Jamás Madrid había dado tanto juego en tan poco tiempo. Sus calles son noticia a cada minuto. Y no es para menos. Las plazas de la capital española están repletas –por no decir infestadas- de jóvenes, monjas, curas y del Papa. Pero también albergan a cientos de Indignados, aunque ahora se llaman “caminantes laicos”. Dentro de nada y por motivo del estreno de su segunda temporada, los que una vez acamparon contra los políticos acabarán siendo “The Walking Dead”. Y, francamente, con las palizas que les meten los Nacionales, tampoco me extrañaría mucho que acabaran así de verdad.
Como os decía, Madrid está repleta de gente con ideologías y creencias bastante diferentes. Los que celebran la JMJ (Jornada Mundial de la Juventud) son de aire católico. Celebran que se van a encontrar con el Papa –tres nanosegundos y medio- y que Dios es bueno, misericordioso y fan de Lady Gaga. No estoy blasfemando. Anoche, en los informativos de Telecinco, podíamos contemplar a un grupo de adolescentes religiosas que esperaban al Papa cantando: “Ra-Ra-Ratzinger” con la entonación del “Roma-Roma-ma” de la canción “Bad romance” de Lady Gaga. Sin duda, un romance extraño les espera a esas niñas que en lugar de a Justin Bieber han decidido amar a un ser etéreo al que sólo conocerán -si eso- cuando mueran. Imagino que, si no les gusta la experiencia, nos lo contarán vía Anne Germain; porque no creo que El Corte Inglés les devuelva la vida ni el dinero…
También bailan el Waka Waka por las calles de Madrid. No cabe duda de que Shakira y Lady Gaga son dos grandes devotas de Jesucristo y de su legado. Me gusta la coherencia de estas nuevas juventudes católicas. Aunque luego sigan diciendo ante las cámaras que están en contra del aborto, de los matrimonios homosexuales y de los preservativos. En eso están muy de acuerdo con sus líderes, los curas, sacerdotes, obispos, arzobispos, y no-sé-cuántos cargos más. Que luego se quejarán de Zapatero, pero el Papa tiene más asesores y Ministros por el mundo que cualquier Jefe de Estado que se precie.
Esas nuevas Juventudes siguen a pies juntillas los dictámenes de sus líderes, insisto. Pero algo se les escapa: ¿a mitad de mañana, qué hacen? Porque, según dicen los hosteleros madrileños, mucho agua parece que no necesitan. ¿Y comida? No, tampoco. Estoy casi a punto de poder confirmar que los católicos más jóvenes no necesitan comer ni beber para seguir viviendo. Crecen gracias a la fotosíntesis. Es un pequeño paso para Dios pero un gran paso para la humanidad. No, eso era otra cosa…
Por su parte, los Indignados defienden… Oh, siempre se me olvida que no saben lo que defienden. Ahora en sus pancartas ya no existe la política española. Ni una vivienda justa. Ni tampoco salario. Ahora están indignados con la visita del Papa, porque ellos son “laicos”. Hasta aquí todo perfecto. De hecho, me pareció bastante apropiada la “marcha laica” que decidieron hacer por Madrid para protestar por el elevado gasto público que conlleva la visita del Papa a nuestro país durante unos días. Si hace unos días era Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, la que decía que no tenían “ni un p*** duro”; ahora parece que les sobra.
Que, digo yo, ¿para qué tanto gasto por la visita de un enviado de Dios? Si con que se molestaran en pasar un rallador de queso por una de las columnas doradas del Vaticano (o de cualquier otra iglesia católica) habría suficiente para pagar la visita de Ratzinger… Pero claro, el oro del Vaticano es sagrado. Y las cruces al cuello que lleva el señor Papa también. Porque me pongo yo eso de colgante y me guillotino.
El caso es que los Indignados ahora sabemos que son laicos. Y que no les ha sentado muy bien eso de tener que pagar por que venga el Papa, cuando a ellos (a España entera, que hay que recordar que somos un Estado a-con-fe-sio-nal) no los representa en absoluto. Y han formado una marcha en protesta. Pero la marcha, como las acampadas, es les ha ido de las manos. Y lo que parecía ser un par de horas está durando ya un par de días. Y la marcha se ha convertido en una trifulca con toda una serie de calificativos varios para los católicos. Calificativos e insultos. Insultos y vejaciones. Vamos, que los han puesto finos. Yo me pregunto si esos mamarrachos que dicen ser laicos no querrán decir que son anticristianos. Porque yo soy laico pero jamás me atrevería a actuar de esa manera. Igual es que también tengo un sentido cívico que ellos desconocen.
Pero lo peor de todo es que estos Indignados Laicos han hecho lo que parecía imposible: cuando todo el mundo estaba en contra del Papa y sus Hijitos Católicos, ahora estamos a favor de ellos. Porque los han hecho víctimas. Porque no pueden protestar por la carga policial cuando ellos atacan con la misma crueldad a los católicos. Especialmente a los más jóvenes y extranjeros que desconocen absolutamente cómo funciona el mundo. Y eso está mal. Muy mal.
¿Sabéis lo más divertido? Que en el fondo, Indignados Laicos y Juventudes Cristianas son exactamente iguales. Unos con violencia y con pancartas, y otros mediante leyes católicas e iglesias; pero todos pretenden imponer su verdad como la única verdad. Ambos grupos se creen con la autoridad y la fuerza suficiente como para imponerla al resto. Los primeros creen que lo hacen “por el bien de todos”, aunque no nos lo hayan preguntado. Y los segundos porque “lo dice Dios”, aunque jamás hayan hablado con él. Pero todos se creen conocedores de la única verdad. Y la única verdad es que son unos auténticos intolerantes que creen que su manera de ser, vivir y pensar es la única válida. Y encima nos lo quieren hacer creer a nosotros. Apaga y vámonos.
¡FELIZ DÍA DEL ODIO A TODOS!
Roberto S. Caudet








Una durísima entrada de Marcelo a Cesc Fàbregas hizo estallar la bomba. 














