comió, fue en la cafetería. Allí estaban siempre las Consuelos. Y que sigan por mucho tiempo, espera. Especialmente Consuelo madre, a la que el becario le manda todo su apoyo y le desea una mejoría rápida. Los que no necesitan mejorar son los siete magníficos presentadores del fin de semana. Paloma Insa y Empar Recatalà son tan dulces como adorables. Jordi Payà es un grandísimo profesional y siempre parece estar súper feliz, aunque el resto lo odiemos cada vez que anuncia lluvias. A Vicent Sempere le manda un Mandinga rumano dándolo todo, él ya sabe por qué. Y a Susanna Remohí le manda el mayor de los abrazos y una sonrisaza de las que ella le lanza cuando lo ve. Una lástima no coincidir más con ambos.

Pero sus dos presentadores de verdad son Vicent Juan y Eva Altaver. A los dos los aprecia absolutamente. Son tan buenos que cualquier cosa que diga de ellos parece tópica y se queda corta. Pero es que es muy muy fan de ellos. De verdad. A Vicent le agradece, especialmente, su constancia en Twitter y esas buenas palabras que le dedica siempre. También por Twitter manda otro abrazo especial a Fani Grande. El último día fue el que más habló con ella. Cosas de la vida. Pero a ella también le agradece de todo. Y la anima a seguir escribiendo, sin duda. Igual que anima a seguir trabajando a sus dos becarias. Naturalmente no son de su propiedad, pero este becario es muy suyo y cuando ellas no están, él pregunta sin que lo sepan: “¿dónde están mis becarias?”. Elisa y Paula, sois las mejores compañeras que un becario podría tener. Que tengáis mucha suerte ambas y que triunféis muchísimo. Nunca dejéis de aprender. Tampoco vosotros, José y Alicia, sois completamente adorables. Gracias por todos esos momentos vividos.

Y de las becarias pasa a los jefes. Los editores. Aunque han sido cuatro a dos a favor del sexo femenino. Siempre recordará la rectitud pero amabilidad de María Rodrigo. Los guiños por el pasillo de Cristina Bonet, a quien, por cierto, le confiesa ahora que adora su vestido negro y azul con un estampado como a cuadros que llevó en un par de ocasiones en invierno. También se acordará de Sonia Silvestre y Carles Figuerola, que han sido sus jefes a tiempo parcial y esporádico pero aún así le han ayudado a crecer como profesional y le han hecho sentirse útil. También a Marta García, esa adicta a Gran Hermano con una personalidad tan arrolladora como adictiva. Con ella brinda por muchos mensajes más por Twitter y Facebook y por el inminente nacimiento de su primera hija.

Aunque para familia, se queda con Luis Miguel del Baño, Luismi. Él ha sido como su hermano mayor. Un jefe ideal de esos que a todos les gustaría tener y al que en rara ocasión le pudo poner un pero. Él le hizo valorar su trabajo y sentir más apasionante la profesión de periodista. Para él sólo tiene palabras de puro agradecimiento por confiarle tantas cosas. Por confiar en él. Por dedicarle su tiempo. Por todo en general.

Y a todos en general. Gracias. Es altamente probable que este becario olvide algún nombre, y eso que ha hecho cuatro listas diferentes para ir comprobando y evitando que ocurriese. Así que si lo hace, pide que le perdonen. De hecho, y aunque no se olvide de nadie, pide que le perdonen igualmente. Por sus fallos. Por sus torpezas. Por sus errores y sus preguntas en exceso. Si ha sido pesado o tardón. Si ha sido molesto o agobiante. Pide disculpas por todo. Pero volvería a hacerlo otra vez.

Volvería a vivir estos ocho meses sin cambiar ni un solo segundo. Así que este becario, yo mismo, escribe este texto con pesadez y con dificultad. Pero con alegría y emoción. Es su despedida, pero no es su momento. Es el de todos los demás. Éste es mi pequeño regalo para todos vosotros, compañeros, amigos. De todo corazón y con toda sinceridad. Gracias. Y suerte, mucha suerte a todos.

….FELIZ DÍA DEL ODIO A TODOS!!

Roberto S. Caudet

miércoles, 29 de febrero de 2012

Un nuevo periodismo


La guerra es la viva imagen de la decadencia máxima del comportamiento humano. Un claro desentendimiento entre sociedades que conlleva a la destrucción y la muerte. Si las primeras guerras se organizaban mediante el llamado “cuerpo a cuerpo”, ahora se pueden maniobrar desde la distancia. Aviones y misiles de gran alcance resultan mucho más devastadores que cientos de hombres armados con arco y flechas, como antiguamente. Aún así, una guerra suele tener varios escenarios claros y, entre ellos, siempre destaca el lugar en que caen las bombas o se dispara a más personas.

Con este panorama descrito, informar de lo que sucede en una guerra resulta una tarea muy complicada. En algunos casos, verdaderamente imposible. Los periodistas hemos conseguido hacer creer a las personas que la verdad siempre es accesible y se puede ofrecer mediante un artículo escrito en un papel, un mensaje por radio o unas imágenes en un informativo televisivo. Desde descubrimientos científicos hasta las fiestas de un pueblo recóndito. Todo parece estar al alcance de los periodistas. Incluso las guerras. Y a crear esta imagen ha ayudado la industria de Hollywood, con sus películas de propaganda del ejército norteamericano. Títulos como El halcón de los mares (1940), 7 de diciembre (1943),  Top Gun (1986) o, incluso, Buenas noches y buena suerte (2005) son un perfecto ejemplo de ello. Vanagloria de los soldados americanos y defensa del buen periodismo por encima del bien y del mal.

Las batallas contadas como anécdotas (pese a los ingredientes obvios de tragedias) facilitan que lleguemos a pensar que los periodistas han podido infiltrarse siempre en el meollo de las guerras para dar a conocer a la gente lo que ocurría. Y hasta cierto punto, es verdad. Durante la Segunda Guerra Mundial y durante la Guerra de Vietnam, miles de periodistas acreditados acompañaban a los militares en sus batallas y en sus trincheras. Vivían el día a día con ellos. Informaban de lo que ocurría de primera mano, o gracias a los altos cargos que les iban ofreciendo datos. Sin embargo, estas informaciones no eran más que una versión de los hechos. Y las noticias salían (si es que salían) partidistas y distorsionadas. Algunos periodistas ofrecían igualmente una versión tergiversada de la realidad, simplemente para defender al gobierno de turno con el que compartían ideología y, en algunos casos, intereses políticos y económicos.

Pero lo verdaderamente preocupante es cuando los medios de comunicación no pueden siquiera hacer esa manipulación (porque hay que llamarla así) de la guerra. Cuando los periodistas no pueden ejercer su derecho de informar. Cuando la gente no puede, de ningún modo, acceder a lo que está ocurriendo en una guerra. Y ocurre. Muchas más veces de lo que pensamos. Hace unos meses, los gobiernos occidentales recomendaban a sus ciudadanos no viajar a Egipto. Los propios periodistas estaban vetados –literalmente- en las zonas de máxima tensión. Averiguar qué ocurría con Gadafi se convertía en una auténtica odisea. Periodistas amenazados, secuestrados y hasta violados. Está ocurriendo actualmente en Siria. Las escasas informaciones que llegaban desde Egipto eran mucho más valiosas de lo que cualquiera pensase.

Afortunadamente (o quizá no), ahora hay una nueva clase de periodistas. Sin título y, muchas veces, sin estudios. Una cámara de fotos, un móvil y una conexión a internet es lo único que les hace falta. Son ciudadanos corrientes que, gracias a las redes sociales, ayudan a entender qué ocurre en los países en conflicto. Ayudan a despertarnos de la turbia realidad ofrecida por algunos medios de comunicación. En ocasiones, se convierten en fuentes para los periodistas. Y en otras, en los auténticos periodistas. No les hace falta analizar el contexto. Ni siquiera conocerlo. Sus imágenes son más explícitas y directas de lo que muchos medios ofrecerán nunca. La mayoría de periodistas los criticarán por su falta de rigor y profesionalidad. Por su falta de veracidad. La mayoría de ciudadanos entenderán y respetarán este Periodismo 3.0. Un nuevo concepto de periodismo puntual desligado a las ataduras de las empresas. Fotos y vídeos de valor incalculable realizados por los protagonistas y víctimas de la guerra, cuyo último recurso es la denuncia pública de la brutal realidad en la que les ha tocado vivir. Y yo los apoyo. Completamente. Por eso, mis imágenes de la Primavera Valenciana eran, en su mayoría, imágenes de estos nuevos fotoperiodistas puntuales. Y el que lo quiera entender, que lo entienda. Y al que no…

¡FELIZ DÍA DEL ODIO A TODOS!

Roberto S. Caudet

lunes, 13 de febrero de 2012

Distinguir la violencia


La violencia ya no es lo que era. No se sabe muy bien si por la crisis económica o por la política, pero la violencia no es la de antes. Este pasado año 2011, el programa de Telecinco Sálvame Diario fue el producto televisivo más denunciado al “Defensor del espectador”. La mayoría de reclamaciones hacían referencia a contenidos inapropiados para el horario en que se emite (la sobremesa y la tarde, de lunes a viernes). Estos contenidos siempre son tachados como “violencia injustificada”, y hacen referencia a los improperios y las difamaciones que vierten algunos de los colaboradores sobre personajes públicos, o sobre otros colaboradores.

No menos comunes son las quejas de algunas asociaciones de padres que piden la retirada de la televisión de series de animación que se consideran violentas. Bola de Dragón e, incluso, Pokémon, han sufrido estos ataques de los padres. Más curiosa fue, hace unos meses, la petición a Televisión Española de la retirada de la serie de dibujos Bob Esponja por contener “violencia verbal” en sus capítulos. Los padres denunciantes hacían referencia, al parecer, a las cuatro palabrotas que Bob Esponja soltó en un capítulo que, precisamente, pretendía denunciar el lenguaje barriobajero que tienen algunos adolescentes. La lista de ejemplos de la violencia en la televisión suma y sigue con protecciones al menor.

Parece ser que cuando uno es adulto ya puede escuchar y ver cualquier tipo contenidos en la televisión. No se explica, sino, que ninguna asociación denunciara al periodista Eduardo García Serrano, colaborador de El gato al agua, cuando llamó “guarra, puerca y zorra” a la Consellera de Sanitat catalana. Más bien al contrario, el programa aumentó su audiencia los días posteriores y el periodista continúa siendo uno de los habituales en las tertulias del programa de Intereconomía. Aunque las emisiones televisivas que más violencia verbal ofrecen son, o eso dicen, las retransmisiones los partidos de fútbol. Donde, cuanto más grande sea un equipo, mayores son los insultos. La mayoría de ellos suelen estar relacionados con el machismo y la homofobia. Nadie parece considerar un acto de violencia que se grite “maricón” o “nenaza” a un jugador de fútbol en el trascurso de su trabajo; pero si un jugador propina una patada o un manotazo, enseguida saltan algunas alarmas de violencia.

Pero la violencia en el deporte parece estar más asimilada y aceptada. Algunas cadenas temáticas han recuperado, desde hace unos meses, los combates de boxeo y la lucha libre. Y según algunas filtraciones en prensa, en unos meses Televisión Española podría volver a emitir corridas de toros. Un espectáculo bochornoso de tortura –y muerte- animal. Pero para encontrar auténtica violencia sin miramiento y entre personas, basta con encender la televisión a las dos (o las tres) del mediodía o a las nueve de la noche. En todas las cadenas generalistas nos encontraremos con el Telediario de turno, que es el verdadero producto periodístico de la televisión. Y ahí es donde podremos contemplar violencia como en ningún otro sitio.

Cada vez más, la sección de noticias internacionales termina derivando en un resumen de las guerras alrededor del mundo: Siria, Egipto, Libia, Afganistán… Vídeos de tanques y ejércitos se entremezclan con grandes columnas de humo y niños mutilados. Imágenes a las que ya se acostumbra nuestro cuerpo y que ya nos parecen hasta familiares, aunque no sepamos ubicar en un mapa ni la mitad de las ciudades en las que suceden estas guerras. Se echa de menos una advertencia del corresponsal o presentador de turno acerca de que las imágenes “pueden herir nuestra sensibilidad”. Quizá es que este aviso ya no nos hace falta. Ver sangre y muertos ya no daña nuestra sensibilidad.

Puede ser que ése haya sido el gran trabajo del periodismo. Ayudar a la insensibilización humana. Así, hemos caído en la trampa, y hemos cometido un fatal error. Si se pierde la empatía, se pierde la capacidad de denuncia. Y el periodismo, per se, es denuncia. Los periodistas cuentan lo que ocurre. Los grandes periodistas también denuncian lo que no ocurre. O lo que ocurre mal. Y para ello hay que mostrar la violencia. Precisamente, la violencia de la Segunda Guerra Mundial propició el uso generalizado de cámaras de vídeo y de fotografía más ligeras y con mayor calidad. Los periodistas debían desplazarse muy rápido y poder esconderse en cualquier rincón. La violencia favoreció la evolución tecnológica e informativa del siglo XX. Pero tanta cantidad de violencia nos ha saturado. La encontramos por todos lados. Y cuando realmente está, no sabemos verla.

¡FELIZ DÍA DEL ODIO A TODOS!

Roberto S. Caudet

domingo, 5 de febrero de 2012

Carta a Canal 9


Con un cálido aplauso abandonaba la redacción de Informativos de Canal 9 un becario sonriente, seguro de sí mismo, seguro de que no iba a llorar por más abrazos o besos que le ofrecieran los compañeros que tanto lo han ayudado durante cuatro escasos meses. En ese tiempo, este becario ha crecido como profesional. Ha crecido como periodista. Y ha crecido como persona. Sabe utilizar programas que antes desconocía. Sabe cómo funciona un informativo autonómico. Ha formado parte activa de él. Se ha sentido útil. Se ha sentido un periodista de verdad, aunque todavía le falta medio curso para terminar su carrera. Sara Carbonero sonríe. Pero eso no importa.

Ha podido engañar a unas veinte personas durante cinco minutos. Pero en cuanto cruza la primera de las puertas acristaladas, cambia de semblante. Su sonrisa se transforma y las lágrimas le ahogan mientras respira sin control. El becario es consciente de que, como él, cada cuatro meses han pasado por esa misma redacción nuevas hornadas de estudiantes. Con la misma ilusión. Con las mismas inquietudes. Con la misma pasión por su trabajo. Pero no le consuela. Para la redacción, él ha sido uno más. Sabe que no es especial. Pero la redacción lo ha sido para él.

La plantilla no debió recibirle con los brazos tan abiertos. Todo fueron sonrisas, buenos gestos. La situación en el ente público valenciano no ha hecho mella en la actitud de los periodistas con el becario. Jamás ha visto una mala cara. Jamás ha recibido un trato diferente, negativo. Y está feliz por ello. Pero a la vez muy triste. Así es más difícil decir adiós. El becario no ha sabido pronunciar palabra en su despedida. Le era imposible hacer un discurso mientras fingía que sonreía. Demasiada actuación para él. Pero el becario les desea lo mejor a todos y cada uno de sus compañeros. A todos. Porque ellos han sido sus mentores, sus maestros en el mundo del periodismo. Porque está profundamente agradecido y los aprecia completamente.

Porque son unos grandísimos profesionales, aunque haya quien se atreva a decir lo contrario. Porque respeta su trabajo, ahora que, además, sabe y entiende lo difícil que puede resultar a veces, lo frenético. Porque es consciente de que la situación que atraviesan no es mucho mejor que la de él. Porque, desde aquí, anima a todos los detractores de Canal 9 a vivir la misma experiencia que él. Si todos esos detractores pasaran sólo un día con ese equipo enorme cambiarían de opinión. Está completamente seguro de ello. Y mientras se gira para ver, por última vez, los pasillos que han sido su segunda casa durante estos cuatro últimos meses, el becario vuelve a sonreír. Porque ha sido verdaderamente feliz. Y eso es lo único que ahora le importa.

"Hoy he venido a despedirme,
A hablar de tantas cosas que nunca quisiste oírme.
Si hay una lágrima en mis ojos
Es que voy recogiendo de mi vida los trozos.
Si hemos jugado a una aventura
Nos hemos embriagado con tragos de locura.
Adiós, adiós.
Me voy, adiós.
Y no me dejas ni tan sólo la esperanza.
Adiós, amor, adiós".

(Jennifer López, "Adiós")

…Feliz Día del Odio.

Roberto S. Caudet

miércoles, 1 de febrero de 2012

Las ratas de El Puig


 Las ratas son unos pequeños animales despreciables a los que todavía no se les ha descubierto utilidad y finalidad alguna, y que deberían vivir para siempre bajo las cloacas. Y luego están las ratas de El Puig, que son unos animales muy pequeños aunque se crean muy grandes, igualmente despreciables y cuya utilidad en el mundo también está aún por descubrir. Sólo que estos no viven en las cloacas ni lo harán nunca –para nuestra desgracia-. Ellos viven en un pueblo en el que se educa a los niños en la democracia, la tolerancia, la libertad y la defensa de los derechos de los animales. Esperad: jajajajajajajajajajaja NO.

Ya es por todos conocido que el domingo 29 de enero en las fiestas de El Puig (Valencia) se organizan unas cucañas muy especiales. En ellas, además de la típica harina y los caramelos, se introducen ratas. Teóricamente muertas. Sólo teóricamente. Un video colgado en Youtube confirma que, al menos en 2007, estos animales estaban vivos. Y que fueron los propios quintos de El Puig los que los golpeaban hasta darles muerte. Una vez fallecidas, los vecinos se las lanzan los unos a los otros. Como una fiesta del merengue, pero con ratas. Walt Disney estaría horrorizado. Pero esta festividad salvaje es admirada y defendida por los vecinos del pueblo, sean mayores o muy jóvenes.

Este año, y tras la denuncia del Partido Animalista, los organizadores de estas civilizadas cucañas se comprometieron a no incluir ratitas entre los premios. Varios medios nacionales fueron a comprobar que así fuera. Y a dar cobertura a la polémica que, días antes, ya había avivado La Sexta gracias a esta denuncia del Partido Animalista. La fiesta parecía transcurrir con normalidad hasta que alguien lanzó una rata muerta desde un balcón de la plaza en la que se celebraban las cucañas. Y aquí empezó el follón. Una fotógrafa del diario valenciano Levante-EMV tuvo la “osadía” de fotografiar el momento. Y, dos minutos después, estaba envuelta de vecinos de El Puig que decidieron molestarla, increparla, agredirla y robarle la cámara de fotos con la que había realizado la instantánea de ese terrible momento.

Después de varios minutos de tensión, las autoridades decidieron acudir al rescate de esta fotógrafa (y la redactora del mismo diario, que estaba a su lado). Más tarde la cámara fue devuelta a su dueña. Aunque la tarjeta estaba, naturalmente, completamente vacía. Gracias a otros profesionales que se encontraban en El Puig hoy podemos contar la noticia. Y verla. Y ver a estas auténticas ratas deshumanizadas increpando a una profesional realizando su trabajo.

Me puedo poner en defensa de los roedores. Se empieza con un par de ratas y al final se termina con una plaza de toros. Grima. Me da grima. Por mucho que realmente estuvieran muertas (que no siempre lo están). Por mucho que sólo sean ratas. Es tremendamente asqueroso. Pero lo más asqueroso de verdad son estas ratas que tienen nombre y apellidos en un DNI. Estas ratas que luego irán en defensa de la legalización de la marihuana. De Megaupload. En contra de Franco o Dios sabe qué. Pero, cuidado, que va una fotógrafa y le impedimos que publique unas fotos. Censura. Salvaje y desproporcionada censura.

Pero nuestro país funciona así. La democracia nos la pasamos por el forro. En estos momentos, la Guardia Civil debería estar investigando las imágenes ofrecidas por Canal 9 (para que luego digan, por cierto) sobre la agresión. Pero a saber qué estarán haciendo. Y aunque las investiguen, nada ocurrirá luego. El lunes posterior a la agresión, el nombre de la fotógrafa del Levante fue TT en España. Para el lunes que viene, nadie se acordará de ella. Ni de los que han caído antes. Ni de los que seguiremos cayendo.

Esta semana nos vemos el viernes, con la Crónica de GH 12+1. Y nos vemos el sábado, con un aniversario especial. Y también el domingo, con una emotiva entrada personal a modo de despedida para los que han sido mis mentores, mis compañeros y algunos, mis amigos. Pero hasta entonces,

¡FELIZ DÍA DEL ODIO A TODOS!

Roberto S. Caudet

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Españoles, La Información ha muerto


Queridos lectores, La Información ha muerto. La empresa de comunicación más grande en España –actualmente-, Publiespaña, ha confirmado la fatídica noticia a través de una nota de prensa. Un mísero burofax. Un ridículo papel con tinta negra dibujando letras. Un pedazo de mierda de papiro de no más de tres páginas en las que se leía la tragedia de la muerte del único canal informativo 24h en España que no era un contenedor de informativos: CNN+.

La noticia se veía venir. CNN+ atravesaba un cáncer económico desde hacía unos meses, y su cuerpo ya había sido vendido al mejor postor. Vendido en vida. Como una boda gitana. Los padres de la criatura decidieron, hace ya un año, vender el cuerpo del pobre CNN+ a un señor italiano que colecciona cadenas de televisión. Que compra canales y canales para ver en ellos lo que más le gusta. Y no ver lo que no le gusta. Que básicamente es la verdad. Porque la verdad siempre ofende. En su lugar, el señor italiano prefiere poner programas que le sean rentables, series en las que salgan morenazas y rubias operadas. Y que las escasas informaciones de sus cadenas de televisión estén representadas por estas mismas mujeres. Y, si hace falta, se las compra a La Sexta, sacando a Emilio Aragón de sus casillas. Ups.

Este señor italiano ha comprado el cuerpo de CNN+ y ha decidido que no le servía para nada. Así que lo ha matado. Sin más. Sin remordimientos. Hace días lo anunció y el 31 de diciembre está previsto que coja su mano –izquierda o derecha- y desenchufe el cable que mantiene con vida (agonizante) a la cadena que anteriormente pertenecía al grupo PRISA. Prisa es, precisamente, lo que se han dado los nuevos dueños italianos en hacer desaparecer a un canal de televisión que informaba, que investigaba, que publicaba reportajes. Y que seguía dando de comer a Gabilondo. Pero en realidad no es una muerte como nosotros la entendemos, porque el cuerpo de CNN+ va a ser transformado. Reencarnado, para los cristianos.

En lugar de su traje de chaqueta habitual y el de militar para ocasiones, lo van a vestir con ropa de estar por casa y grandes escotes. Le pondrán tetas nuevas, labios de silicona y unas cuantas extensiones. Porque, españoles, CNN+ se convertirá el próximo 1 de enero de 2011 en el canal Gran Hermano 24h, que próximamente será el canal Operación Triunfo 24h. No me negaréis que el cambio es sustancial. Y quizá también lo sea para la audiencia del canal, y del grupo empresarial en general. CNN+ tenía unas audiencias medias del 0.5% cada mes. Unas cifras no muy alejadas de los otros tres canales del nuevo grupo (FDF, Boing y La Siete) pero sí ampliamente menores que las dos cadenas más importantes de Publiespaña (Cuatro y Telecinco) que ahora andan repartiéndose sus vestidos de fiesta como buenas hermanas.

Todavía más distanciada está la cifra media de audiencia (insisto, 0.5%) con la que tienen las Galas de Gran Hermano 12 (18% de media), las conexiones con La Casa en Directo (22%) y los Debates (19%). Ahora falta saber si el nuevo canal de GH 24h en abierto logra mantener unas cifras dignas. Aunque, imagino, con mantener o aumentar las que tenía CNN+ será suficiente. Para la gran mayoría de seguidores del programa, entre los que sabéis que me incluyo, es una especie de regalo de Navidad que llevábamos mucho tiempo esperando. Un sueño cumplido. Hasta ahora, las otras 11 ediciones de Gran Hermano contaron con un canal de pago que emitía de manera indefinida imágenes en directo desde la casa. Ahora los fans lo podremos ver gratis. ¿Gratis? No nos equivoquemos. Hemos pagado un precio muy alto. El de La Información.

Los más alarmistas, los más indignados y también los radicales, han formado una plataforma en contra del cierre de CNN+, cuya sede ya ha sido vendida por 80 millones de euros. Los trabajadores del canal se han manifestado esta mañana en la misma puerta de la empresa. La manifestación es muy lícita y yo mismo me hubiera sumado a ella en caso de ser uno de los perjudicados pero… ¿alguno de vosotros podría decirme el nombre de cinco programas diferentes que emitía CNN+? ¿Podríais escribir el nombre de pila y primer apellido de cinco de los reporteros que trabajaban en el canal? Todos sabíamos que el canal existía, pero ¿quién lo veía? Yo no. Y vosotros tampoco.

Uno cogió el cuchillo. Otro lo sujetó. El tercero se lo clavó y el resto miramos para otro lado. Entre todos hemos contribuido a su muerte, y ahora lloramos su pérdida. El sábado habrá nacido un nuevo canal de entretenimiento y habremos perdido uno puramente informativo. En dos meses nadie se acordará de qué había antes en lugar de esas imágenes. A Rey muerto, Rey puesto. Y, por supuesto:

¡FELIZ DÍA DEL ODIO A TODOS!

Nos vemos el viernes, con el último artículo de 2010 que, obviamente, será una nueva Crónica de Gran Hermano 12. Qué paradójico todo...

Roberto S. Caudet

domingo, 26 de diciembre de 2010

Chávez, a un paso más de ser Dios


(* La caricatura muestra a Chávez diciendo en inglés: "Quiero asegurar a los venezolanos una gran variedad de programación televisiva").

La Asamblea Nacional de Venezuela ha sancionado la Ley Habilitante que permitirá a su presidente, Hugo Chávez, legislar mediante decretos durante los próximos 18 meses. La Ley, aprobada hace ya una semana, le otorga plenos poderes, y termina pocas semanas antes de las nuevas elecciones venezolanas, en 2002. Una fecha apretada, pero perfecta. Igual de ajustada fue la votación, no por los votos en contra o abstenciones, sino por la fecha. La famosa Ley Habilitante ha tenido que ser sancionada rápidamente, ya que el 5 de enero se renovarán los diputados, de acuerdo con las elecciones celebradas en septiembre, que dejan a Chávez sin la mayoría absoluta. Ahora o nunca. Dicho y hecho.

Es la cuarta vez que se le otorgan estos poderes a Chávez, desde que entrara a gobernar en Venezuela en 1999. En esta ocasión, el precepto ha sido las fuertes lluvias que han ahogado al país y que han dejado un rastro de 140.000 damnificados. Hace días veíamos al presidente instando a la población a que okupara las casas desalojadas para refugiarse de las lluvias –lo que no decía es si debían abandonarlas después- y ahora se otorga poderes para “construir nuevas viviendas”. Y para cualquier otro motivo. Desde hoy mismo, Hugo Chávez es El Presidente, con todas las de la ley. Nunca mejor dicho. Ya está a un paso más de sus dos principales sueños: el primero, ser presidente vitalicio (y desquiciantemente eterno); el segundo, ser Dios, el que todo lo puede.

Sancionada la Ley Habilitante, el presidente ha confirmado que tiene listos “unos 20 decretos” para buscar financiamiento para la construcción de nuevas viviendas. Lo que no ha declarado es si también tiene preparados otros 20 decretos para seguir censurando medios de comunicación, su principal hobby. La Ley Habilitante se lo permite. De hecho, en 2007, el diario regional Correo del Caroní hubo de cerrar sus puertas a causa de las leyes chavistas que le impidieron obtener papel con que imprimir. En 2009, Chávez revocó la concesión de 240 emisoras de radio y 45 de televisión. Es decir, cerró casi 300 medios de comunicación en su país. Y además, anunció que demandaría a todos los medios que hablasen del cierre del canal Radio Caracas TV. Toda una demostración del respeto que tiene el presidente venezolano a la libertad de información (ni hablemos de las opiniones) y toda una demostración también de democracia.

Hace tan sólo un mes, el presidente del canal Globovisión, Guillermo Zuloaga, solicitó asilo en Estados Unidos, ya que Chávez lo persigue por delitos de usura, ofensas al jefe del Estado, divulgación de falsedades y de traición a la patria. Ahí es nada. Entre las once demandas que ha recibido el presidente de Globovisión, destacan las que le imputan por “intentos de Golpe de Estado” y de “magnicidios”. El propio Chávez ha afirmado que Zuloaga dispone de “100 millones de dólares para pagar” a alguien para que le “asesine”. No va en broma. Desde que llegara al mando, Hugo Chávez parece estar jugando a un Risk a lo grande, como los dibujos que hacía el artemaníaco de Art Attack.

La desfachatez de Chávez se demuestra con sus propias palabras en los medios de comunicación que, cabeza agachada, se han resignado y han aceptado que él es Dios. El propio presidente venezolano aseguraba a estos medios que él “no censura”, que su política de medios se basa en “la no renovación de concesiones”. Qué grandes sutilezas. Siguiendo con la misma línea del que debió callarse hace mucho, me vais a permitir que no afirme que Hugo Chávez es un auténtico dictador. En realidad, él sólo tiene plenos poderes para decretar lo que le venga en gana. Hasta 2012. Si no se los vuelve a renovar antes.

Lo que más me irrita es comprobar que los medios en España no informan de la noticia y, si lo hacen, es en un cuadradito pequeño dentro de sus diarios, o en veinte segundos en los informativos. Sólo los columnistas más patrióticos se han llevado las manos a la cabeza (cielos, es lo que estoy haciendo yo) y han asaltado desde sus líneas contra el presidente de Venezuela. Si Zapatero militariza los aeropuertos españoles es un auténtico tirano. Si Chávez se proclama Dios en su país, no ocurre nada… u ocurre poquito. Pero yo me pregunto –y os pregunto a vosotros- ¿acaso Chávez no podrá hacer las mismas cosas con estos poderes que lo que en España hacen los partidos políticos que gobiernan con mayoría absoluta?

Nos vemos el miércoles 29. Y tranquilos, que no voy a hacer una resaca de inocentada. Hasta entonces, Feliz Navidad

¡Y FELIZ DÍA DEL ODIO A TODOS!

Roberto S. Caudet

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Por publicar una noticia, ma-to


La imagen pertenece al fotoperiodista Kevin Carter, nacido en Sudáfrica en 1960. Ahora mismo diría que tiene cincuenta años… pero el reportero se suicidó poco después de ganar un premio Pullitzer en 1994. Precisamente por esta misma fotografía. La polémica sobre si Carter había provocado la imagen, si no podía haber ayudado a la niña para que el buitre no la devorara y, por supuesto, su falta de escrúpulos e inhumanidad le llevaron a quitarse la vida después de confesar públicamente –repetidas veces- que odiaba la foto, que no podía volver a verla, que no estaba orgulloso de ella.

Hoy se ha originado un debate en mi clase sobre la circunstancia hipotética en el que un periodista –léase nosotros- nos encontramos cara a cara con una explosión enorme (posiblemente de gas) y gente quemada pidiendo auxilio. Naturalmente, las posibilidades rápidas e instintivas son dos: la primera, intentar socorrer al resto de personas; y la segunda, llamar a la empresa para la que trabajas y tener la exclusiva de lo sucedido. Los votos han estado mucho más repartidos de lo que os podéis imaginar, pero la mayoría –entre los que me incluyo- que decidiríamos llamar a nuestra empresa, lo haríamos mientras miramos la magnitud de lo sucedido para intentar ayudar a los posibles heridos, a los quemados. Sin embargo no todos pensábamos así.

Uno de los futuros periodistas –no diré cuál porque tampoco hace falta- planteaba que llamaría directamente al medio para el que trabajara y no atendería a las víctimas: “porque es periodista”. Es más, ha increpado a los que pensábamos ayudar a los quemados, diciendo que estábamos “entrometiéndonos en la faena de los médicos, bomberos y policías”, y que carecemos de “conciencia profesional”. Agárrense que vienen curvas.

Hacía días que no escuchaba una atrocidad semejante contra la propia dignidad, contra el auxilio, la humanidad y la ética. Pero, a diferencia de cómo haría en otras ocasiones, en esta no voy a personificar el Odio que viene sobre la persona que ha osado a argumentar con tanta necedad. Porque estoy seguro de que ella –vaya, ya he destapado que es fémina- no es la única que pensaba así en clase. Y lo peor, cientos de periodistas en activo, con total seguridad, opinan igual.

Para empezar, el argumento de que alguien que intenta socorrer a otro en un incendio, accidente o similar, se “entromete” en el trabajo de los médicos me parece, como poco surrealista. Ya me veo a todos esos con sus familiares dándoles un infarto y, lejos de coger el coche y llevarlos al hospital, lo que hacen es pedir cita para el médico de cabecera del ambulatorio. Imagino que tampoco cenarán si no es después de que Ferrán Adrià les ponga los platos en la mesa… no vaya a ser que si encienden la cocina se entrometan en la labor de los cocineros. Y mucho menos van explicarán a sus hijos qué es el Himalaya, el Taj Mahal, o los moriscos; que para eso ya están los profesores… y Jordi Hurtado en Saber y Ganar.

A estos personajitos les diré, simplemente, que, por ley, cualquier ciudadano español está obligado a socorrer a quien haga falta. De lo contrario, estarán cometiendo un delito de omisión de auxilio. Claro, que ellos son periodistas y, seguramente, estarán por encima del bien y del mal. Siempre y cuando uno trabaje para la SER puede ir por la autopista viendo accidentes y no parando en ninguno… salvo si ha de hacer una conexión en directo.

El hecho de ser periodista no está por encima de ser persona. Lejos quedaron ya los reyes “sol” que creían que sus poderes provenían de la gracia de Dios. Ahora la gente es humana, terrenal, y tiene sentimientos. Y cuando ve un accidente, lo lógico –al margen de la ley- es ir a ayudar, a socorrer. O al menos llamar al 112, no a tu jefe para que te mande un cámara al lugar de los hechos. Pero claro, quizá es que no tengo conciencia profesional. Qué risa me da. Imagino ese accidente y un montón de testigos con conciencias profesionales: el profesor estaría dando clase de matemáticas a los heridos leves, la peluquera intentaría hacer postizos con los mechones que no estén muy quemados, el músico de orquesta apilaría neumáticos para montar un concierto improvisado, y el carnicero… mejor no digo lo que haría él.

En el caso de la imagen principal del artículo, la opción más humana, la más coherente y digna; habría sido hacer la foto –o no- y acto seguido coger una piedra para espantar al buitre. Llevar a la niña a algún campamento o centro médico que hubiera podido haber cerca, y esperar a que los médicos o el ciclo de la vida hicieran el resto. Porque, seamos justos, la fotografía es lo suficientemente explícita para demostrar que esa niña no hubiera sobrevivido ni comiendo durante cuatro horas seguidas. Qué error pensar en espantar el buitre, me dirán esos inmorales. No tengo conciencia periodística. Pero al menos tengo valores, diré yo. Y con la cabeza muy alta.

Quiero ser periodista. Lo he deseado desde hace muchos años. Y estudio para ello. Me formo para ello. Respiro, incluso, para lograrlo. Pero al margen de la profesión, también tengo una serie de principios que me impedirán hacer según qué cosas. Y una de ellas será no ayudar a alguien que está muriéndose delante de mí (y yo puedo evitarlo) por sacarlo en pantalla en exclusiva. Lo siento –no, realmente no- pero yo por ahí no paso. Si por ser humano ahora resulta que no seré buen periodista, pues quizá me he equivocado de profesión. Pero tengo la certeza de que los equivocados son ellos. Al menos con sus argumentos.

Qué curioso es descubrir que los mismos que dicen que hay demasiada telebasura en televisión, que hay miembros de la profesión que son indignos; son los que dan la mala imagen, los que convierten a la profesión en denigrante, en un trabajo sin respeto ni dignidad. En una mierda, vamos. Qué trágico es saber que, al final, son ellos los que reforman la frase y gritan sin miedo: Yo, por publicar una noticia, ma-to.




Roberto S. Caudet