“El 48% de los franceses está de acuerdo con la repatriación de los gitanos a sus países de orígenes frente al 42% que se declara en contra. El 10% restante no quiere opinar al respecto”.
La noticia es portada hoy de el diario francés “Le parisien” y el español ABC se ha hecho eco también del sondeo. Y es que Francia ha expulsado en lo que lleva de año a casi 8.400 inmigrantes ilegales. En 2009 fueron un total de 9.875 y hoy han sido repatriados otros 300 gitanos. La mayoría de ellos son rumanos y búlgaros, y todos han recibido 300 euros para que se lleven a sus países de origen.
Cualquiera de vosotros habrá salido a la calle y habrá podido observar que España no es un país con una fuerte raza aria, precisamente. Más bien todo lo contrario. Desde hace un tiempo atrás, es muy fácil encontrarse en un transporte público con personas latinoamericanas, de países de Europa del Este o de africanos. Estas personas no son, aparentemente, españolas. Aunque algunas de ellas sí han conseguido la nacionalidad española y, por tanto, son ciudadanos con su derecho a voto, a educación, a sanidad pública y… ¿a impuestos?
El conflicto viene cuando estos extranjeros no son realmente iguales que los españoles nacidos en España. En nuestro país, la mayoría de ciudadanos que vienen de fuera tienen una serie de ventajas discriminatorias para con los que han estado aquí toda su vida: pueden permitirse abrir negocios sin pagar los mismos impuestos, tienen facilidades para el material escolar y el transporte público y reciben antes una serie de becas y ayudas que los españoles nacidos en España. ¿Por qué? La respuesta es sencilla: además de ser extranjeros, tienen una renta menor.
Los ciudadanos pobres españoles han dejado de serlo. Y no es que ganen ahora más, es que los hay que ganan menos. Y así las ayudas que recibían, ahora son nada. Aire. El consuelo de saber que los hay que viven peor. Me alegra profundamente saber que los impuestos que pago van a parar a los más necesitados, hayan nacido donde hayan nacido, pero siempre y cuando esas personas lo utilicen realmente para poder vivir y además se integren en el país en el que van a vivir, posiblemente, el resto de sus vidas.
Me pregunto qué cantidad de pateras habrá llegado a tierras españolas en lo que va de lustro y cuántos de los ocupantes hablarán ahora español. Porque todos hemos podido comprobar que lo único que saben decir los negros que venden falsificaciones es “peor sería que estuviera robando”. Tócate las narices, Luisiana Juana. Ya me imagino yo a un etarra diciendo en el juicio: “Peor sería que hubiera puesto tres bombas en lugar de una”. Creo que aquí empieza el verdadero problema con algunos inmigrantes. Los que no se integran.
Es divertido comprobar cómo en Londres se han intentado organizar manifestaciones en contra de los derechos homosexuales –y a favor de la pena de muerte- por parte de grupos islámicos. O cómo protestan porque no se les deje llevar un burka en edificios de la Administración pública. O que pidan días libres para poder hacer bien a gusto el ramadán. O comprobar en los periódicos que la mitad de los asesinatos que ocurren entre adolescentes son por bandas de Latin Kings. Eso sí es integración y lo demás tonterías.
Apoyo la inmigración y apoyo a todos los inmigrantes que luchan por vivir de manera legal. Que han salido de sus países para buscar una mejor vida y que lo hacen trabajando limpiamente, que intentan darle una buena educación a sus hijos. Pero no apoyo a todos aquellos que quieren quitar las cruces de los colegios pero si vas a su país, o te tapas la cabeza o te lapidan. No apoyo en absoluto a todos los que se discriminan solos, a todos los que abusan de la hospitalidad de los demás, a todos los que ocupan parques, calles, y lo hacen a la fuerza.
Hoy mi Odio no va, ni mucho menos, para Sarkozy ni sus medidas. Todo lo contrario, aplaudo el valor y el coraje para afrontar el problema que tiene su país. Y que también tenemos nosotros. En España hemos tenido una entrada masiva y descontrolada de inmigrantes que han entrado de forma ilegal y que ahora se turnan los carnets de la seguridad social para ir al médico, que roban cobre para malvenderlo, que violan a niñas porque en su país es tradición y que no tienen el gusto de querer aprender el español ni conocen a Curri Valenzuela.
Roberto S. Caudet










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