Una semana sin Odio no siempre implica una semana feliz. De hecho, la ausencia de artículos de estos últimos días se ha debido a que he estado enfermito y sin ganas algunas de encender el ordenador y ponerme a despotricar. Aunque lo hago muy a gusto, vaya. El caso es que también he estado sin música estos días. Me producía más dolor de cabeza. Ayer, ya recuperado prácticamente, decidí volver a la vida normal y la primera canción que me vino a la mente fue por causas del destino –y de mis gafas de sol- “Por muchas lunas llenas”, de la catalana Roser.
La canción siempre me ha parecido de las peores de su cedé “Desperté”, con el que la Popstar iniciaba una carrera musical en solitario (la única que continúa tras el desfase de programa) y que hace poco se relanzó con su último disco, “Clandestino” con cuyo primer single “La bestia” se armó de valor y no dudó en disparar contra su ex discográfica. ¿Suena a típico, verdad? No se crea Roser la única cantante que ha plantado cara a sus jefes. El triunfito Naím Thomas –el riquísimo Naím Thomas- ya escribió en una de sus canciones “Valemusic ya no confía en mí” con la primera letra de cada verso, y que tuvo su momento polémico.
También la triunfita Idaira (“Noemí, por lista, Idaira finalista”) intentó dedicarle una canción a todos aquellos que pensaban que cantaba mal y que destrozaba las canciones que le daban en la Academia. Si no me equivoco, Nika y Ainhoa Cantalapiedra también tienen temas “reivindicativos”. Qué niñatos todos, diréis. Pues yo creo que no. Precisamente, hoy quisiera sumarme a todos ellos y solidarizarme. Este artículo de hoy se centra especialmente en el olvido musical.
Decidme, ¿cuántos nombres os vienen a la cabeza si os digo Operación Triunfo 1? Seguramente os acordaréis de los 16 participantes y hasta sabríais decirme algunas de sus canciones. Porque todos ellos lograron sacar, al menos, un disco con canciones más o menos acertadas y con un estilo más o menos definido. El momentazo de OT-1 fue espectacular y las audiencias históricas. Tanto fue así que Televisión Española repitió el concurso otros dos años más, con una línea a la baja y con una tercera edición de la cual ya no se acuerda nadie.
Telecinco cogió el relevo y nos vendió una cuarta generación de “artistas” entre los cuales no se olvidan ni Soraya, ni Edurne… ni ya. Sergio Rivero ganó por una diferencia de votos no muy amplia pero el planeta ya lo ha olvidado. A él y a su cara de Peugeot 206. Del resto de participantes de las otras muchas ediciones que ha organizado Telecinco, ya nadie se acuerda. Tan sólo La Campos los lleva consigo en sus tardes de sábado con el temático “¡Qué tiempo tan feliz!”. Terrible, la verdad.
Uno se pregunta a estas alturas por qué ninguno de los ganadores de Operación Triunfo tiene una carrera musical importante. Por qué no suenan sus canciones en las radios. Por qué no los vemos en la televisión cantando sus… Aquí está el fallo. ¿Cuántos programas musicales hay en la televisión actual? Ninguno. Hoy en día no es fácil ser cantante ni hacerse un hueco en el panorama musical español y no creo que sea cuestión de la crisis.
Desde hace un tiempo, ninguna de las cadenas de televisión, ni privadas ni públicas, se dedica a vender ni a promocionar nuevos artistas. Ni tampoco a los antiguos. ¿Dónde está Música Sí? ¿Qué fue de Noche de fiesta? Incluso la gala Miss España reunía a varios artistas sobre el escenario. Y no me refiero a las candidatas con sus bocas y piernas prodigiosas. Me refiero a artistas de cantantes. Desde hace unos años, hasta las galas de Nochevieja son refritos de actuaciones ya descatalogadas. De cantantes haciéndose pasar por otros cantantes, de canciones del Caribe 1889 y de humoristas de cuando la Revolución Francesa. Así, desde luego, es imposible abrirse camino en España.
Si se sintoniza cualquier emisora de radio en nuestro país, probablemente tengamos “las mejores canciones” de los años 70, 80 y 90; y a las últimas estrellitas salidas de Estados Unidos o de por allá. Tan sólo se escucha alguna nueva canción en español si proviene de La Oreja de Van Gogh, Alejandro Sanz, Juanes o Shakira, y eso cuando les da por cantar en español.
Es lamentable comprobar cómo ha decaído la música en España y no sólo por la piratería. Las propias discográficas prefieren sacarle un disco “más de lo mismo” a Rosario que apostar por una nueva voz. Hasta el Disco Estrella 2010 contiene más canciones en inglés que en español. Luego nos extraña que en OT todos canten en el idioma de la Thatcher y que hasta en los castings que enfrenten unos pobres ilusos a una lengua que desconocen pero que intentan imitar fonéticamente y hasta con acento a lo Melanie Griffith. Patético. Pero, en cambio, bien que quieren los de siempre que en Eurovisión se cante en español…
Hoy mi Odio va para todos aquellos que hacen y deshacen la programación en España. Para los productores de televisión. Para los directores de programas. Para los que siguen insistiendo en poner a Melody, Armando Manzanero y Thalía en Los 40 Latino en lugar de renovarse, por lo menos, al año 1990. Odio a todas las discográficas que no promocionan a nuevos talentos, o a los que consideran menos rentables. Odio también a las fiestas de los pueblos que gastan más dinero en bous al carrer y en chuminadas por el estilo y luego no son capaces de llevar a un buen cantante para que amenice. Y Odio también a todos aquellos que visten y peinan a los triunfitos y antaño a las Popstars. Odio a los que les ponen canciones de mieeeerda para que se hundan en lo más profundo del fango musical. Y Odio a los que se meten con ellos por venir de concursos. ¿Qué otra plataforma sino?
Y hablando de plataformas… mi próximo Odio ya auguro que es un poco transformista. Muajajá…lejandro!
¡Feliz Día del Odio a todos!
Posdata: Os dejo, en el primer comentario del artículo –por no alargarlo- la letra de la canción “Por muchas lunas llenas”, de Roser, que hoy titula el Odio y que además dedico, muy especialmente, a Adrianos.
Roberto S. Caudet






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