domingo, 8 de agosto de 2010

Por muchas lunas llenas


Una semana sin Odio no siempre implica una semana feliz. De hecho, la ausencia de artículos de estos últimos días se ha debido a que he estado enfermito y sin ganas algunas de encender el ordenador y ponerme a despotricar. Aunque lo hago muy a gusto, vaya. El caso es que también he estado sin música estos días. Me producía más dolor de cabeza. Ayer, ya recuperado prácticamente, decidí volver a la vida normal y la primera canción que me vino a la mente fue por causas del destino –y de mis gafas de sol- “Por muchas lunas llenas”, de la catalana Roser.

La canción siempre me ha parecido de las peores de su cedé “Desperté”, con el que la Popstar iniciaba una carrera musical en solitario (la única que continúa tras el desfase de programa) y que hace poco se relanzó con su último disco, “Clandestino” con cuyo primer single “La bestia” se armó de valor y no dudó en disparar contra su ex discográfica. ¿Suena a típico, verdad? No se crea Roser la única cantante que ha plantado cara a sus jefes. El triunfito Naím Thomas –el riquísimo Naím Thomas- ya escribió en una de sus canciones “Valemusic ya no confía en mí” con la primera letra de cada verso, y que tuvo su momento polémico.

También la triunfita Idaira (“Noemí, por lista, Idaira finalista”) intentó dedicarle una canción a todos aquellos que pensaban que cantaba mal y que destrozaba las canciones que le daban en la Academia. Si no me equivoco, Nika y Ainhoa Cantalapiedra también tienen temas “reivindicativos”. Qué niñatos todos, diréis. Pues yo creo que no. Precisamente, hoy quisiera sumarme a todos ellos y solidarizarme. Este artículo de hoy se centra especialmente en el olvido musical.

Decidme, ¿cuántos nombres os vienen a la cabeza si os digo Operación Triunfo 1? Seguramente os acordaréis de los 16 participantes y hasta sabríais decirme algunas de sus canciones. Porque todos ellos lograron sacar, al menos, un disco con canciones más o menos acertadas y con un estilo más o menos definido. El momentazo de OT-1 fue espectacular y las audiencias históricas. Tanto fue así que Televisión Española repitió el concurso otros dos años más, con una línea a la baja y con una tercera edición de la cual ya no se acuerda nadie.

Telecinco cogió el relevo y nos vendió una cuarta generación de “artistas” entre los cuales no se olvidan ni Soraya, ni Edurne… ni ya. Sergio Rivero ganó por una diferencia de votos no muy amplia pero el planeta ya lo ha olvidado. A él y a su cara de Peugeot 206. Del resto de participantes de las otras muchas ediciones que ha organizado Telecinco, ya nadie se acuerda. Tan sólo La Campos los lleva consigo en sus tardes de sábado con el temático “¡Qué tiempo tan feliz!”. Terrible, la verdad.

Uno se pregunta a estas alturas por qué ninguno de los ganadores de Operación Triunfo tiene una carrera musical importante. Por qué no suenan sus canciones en las radios. Por qué no los vemos en la televisión cantando sus… Aquí está el fallo. ¿Cuántos programas musicales hay en la televisión actual? Ninguno. Hoy en día no es fácil ser cantante ni hacerse un hueco en el panorama musical español y no creo que sea cuestión de la crisis.

Desde hace un tiempo, ninguna de las cadenas de televisión, ni privadas ni públicas, se dedica a vender ni a promocionar nuevos artistas. Ni tampoco a los antiguos. ¿Dónde está Música Sí? ¿Qué fue de Noche de fiesta? Incluso la gala Miss España reunía a varios artistas sobre el escenario. Y no me refiero a las candidatas con sus bocas y piernas prodigiosas. Me refiero a artistas de cantantes. Desde hace unos años, hasta las galas de Nochevieja son refritos de actuaciones ya descatalogadas. De cantantes haciéndose pasar por otros cantantes, de canciones del Caribe 1889 y de humoristas de cuando la Revolución Francesa. Así, desde luego, es imposible abrirse camino en España.

Si se sintoniza cualquier emisora de radio en nuestro país, probablemente tengamos “las mejores canciones” de los años 70, 80 y 90; y a las últimas estrellitas salidas de Estados Unidos o de por allá. Tan sólo se escucha alguna nueva canción en español si proviene de La Oreja de Van Gogh, Alejandro Sanz, Juanes o Shakira, y eso cuando les da por cantar en español.

Es lamentable comprobar cómo ha decaído la música en España y no sólo por la piratería. Las propias discográficas prefieren sacarle un disco “más de lo mismo” a Rosario que apostar por una nueva voz. Hasta el Disco Estrella 2010 contiene más canciones en inglés que en español. Luego nos extraña que en OT todos canten en el idioma de la Thatcher y que hasta en los castings que enfrenten unos pobres ilusos a una lengua que desconocen pero que intentan imitar fonéticamente y hasta con acento a lo Melanie Griffith. Patético. Pero, en cambio, bien que quieren los de siempre que en Eurovisión se cante en español

Hoy mi Odio va para todos aquellos que hacen y deshacen la programación en España. Para los productores de televisión. Para los directores de programas. Para los que siguen insistiendo en poner a Melody, Armando Manzanero y Thalía en Los 40 Latino en lugar de renovarse, por lo menos, al año 1990. Odio a todas las discográficas que no promocionan a nuevos talentos, o a los que consideran menos rentables. Odio también a las fiestas de los pueblos que gastan más dinero en bous al carrer y en chuminadas por el estilo y luego no son capaces de llevar a un buen cantante para que amenice. Y Odio también a todos aquellos que visten y peinan a los triunfitos y antaño a las Popstars. Odio a los que les ponen canciones de mieeeerda para que se hundan en lo más profundo del fango musical. Y Odio a los que se meten con ellos por venir de concursos. ¿Qué otra plataforma sino?

Y hablando de plataformas… mi próximo Odio ya auguro que es un poco transformista. Muajajá…lejandro!

¡Feliz Día del Odio a todos!

Posdata: Os dejo, en el primer comentario del artículo –por no alargarlo- la letra de la canción “Por muchas lunas llenas”, de Roser, que hoy titula el Odio y que además dedico, muy especialmente, a Adrianos.

Roberto S. Caudet

viernes, 30 de julio de 2010

Cataluña está fresquíbiris


El día 28 de julio de 2010 será recordado en todo el Universo como el Día por la Vida. Y tranquilos, que no estoy abanderando ningún Foro de la Familia contra el Aborto. De hecho, apostaría por que muchos de los animalitos de los que voy a hablar –y no será ni la primera vez ni la segunda- son más humanos que la panda de aburrrrridos que pueblan el FF.

Se podría decir que siempre llego tarde a las noticias interesantes, pero es que mi moral y mis principios me obligan a empaparme bien de lo que voy a hablar y a leer diferentes versiones de los hechos antes de escribir sobre algo. Por un lado, para no equivocarme en fechas, datos y en los hechos, y por otro, para poder analizar mejor la situación viendo opiniones contrarias a las mías. Sin embargo, sobre este asunto no concibo que haya alguien que piense lo contrario de lo que pienso yo. Y si los hay, porque los hay, tienen que tener algún tipo de problema.

Como decía, hace ya dos días, el Parlament de Catalunya daba el “Sí, quiero” a la prohibición de las corridas de toros en Cataluña. Una mayoría absoluta –y aplastante- de los votantes se enfrentaba a España entera –y por qué no, al mundo, y a El Mundo también- por defender principios básicos como la dignidad, la decencia y la vida. Porque, permitidme, una corrida de toros no tiene ninguno de esos valores. Las corridas de toros son inhumanas, indecentes, indignas, humillantes y abominables. Me produce náuseas el hecho siquiera de imaginarme una plaza de toros.

La polémica sobre la prohibición se ha servido en un plato muy caliente, casi en estado de ebullición. Y eso no puede ser bueno. Pues bien, ése es el tema que centra hoy mi estado de Odio. Conste en acta que puedo entender que haya gentuza que esté a favor del asesinato lento y agonioso público de toros en un cerco cerrado. Puedo entender pues que éstos se ofendan ante la Prohibición de tal acto lamentable por parte del Parlament Català. Pero lo que no entiendo ni me explico es cómo se puede sacar de contexto la noticia hasta el punto de confirmar que Cataluña no quiere las corridas para alejarse de España y sus costumbres.

¿Cuál sería la portada de El Mundo, de ABC o de La Razón si fuera Obama el que hubiera prohibido las corridas? ¿Pedirían la dimisión del presidente de Estados Unidos? ¿Se les ocurriría decirle a Zapatero en un Pleno que dejara de tener relaciones con él, con su país? ¿Acaso dirían los periodistas de estos tres diarios que el negrito quiere des-hispanizarse? Seguramente no. Pero lleguemos más lejos… ¿No es absoluta hipocresía defender el derecho a la vida pero aceptar que se maten toros? Demagogia barata también, pero entre los políticos es incluso lícito. Al fin y al cabo, forma parte de la oratoria romana, ¿no?

Es tremendamente absurdo e incoherente lo que hacen ciertos grupos de nuestra sociedad según les conviene. Y ya ni me meto si empezamos a analizar esos mítines en los que según qué políticos instan a las regiones a diferenciarse, animan a las Comunidades Autónomas a seguir siéndolo y se alegran de que España no sea un Estado centralista. Pero luego y cuando les tocan “en el alma”, se llevan las manos a la cabeza porque una de estas CCAA se les escape del cauce. Hipócritas. Mamarrachos.

Yo hoy, como dice el anuncio, soy fan de Cataluña. Soy fan de los toros. De los vivos, no de las corridas. Y soy fan de todos y cada uno de esos 68 políticos catalanes que han votado a favor de la prohibición de las corridas. Porque por fin alguien se ha atrevido, por la vía legal y oficial, a alejarse de la España de los años de Esteso y Pajares. Y hablando de Esteso, me estoy acordando de una súper actriz a la que le chupó un pezón…



Hoy, Cataluña está fresquíbiris, fresquíbiris, fresquíbiris. Y me da mucho gustíbiris, gustíbiris, Odiar. A todos los salvajes que siguen defendiendo esa supuesta Fiesta Nacional. A todos los personajes que aprovechan una futura Ley que debería ser universal para arremeter de manera ruin y barata con los insultos fáciles y contra los nacionalismos que no tienen nada que ver. Si es que hay algunos que no quieren peras y manzanas pero luego mezclan la velocidad con el tocino…

Felicitats, Catalunya. Felicitats bous del món sancer.
Feliç Dia de l’Odi a tothom!

Roberto S. Caudet

lunes, 26 de julio de 2010

Yo mismo me liaría a puñaladas con el juez y los 7 miembros del jurado



Después de varios minutos –decenas de ellos- reflexionando con los pelos de punta sobre cómo empezar a escribir esto, he decidido dejar de lado los comentarios irónicos, apartar mi lado humano y sacar la artillería pesada. El texto que viene a continuación no es apto para seres con corazón o un mero sentido de la justicia. El que avisa no es traidor.

Hoy quisiera hablar de Jacobo Piñeiro Rial, el asesino confeso de dos hombres de 27 y 32 años de edad, en el propio piso de las víctimas. El doble homicidio se cometió con CINCUENTA Y SIETE (57) puñaladas, algunas de ellas, señala la acusación “innecesarias para la consecución de su muerte, aumentando deliberadamente el sufrimiento” de los dos fallecidos. Insisto, fueron 57 puñaladas las que este energúmeno, porque no se me ocurre llamarlo de otra manera, asestó a una pareja en su propia casa.

Uno de los fallecidos intentó encerrarse en su cuarto y llamar a la policía, en vano. Jacobo Piñeiro, el homicida, no dejó los cuerpos sin vida en el suelo, sino que los maniató a dos sillas y estuvo con ellos alrededor de siete horas. 7 HORAS CON 2 MUERTOS A LOS QUE HABÍA ASESINADO ÉL MISMO. En ese tiempo, el mal nacido y subnormal de Jacobo se duchó y se tapó las heridas que le habían causado las víctimas antes de salir a la calle. Y aprovechó la situación para robar todo lo que encontró de valor y meterlo en una maleta de uno de los fallecidos. Sumadle, al doble homicidio, un delito de hurto. Terrorífico.

No conforme con haber asestado casi sesenta puñaladas a dos señores a los que había conocido esa misma tarde: repito, los había conocido horas antes; les plantó dos focos en el cuerpo y puso alrededor de ellos otros tres. Cerró las ventanas y abrió el gas. El piso ardería minutos después. Tenemos ya un doble delito por asesinato, uno por robo y además los agravantes de alevosía y nocturnidad. Y las drogas. Porque el asesino hijodeputa había estado drogándose con uno de los dos muertos desde primeras horas de la noche. Pese a lo drogado que pudiera estar, Jacobo actuó con absoluta frialdad, con una mente calculadora y ordenada: había asestado casi 60 puñaladas a dos chicos a los que iba a robar y a quemar en su piso para fingir otro tipo de muerte.

El caso sobrecogió a todo Vigo y, de hecho, hubo un jurado popular que llevó el caso. Que absolvió a Jacobo de homicidio. Sí, señores. Jacobo Piñeiro Rial está absuelto y en la calle desde hace dos semanas. Libre de cargos por doble asesinato con agravantes. Tan sólo tendrá que pagar por el incendio que ocasionó en la vivienda y que pudo “causar daños colaterales a los vecinos. ¿Qué os parece? Exacto. Un espectáculo lamentable el de las siete personas del jurado. Cinco mujeres y dos hombres, para matizar. Esos siete tremendos hijos de puta que exculparon a Jacobo de la muerte que causó a dos chicos. ¿Por qué? ¿Cómo se puede perdonar a alguien que haya cometido tal acto reprobable?

Jacobo, simplemente, alegó que cada una de las 57 puñaladas las golpeó por defensa propia. Manifestó que una de las víctimas había intentado acostarse con él y que, por miedo a una violación, se vio obligado a actuar. En efecto, las dos víctimas eran una pareja homosexual que vivía felizmente hasta que se les cruzó este ser inhumano por el camino. Aunque, imagino, si se les hubieran cruzado alguno de los siete miembros del jurado, igual habrían tenido la misma suerte. De hecho, tres de los miembros del jurado popular TERMINARON LLORANDO ante las palabras de Jacobo. Y no por empatía hacia las víctimas, sino hacia el asesino confeso “arrepentido”.

Sintetizo para acabar: un subnormal conoce a un chico. Se van juntos a casa y empiezan a drogarse. El novio del dueño del piso llega a casa. Después de horas de fiesta con más amigos, vuelven a quedarse los tres solos en casa. El energúmeno asesina con casi 60 puñaladas a la pareja. Pasa siete horas con ellos. Se ducha. Les roba. Provoca un incendio y se va a seguir con su vida normal. Alega en el juicio que tenía miedo a ser violado. Y el jurado popular lo absuelve.

¿Alguien más a parte de mí se ha quedado con la boca abierta? Gracias. La sentencia ha sido, evidentemente, recurrida y el próximo 16 de septiembre volverá a haber un juicio para volver a dictaminar algo sobre lo sucedido. Mientras, Jacobo Piñeiro tendrá que firmar todos los días en el juzgado de Cangas, donde vive actualmente con sus padres y su hijo, por posible miedo de que se fugue. Qué ilógico.

Hoy vuelven a mí unos deseos de asesinar tremendos. Días como hoy me dan un asco tremendo todos aquellos que van en contra de la pena de muerte. Asesinatos como éste me hacen sentir tan frágil y tan incomprendido que yo mismo me liaría a puñaladas con el asesino, el juez y los siete miembros del jurado que llevaron el caso. Hoy, al contrario que con el Mundial, no me siento orgulloso de ser español. Y menos todavía de estar bajo una justicia que permite este tipo de… No sé cómo llamarlos… ¿atrocidades?

Porque no termino de entender cómo alguien puede exculpar a un loco como Jacobo. Ni mucho menos como no sólo hay una persona en el mundo así, sino ocho. A todos ellos, igual que al propio Jacobo, les deseo la más terrible y agoniosa de las muertes. Les deseo un cáncer de pulmón, de garganta y de estómago. Les deseo que violen a sus hijas y que atropellen a sus padres. Les deseo que paguen con la misma moneda con la que han causado la muerte a dos inocentes y se han atrevido a decir que fue en defensa propia. Y que luego me absuelvan a mí de todos mis deseos por una enagenación mental. Terrible. Horrible. Desastroso. No me puedo creer que a eso se le llame Justicia. Y que a ése se llame ser humano. Qué lástima de cámara de gas en mi poder.

Qué vergüenza de Justicia. Qué lástima de país.

Roberto S. Caudet

sábado, 24 de julio de 2010

Mνήμες του... Roberto (Memorias de... Roberto)


Todo el mundo me pregunta, antes o después, si puedo vivir con tanto Odio como presento entrada tras entrada –y ya van 61- en el blog. Lo cierto es que sin ser hipócrita, muchas veces he terminado por exagerar mis sentimientos hacia algo que simplemente no me gusta con el fin de desahogarme en un momento dado o tras una circunstancia puntual. También es cierto que durante una corta etapa cambié de rumbo hacia “Todas las cosas que Amo” y tuve mi especial “Todas las cosas qu(E)urovisión” durante el mes de mayo. Y no será el único especial que haga. Así pues, hoy no puedo decir que hago una entrada diferente, pero en realidad sí.

Hoy no escribo desde mis principios y mi cabeza. Cada una de estas palabras están escritas con reflexión pero desde los sentimientos de mi corazón. Qué poco acostumbrado estoy a sonar sincero pero no ácido, así que no sé si lo haré bien. Bah, qué importa. Ya sois mis fans absolutos e incondicionales. Y eso no me lo quita nadie. Muajajá.

Pensaba el otro día, mientras escuchaba música, lo poco que me gustan los encuentros casuales pero pactados, forzados pero espontáneos, con personas desconocidas pero con las que has hablado lo suficiente como para sentir cierto dolor si lo pasan mal. Dudaba así si hacía bien en aceptar un rendez-vous con dos señores de los que ni siquiera sabía si tenían pelo, medían más que yo o vestirían con vaqueros, bermudas o un bañador de O’Neill.

Para tranquilizar a mi madre, que terminará leyendo el artículo un día u otro, no, no tenía planeado hacer un trío. Es más, los dos desconocidos eran –son- un matrimonio feliz. Uno de ellos escribe en mi blog día sí y día también, pero del otro no sabía ni su nombre hasta tan solo unas horas antes. Decidí reunirme con ellos un viernes por la tarde, a eso de las seis, en la plaza del Ayuntamiento de mi ciudad. Diez minutos después me habría importado bien poco si hubiera quedado en un campo de refugiados o en una cámara de gas. La conversación era fluida y nada superficial. Las dos personas, especialmente agradables y con un halo acogedor digno de ser guardado en un frasco para situaciones de guerra entre Irán y Estados Unidos.

Poco a poco fui descubriendo a una persona educada, inteligente, con quien comparto aficiones y gustos. Y hasta muy atractiva. Su marido no se quedaba atrás, aunque el hecho de no conocernos en absoluto y que la conversación fluyese hacia el otro lado pudo convertirse en una hostilidad terrible. Se mostró tímido casi en exceso. Igualmente encantador. Durante tres horas y media me creí en el cielo. O un poco más arriba. De haber podido, les habría pedido un menage-à-trois allí mismo. Luego matrimonio y finalmente los habría secuestrado para mí solito. Pero la cita se terminaba y los tres sabíamos que pasarán semanas –meses, hasta podrían ser años- hasta que nos volvamos a ver.

Esa es la magia de la vida, me dice una neuronita que niega a resignarse. Hay que saber que no todo es eterno. Ni podemos tenerlo todo al alcance cuando queramos. Uno debe aprender a vivir saboreando cada minuto de lo que ocurre a su alrededor. Debe coger las experiencias, madurar con ellas, quedarse con lo interesante y rechazar lo banal, aquello que no nos sirva para nada. Recordar cada una de nuestras risas y buscar la felicidad hasta en un bar sin servilletas. Já. Me vais a perdonar que me cague en todo mi texto.

¿Qué clase de mierdas son esas? ¿Es realmente justo que para una vida que tenemos no podamos tenerlo todo? ¿Por qué hemos de decir adiós? ¿Por qué no podemos estar siempre con los seres queridos, sonriendo y cantando? ¿Por qué las buenas conversaciones deben acabarse a las diez menos cuarto? ¿Por qué la vida en Oslo es tan cara y en Riga tan barata? ¿Por qué nos perdemos buscando Venial? Y, en serio, ¿por qué no había servilletas en aquella cafetería?


Hoy tengo un momento de niñato consentido, y me cabreo. Me enojo. Monto en cólera ante una vida con pequeños agujeros, con pequeñas insuficiencias y Odio a Dios por crear una Tierra tan grande en la que entre Madrid y Valencia haya más de siete minutos andando. Odio que se me crucen grandes personas en mi vida y me inviten a una Coca-cola Light. Hoy Odio a Grecia y a la madre canaria que parió a un ser maravilloso casado con otro no menos importante. Ya está, ya lo he dicho. Qué a gusto me quedo.

¿No queríais una entrada sencilla y sentimental, que contara cosas de mi vida? Pues aquí tenéis un intento de.

Feliz Día del Od… digo…
Feliz Estancia Valenciana, Adrianos.

Roberto S. Caudet


lunes, 12 de julio de 2010

Odian al Barça pero necesitan a sus jugadores para ganar el Mundial


-¡Camarero!
-¿Qué?
-¡Una de Champiñones!
-¿Una de champiñones?
-¡¡¡CHAMPIÑONES, CHAMPIÑONES, OÉ, OÉ, OÉ…!!!

Lo que no se vio no implica que no existiera y seguro que muchos de vosotros os perdisteis algunas de las anécdotas vividas antes y después del partido de la Final del Mundial de Sudáfrica 2010 entre España y Holanda. Y es que mi amigo Jimmy Jump volvió a liarla saltando al campo -¡y con nuestro país, otra vez!- para intentar coger la copa. El angelito se quedó a un paso y salió del campo escoltado, por no decir empujado, por más de 10 escoltas sudafricanos. Negrotes. Fuertes. Con trajes de chaqueta. Mmmmm. Ay, me pierdo.

No sé si antes o después del incidente con el imbécil de Jump, salió Shakira a motivar al público con su Waka Waka, porque esto es África. Y yo me pregunto… ¿en realidad querían motivar al público? ¿No querrían hundirles? ¿No pensaban en realidad partirles sus tímpanos? ¿Acaso podemos afirmar que Shakira canta? Esa mujer ha hecho de sus gallos y de sus desafines una carrera musical reconocida en todo el mundo. Ya me encargaré un día de ella. ¿A quién le importa ese metro y medio mal medido ahora?

El partido de fútbol entre España y Holanda se nos antojaba un gran partido en el que 22 jugadores y un árbitro iban a dar 90 minutos para recordar toda la vida. Fuera el resultado que fuese, España ya había hecho historia. No sólo había logrado superar el cuarto puesto, sino que también había logrado quedar más allá de un tercero. Seríamos segundos o primeros. Por primera vez en nuestras vidas. Por primera vez en la historia. Los holandeses buscaban la victoria en su tercera ocasión, y debieron pensar que como a la tercera va la vencida, el fin justificaría los medios. O los miedos.

Ayer los holandeses me dieron miedo. Pavor. Me asustaron. Me dejaban blanco. Me ponían histérico. Me sacaban de mis casillas. ¿Estábamos en el Mundial de Fútbol? No, estábamos en el de Karate. Hasta 28 faltas pitó el árbitro inglés a favor del equipo español. Tan sólo 19 para los holandeses. Y las que no pitó. En cuanto a tarjetas… 9 a 5 a favor de España también. El partido empezó a enturbiarse, hasta convertirse en un desfile de jugadas sucias, traperas y muy violentas que el árbitro no pitaba o que consideraba meras faltas. Hasta la patada en el pecho a Xabi Alonso, que pudo haberle dejado sin respiración, pasó casi por alto. Tuvimos que esperar a la prórroga para que algo de justicia invadiera el estadio sudafricano y lograsen expulsar a uno de los jugadores holandeses. Qué desastre.

El partido continuaba 0-0 y cada pase, cada tiro a puerta, cada córner se vivía como el último de nuestras vidas. Hasta el cambio de Villa por Torres me dolió en el alma. Fernandito ha demostrado que tiene tanto talento para los mundiales como Guarronna para la música. Aunque bueno, con El Niño sí me iba yo a La Isla Bonita. Bonito lo iba a dejar… Ay, me vuelvo a perder.

Era nuestro Mundial. Era nuestro Partido. Nuestra Final. Y nos la estaban robando una panda –once, concretamente- de jugadores de boxeo frustrados y un árbitro con el que no se podía negociar. Pero Iniesta marcó un gol. ¡UN GOL! ¡INIESTA! ¡ESPAÑOL! ¡UN GOL! ¡VICTORIA! ¡GANAMOS! ¡UN GOOOOL! ¡GOOOOOOOOOOOOOL!


Como siempre dicen los comentaristas: “ese gol bien vale un Mundial”. Y así fue. Con un jugador menos –por fin- y un gol en contra, los holandeses ya no tuvieron qué hacer. Y se tuvieron que conformar con el segundo puesto.

Final del partido en el minuto 120, que se dice rápido, y victoria para España. La misma España que hace dos años ganó la Eurocopa. Esa España que no es más que una suma de jugadores del Barça más Casillas. ¿Quién metió todos los goles? ¿Quién defendió la portería de Iker? Ahora me estoy acordando del grupo de Facebook “Fachas que odian al Barcelona pero necesitan a sus jugadores para ganar el Mundial”. Cuánto politiqueo. Y cuanta realidad. Muajajá.

La prensa mundial se rinde hoy ante nuestros jugadores. Ante nuestro seleccionador, Vicente del Bosque, y ante un juego limpió que nos otorgó también la victoria moral. La futbolística. El único dato que empañó la victoria absoluta de España fue el hecho de que Villa no acabara el partido y, por tanto, sus posibilidades de ser el pichichi absoluto se redujeron a ninguna. Aún así, el Gran Premio, la Copa, nos la traemos a casita. ¿Quién se acuerda ahora del gafe de Sara Carbonero? ¿Quién piensa todavía que descentra a Iker Casillas? ¿Bibiana Aído pedirá que traigan el Pulpo Paul a un zoo español? ¿Le hará pagar impuestos Zapatero? ¿Le dedicará una canción Sosanna?

No puedo olvidarme del otro ganador del Mundial 2010. Y menos por quién es. Y es que finalmente el Balón de Oro del mundial ha sido entregado para mi siempre amado, para ese rubito con ojos claros, para el uruguayo más guapo del planeta, para el mejor jugador del Atlético de Madrid, ¡y del mundo! El Balón de Oro ha ido a parar a mi futuro marido, Diego Forlán.

Y vosotros os estaréis preguntando, ¿qué tiene esto de Odio? ¿Acaso odiamos el juego sucio de Holanda? ¿Estoy poniendo a parir a los jugadores –y a su entrenador-? Pues también, pero no. Hoy quisiera aprovechar el último párrafo de euforia futbolística para acordarme de todos los campeones españoles en los Juegos Olímpicos. Para mandarles un saludo a todos los ganadores de Tenis, de Fórmula 1, de Baloncesto… Para recordar a todos los premiados con un Óscar, con un Grammy, con un Nobel… Y pedir el mismo aplauso hacia ellos. Porque también son ganadores, aunque no los vean 30 millones de espectadores desde Telecinco. Aunque la gente no ponga pantallas gigantes en sus pueblos. Igualmente, también son ganadores. Y españoles.

Si hoy me atreviese a odiar algo, sería a todos los espectadores que, como yo, estuvieron pegados al televisor desde las 20.30h y que luego no reconocerían a un medallista paraolímpico, a un jugador de béisbol por la calle. Si es que oso odiar, lo haré a todos aquellos que viven el fútbol de manera desmedida. Hoy pido, y bien alto, el mismo reconocimiento para todos los demás ganadores. Reclamo la misma euforia cuando España juega a Balonmano. Cuando participamos en Eurovisión. Cuando se nos nomina a un premio internacional. Pero he de contradecirme y sentenciar, que se olviden de los toros.

El fútbol sí es mi fiesta nacional.

FELIZ DÍA DEL ODIO. Felicidades, Selección.

Roberto S. Caudet

miércoles, 30 de junio de 2010

El día en que quiero ser nazi


La semana va de aniversarios, y hoy es el día en que se cumplen cinco del día en que España dio el “Sí, quiero” a la propuesta del matrimonio entre personas del mismo sexo. Por ello, desde hoy mismo y hasta este domingo, Madrid celebra su Semana del Orgullo Gay. Les empiezas dando un día y te cogen la semana entera. Cómo son los mariquitas madrileños, ¿eh?

A muchos les parecerá una auténtica aberración leer esto de parte de un miembro del “Colectivo” pero tienen que entender que ni dentro de una minoría, porque se supone que los gays somos una minoría, también pueda haber discrepancias. Analicemos la situación.

El Día –porque empezó siendo uno- del Orgullo Gay era el momento elegido para la manifestación de la lucha por los derechos y libertades iguales para la ciudadanía heterosexual y la homosexual. Lo cual me parece muy lícito y muy coherente. Países en los que los gays no pueden donar sangre (Andorra, sin ir más lejos) dejan mucho que desear. En otros, la homosexualidad es un delito. En unos cuantos una enfermedad. Y en pocos, por suerte, se buscan y matan a todos los gayers por degenerados mentales.

Entiendo, pues, un día en el que reivindicar la eterna lucha. Pero que no se crean los gays que son los únicos desprotegidos en el mundo. Las mujeres cobran en nuestro país alrededor de un 13% menos que los hombres por un mismo trabajo realizado. Tienen la mitad de cargos de poder. Y los inmigrantes también cobran alrededor del 18% menos. No, ¡quieto todo el mundo! Dejad las carrozas y la purpurina. No quiero más carnavales fuera de tiempo. La actual fiesta gay es demodé y debería ser censurable. Si hay un día en el que me gustaría ser nazi, ése es hoy.

Nunca llegaré a comprender qué toman, qué fuman o qué se inyectan todos esos entes que “desfilan” en el Día del Orgullo Gay. En primer lugar, ¿por qué “desfilan”? ¿Y las carrozas? ¿Los gays, además de poco hombres, son vagos? No lo entiendo. Es bueno que los dueños de las carrozas hagan otros negocios además de la Cabalgata de Reyes, pero… no lo considero necesario.

En segundo lugar, el vestuario. ¿Es realmente necesario disfrazarse para manifestarse? Y eso los que se visten. Porque la mayoría de los gays que “se lucen” en las manifestaciones suelen ir sin camiseta. O sin pantalones. O sin ropa interior, directamente. A veces van hasta sin pelo. Ays. Es realmente cutre ver a un montón de chulos piscina que aprovechan el verano para lucir palmito –algunos van sin complejos, todo sea dicho-. ¿Irían igualmente semidesnudos si el Orgullo fuera en enero?

En tercero, las maneras. La forma de manifestarse me parece la más ilógica. Pero a ella se le suma el hecho de que todos vayan ondeando banderas con los siete colores del arco iris y se comporten como Norma Duval en sus primeros espectáculos. Son vulgares vedettes (que no pedetes) alzando sus plumas, moviéndose como prostitutas en celo pasadas de afrodisíacos. Y reafirmándose en unos amaneramientos del todo innecesarios. A todo este paripé se le suman un montón de besos gratis, un poco de sobeteo –o mucho, depende la franja de años- y varias toneladas de prejuicios hechos realidad.

Si lo que los homosexuales buscan es la igualdad, que empiecen ellos a demostrarla. Nada de carrozas. A pie. Nada de boas, ni de purpurina, ni de colores, ni de orgías gratuitas. No se puede reivindicar que son tan hombres como el resto pero andar vistiendo con tacones del 46, minifaldas color rosa fucsia y carmín en los labios. Predicar con el ejemplo les vendría muy bien a muchos de ellos que no luchan, se exhiben. Que no protestan, se suman a la festividad que honora al sexo por el sexo. Lo que se escenifica el Día del Orgullo denigra al colectivo homosexual. Tira por tierra todos los valores que intentamos vender los demás. Multiplica las injusticias y los comentarios denigrantes.

Ni siquiera los tres pregoneros de este año en Madrid son homosexuales: Inmanol Arias, Ana Milán y Karmele Marchante. ¿Quién ha contratado a esos tres? ¿Por qué motivo? Ellos no viven las injusticias, no lo sienten en sus propias carnes, ¿qué van a decir al respecto? Puros comentarios banales y gratuitos que sabría decirlos la planta que tengo medio muerta al lado del ordenador. Si lo que se quiere es venderse bien, que busquen a homosexuales para hacer el pregón. Y que sean personas cultas, ilustres, luchadoras. Que me traigan a Miss Tsunami es patético. Como lo es que los cantantes que van luego a la fiesta sean todos refritos de Operación Triunfo: Natalia –la cual aprovecha el momento para sacar el videoclip de su último disco-, Venus, Labuat…

Y, por cierto, el PSOE ha declarado esta misma mañana que “el PP no está invitado al Orgullo Gay”. ¿También hay propaganda electoral aquí? Cualquier momento es bueno para venderse, desde luego. Las etiquetas que se empeñaban en destruir a estas horas de la tarde se están mostrando una a una en Chueca, el barrio gay de Madrid. Porque señores, hasta hay un barrio-sectario donde viven todos. Qué bonito. Como los pitufos.

La homofobia se combate en el día a día. Consiguiendo el mismo puesto de trabajo. Mostrando el amor con tu pareja por la calle. Haciendo cambiar de pensamiento a los retrógrados. Luchando en los parlamentos. En las urnas electorales. Mostrándose tal y como se es. Sin locuras. Sin sobreactuaciones. El día en que se tenga que votar, votaré. Si hay que firmar, firmaré. Si hay que matar, pagaré un sicario. Pero que no cuenten conmigo para ese circo. Yo no formo parte de ese colectivo que nos venden estos días. Hoy no soy homosexual. No de esa clase.

Roberto S Caudet

lunes, 28 de junio de 2010

Las excentricidades de Michael Jackson pesaron más que su carrera


El miércoles pasado se cumplía el primer aniversario del fallecimiento de Michael Jackson y los medios de comunicación de todo el globo se hicieron eco del “acontecimiento”. Tenía un artículo preparado para la ocasión pero al final opté por otro tema más social. Así que me ocuparé del señor Jackson hoy. Con permiso de sus fans, a los que recomiendo no seguir leyendo.

La carrera artística de Michael Joseph Jackson es absolutamente intachable, no cabe duda. Más de diez discos en el mercado, apariciones varias en películas (a destacar El Mago de Öz en su versión negra –esta última palabra me encanta-), giras de más de dos años, varias docenas de premios internacionales, varios centenares de discos de oro, platino, brillante y hasta con satélites pululando alrededor y una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood conseguida con menos de 30 años. Intachable, repito.

Seguramente todos recordaréis canciones míticas como Thriller, Beat it… No culpes a la nocheee. No culpes a la playaaa. No culpes a la lluviaaaa. Será que no me amas. Pues no, Michael, no te amo. Y jamás he entendido como nadie puede hacerlo. Analicemos la situación más detenidamente...
Michael Jackson físicamente. La opinión pública tachará el comentario de superficial pero me gustaría saber con cuántas personas que físicamente no os atraen en absoluto habéis mantenido relaciones sexuales. ¿Ninguna? ¿Menos? Gracias. Es cierto que el cantante fue atractivo en algún momento de su vida, pero con el paso del tiempo y de las numerosas –decenas, docenas, centenares, miles de millones- operaciones, el señorito Jackson degeneró en una mezcla patética y deforme de plástico seco y duro con pequeñas dosis de dermis.

No concibo una parte de su cuerpo que no estuviera destrozada. Deteriorada. Venida a muy menos. Si alguien quisiera dibujar una caricatura del cantante, seguramente haría un dibujo con tiza blanca y pondría un triángulo perfecto como la punta de su nariz. Raya al medio de un pelo grasiento y sin vida y una mirada entre patética y desgarradora. Todo bajo un paraguas y rodeado de cientos de escoltas. Y todo blanco. Muy blanco. Tan blanco como los anuncios de Ariel. Seguramente a la primera persona a la que se le apareció la señorita de Neutrex fue a Michael Jackson. Tal fue la obesión con el futuro blanco anacarado que el cantante se sometió a toda una serie de procedimientos –nunca operaciones, según el propio Michael- para aclararse la piel.

Y es que cuánto más blanco, más feliz era mi odiado de hoy. Lo cual se me antoja como surrealista. ¿Por qué entonces el pueblo negro lo quería tanto? ¿No se dan cuenta del rechazo a toda la raza? Vamos, que el único que se salvaba de la matanza de Hitler de todos ellos era él, Michael. No llego a saber si hay alguna parte de su cuerpo que no estuviera operada. Sí, una sí sé. Su pene. Perdón.

Precisamente gracias a este miembro del cuerpo de Jackson pasamos al punto dos: Michael Jackson psíquicamente. El artista, por definirlo de alguna manera, fue acusado hasta su muerte de haber violado a numerosos menores. Él mismo confirmaba que se acostaba con niños para “protegerlos”. Miedo me da saber qué habría hecho si le hubieran dicho que estaban en peligro de extinción. Estaría mal que no escribiese también que uno de los niños que demandó al cantante confesó a un canal estadounidense que lo había hecho bajo las órdenes de sus padres y por dinero. Aplausos. Si no sucedió tal acto sexual, ¿cómo pudo identificar el órgano sexual de Jackson? ¿Cómo sabía de la peca negrita que tenía el blanquito en su penecito? ¿Y cuando era negro, la peca era blanca?

Ese es otro asunto del que me ocuparé en otro momento, si eso. Estaréis todos de acuerdo que uno pudo haber “mentido”. ¿Y el resto? ¿Todos por dinero? Pues qué raro que Ivonne Reyes no dijese que el hijo era también de Michael y no de Pepe Navarro. No me satisface… En cualquier caso, también recordaremos las terribles imágenes en las que Jackson amenazaba –jugaba, fingía, escenificaba- con tirar a uno de sus hijos por el balcón de un hotel. Y la cantidad de veces que ha ocultado el rostro de las criaturitas con pesados burkas. También los quería proteger de los periodistas. Para que no se convirtieran en elementos fácilmente identificables. Por eso los disfraza. Muy coherente.

Una tras otra, las excentricidades de Jackson se fueron acumulando y pesaban más que su carrera. Una balanza que caía hacia el lado negativo y que sólo ha variado tras la muerte del cantante. Su familia, primero víctima y ahora enfrentada por el dinero, comparecían ante los medios de todo el mundo previos cheques millonarios. Sus objetos eran subastados. Su funeral, televisado -¡Y cantado!-. Sin vida íntima. Sin un ápice de historia privada. Todo fue público en la vida de Michael Jackson, que un buen día estalló.

Su vida no fue más fuerte que los negocios que crecían a sus espaldas. Y que se multiplicaron tras su muerte. No hablo de conspiración, pero recapacitad vosotros mismos. Jackson era una persona enferma. Visiblemente enferma. Una marioneta para su representante. Una fuente de ingresos para su alrededor. Un blanco fácil –perdón- para los medios. Él mismo tan sólo era una pequeña llama de cerilla de su propia vida. Y una vez cumplida su función, la llama se apagó. Hace ya un año. Descanse en paz. Dejadle hacerlo.

 
Roberto S Caudet

viernes, 25 de junio de 2010

Román quería ser un negrito de verdad. Y se lo han prohibido


Lo reconozco. Estoy viendo Supervivientes desde que empezó. No es un programa que me apasiona especialmente, pero me entretiene lo suficiente. Reconozco, y lo sabéis, que soy un fan absoluto de los realities shows desde su comienzo en España con Gran Hermano 1. Desde entonces los he visto casi todos –de Telecinco, todos- y además he formado auténticas plataformas (recordad la que lié para salvar a Roser en Popstars, la que monté por Soraya en el primer O(T)elecinquero y las últimas críticas de las Galas de GH y OT por Tuenti). Pues bien, el Odio vuelve por el verano y lo hace hablando del programa más isleño que existe en el panorama actual. Con permiso de la recién fallecida Lost, por supuesto.

Soy consciente de que estaríais esperando algún Odio referente a las dos efemérides que hoy sacuden el país –o tres, si incluimos el Mundial- pero ya hablaré de ellas a lo largo de la semana que viene. Que se preparen los fans de Michael Jakcson, y los detractores de la pena de muerte. Al lío, que me pierdo con tanta autopromoción.

Como venía diciendo, hoy quisiera hacer una crítica "diferente" a Supervivientes en Nicaragua. Anoche, durante la Gala, conocimos que Román, el bombero de Vizcaya –¡el tremendo bombero de Vizcaya!- iba a ser expulsado del programa por razones médicas. El programa utilizó eufemismos varios para no decir que el favorito de los anónimos estaba más en el otro barrio que en el nuestro. La pena es que no estuviera en la otra acera, pero ése es otro asunto.

Román había adelgazado 15 quilos en 7 semanas. Cual anoréxica de serie de adolescentes. Además, y por la insistencia del concursante de querer pescar, recolectar fruta, ayudar a tapar el fuego de las lluvias, superarse cada vez más en las pruebas de líder, no comer tanto como sus compañeros, y un sinfín de heroicidades varias, el pobre, se vio superado por las circunstancias. Hasta aquí, la gente con un poco de sentido común –los cuatro con sentido común que vemos el programa, digo- pensamos “pues que se dedique a descansar y le den dos pastillitas…”. De hecho, el propio Jesús Vázquez, conductor del programa, confirmó que los resultados de las pruebas médicas aconsejaban descanso, pero no eran excesivamente preocupantes. Pues no. El programa decidió expulsarle. El público, algunos invitados, la madre del afectado y el propio afectado insistían en que podía seguir allí peleando por ganar el concurso.


Todo un ejemplo de coraje, de valentíaNo, lo siento pero no. ¿Estamos todos locos? Los médicos le han dicho que se relaje una y otra vez y él ha seguido demostrando lo bombero que es. Lo fuerte que es. Hasta que su cuerpo ha dicho basta. ¿Por qué no reconocerlo? ¿Por qué no cesar? ¿Por qué no aceptar una derrota física? Supongo que el demostrar lo hombre que es uno y el premio final pueden con el raciocinio. Algo de lo que el concurso va escasito. Escassi-to. Muajajá.

Si miramos con una lupa maligna, Supervivientes es un auténtico reality terrible. Inhumano. Superficial y artificial. Denigra los valores humanos y vuelve tonta a la audiencia. Una aproximada docena de personitas de un país desarrollado son llevados, por voluntad propia, a una isla remota del Atlántico. Allí tendrán que pasar una cantidad determinada de meses luchando contra los demás. Con escasez casi absoluta de alimentos. De higiene. De agua potable y sin poder refugiarse –digamos, con dignidad- de la lluvia, el viento y los mosquitos que les pican sin cesar. ¿Estamos jugando a ser negritos africanos? ¡Yo me pido Angola! Lo cierto es que si se piensa, el espectáculo que nos venden es lamentable.

Pero no pasa nada, ayer pudimos comprobar que si una de esas personitas no se encuentra en condiciones, la repatrían a España para que se alimente como debe. ¿Cómo debe? ¡Qué locura! Ellos que pueden, claro, toman el avión y a casita. ¿Qué les pasa a esos millones de africanos –porque esto es África- que no pueden ir a ningún otro sitio cuando no tienen qué comer? ¿Quién los expulsa de la isla cruel cuando no pueden aguantar más? ¿Quién les hace una prueba de recompensa si se quedan sin harina?

Hoy, analizando la situación de Román, me di cuenta de lo ilógico que era todo. El vasco quería seguir allí. Román quería ser un negrito de verdad. Y se lo han prohibido. Pues qué bien, supongo. La reflexión me ha llevado a un estado patético en el que no distingo lo real del concurso. Lo moral de lo surrealista. Qué horror. Me siento indigno por formar parte de este show televisivo. Hoy, me odio a mí mismo. Y a todos los que vemos el programa sin entender su fundamento.

Nada más que decir. Feliz fin de semana. Que gane España esta tarde.
¡Feliz Día del Odio!

Roberto S Caudet