miércoles, 30 de junio de 2010

El día en que quiero ser nazi


La semana va de aniversarios, y hoy es el día en que se cumplen cinco del día en que España dio el “Sí, quiero” a la propuesta del matrimonio entre personas del mismo sexo. Por ello, desde hoy mismo y hasta este domingo, Madrid celebra su Semana del Orgullo Gay. Les empiezas dando un día y te cogen la semana entera. Cómo son los mariquitas madrileños, ¿eh?

A muchos les parecerá una auténtica aberración leer esto de parte de un miembro del “Colectivo” pero tienen que entender que ni dentro de una minoría, porque se supone que los gays somos una minoría, también pueda haber discrepancias. Analicemos la situación.

El Día –porque empezó siendo uno- del Orgullo Gay era el momento elegido para la manifestación de la lucha por los derechos y libertades iguales para la ciudadanía heterosexual y la homosexual. Lo cual me parece muy lícito y muy coherente. Países en los que los gays no pueden donar sangre (Andorra, sin ir más lejos) dejan mucho que desear. En otros, la homosexualidad es un delito. En unos cuantos una enfermedad. Y en pocos, por suerte, se buscan y matan a todos los gayers por degenerados mentales.

Entiendo, pues, un día en el que reivindicar la eterna lucha. Pero que no se crean los gays que son los únicos desprotegidos en el mundo. Las mujeres cobran en nuestro país alrededor de un 13% menos que los hombres por un mismo trabajo realizado. Tienen la mitad de cargos de poder. Y los inmigrantes también cobran alrededor del 18% menos. No, ¡quieto todo el mundo! Dejad las carrozas y la purpurina. No quiero más carnavales fuera de tiempo. La actual fiesta gay es demodé y debería ser censurable. Si hay un día en el que me gustaría ser nazi, ése es hoy.

Nunca llegaré a comprender qué toman, qué fuman o qué se inyectan todos esos entes que “desfilan” en el Día del Orgullo Gay. En primer lugar, ¿por qué “desfilan”? ¿Y las carrozas? ¿Los gays, además de poco hombres, son vagos? No lo entiendo. Es bueno que los dueños de las carrozas hagan otros negocios además de la Cabalgata de Reyes, pero… no lo considero necesario.

En segundo lugar, el vestuario. ¿Es realmente necesario disfrazarse para manifestarse? Y eso los que se visten. Porque la mayoría de los gays que “se lucen” en las manifestaciones suelen ir sin camiseta. O sin pantalones. O sin ropa interior, directamente. A veces van hasta sin pelo. Ays. Es realmente cutre ver a un montón de chulos piscina que aprovechan el verano para lucir palmito –algunos van sin complejos, todo sea dicho-. ¿Irían igualmente semidesnudos si el Orgullo fuera en enero?

En tercero, las maneras. La forma de manifestarse me parece la más ilógica. Pero a ella se le suma el hecho de que todos vayan ondeando banderas con los siete colores del arco iris y se comporten como Norma Duval en sus primeros espectáculos. Son vulgares vedettes (que no pedetes) alzando sus plumas, moviéndose como prostitutas en celo pasadas de afrodisíacos. Y reafirmándose en unos amaneramientos del todo innecesarios. A todo este paripé se le suman un montón de besos gratis, un poco de sobeteo –o mucho, depende la franja de años- y varias toneladas de prejuicios hechos realidad.

Si lo que los homosexuales buscan es la igualdad, que empiecen ellos a demostrarla. Nada de carrozas. A pie. Nada de boas, ni de purpurina, ni de colores, ni de orgías gratuitas. No se puede reivindicar que son tan hombres como el resto pero andar vistiendo con tacones del 46, minifaldas color rosa fucsia y carmín en los labios. Predicar con el ejemplo les vendría muy bien a muchos de ellos que no luchan, se exhiben. Que no protestan, se suman a la festividad que honora al sexo por el sexo. Lo que se escenifica el Día del Orgullo denigra al colectivo homosexual. Tira por tierra todos los valores que intentamos vender los demás. Multiplica las injusticias y los comentarios denigrantes.

Ni siquiera los tres pregoneros de este año en Madrid son homosexuales: Inmanol Arias, Ana Milán y Karmele Marchante. ¿Quién ha contratado a esos tres? ¿Por qué motivo? Ellos no viven las injusticias, no lo sienten en sus propias carnes, ¿qué van a decir al respecto? Puros comentarios banales y gratuitos que sabría decirlos la planta que tengo medio muerta al lado del ordenador. Si lo que se quiere es venderse bien, que busquen a homosexuales para hacer el pregón. Y que sean personas cultas, ilustres, luchadoras. Que me traigan a Miss Tsunami es patético. Como lo es que los cantantes que van luego a la fiesta sean todos refritos de Operación Triunfo: Natalia –la cual aprovecha el momento para sacar el videoclip de su último disco-, Venus, Labuat…

Y, por cierto, el PSOE ha declarado esta misma mañana que “el PP no está invitado al Orgullo Gay”. ¿También hay propaganda electoral aquí? Cualquier momento es bueno para venderse, desde luego. Las etiquetas que se empeñaban en destruir a estas horas de la tarde se están mostrando una a una en Chueca, el barrio gay de Madrid. Porque señores, hasta hay un barrio-sectario donde viven todos. Qué bonito. Como los pitufos.

La homofobia se combate en el día a día. Consiguiendo el mismo puesto de trabajo. Mostrando el amor con tu pareja por la calle. Haciendo cambiar de pensamiento a los retrógrados. Luchando en los parlamentos. En las urnas electorales. Mostrándose tal y como se es. Sin locuras. Sin sobreactuaciones. El día en que se tenga que votar, votaré. Si hay que firmar, firmaré. Si hay que matar, pagaré un sicario. Pero que no cuenten conmigo para ese circo. Yo no formo parte de ese colectivo que nos venden estos días. Hoy no soy homosexual. No de esa clase.

Roberto S Caudet

lunes, 28 de junio de 2010

Las excentricidades de Michael Jackson pesaron más que su carrera


El miércoles pasado se cumplía el primer aniversario del fallecimiento de Michael Jackson y los medios de comunicación de todo el globo se hicieron eco del “acontecimiento”. Tenía un artículo preparado para la ocasión pero al final opté por otro tema más social. Así que me ocuparé del señor Jackson hoy. Con permiso de sus fans, a los que recomiendo no seguir leyendo.

La carrera artística de Michael Joseph Jackson es absolutamente intachable, no cabe duda. Más de diez discos en el mercado, apariciones varias en películas (a destacar El Mago de Öz en su versión negra –esta última palabra me encanta-), giras de más de dos años, varias docenas de premios internacionales, varios centenares de discos de oro, platino, brillante y hasta con satélites pululando alrededor y una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood conseguida con menos de 30 años. Intachable, repito.

Seguramente todos recordaréis canciones míticas como Thriller, Beat it… No culpes a la nocheee. No culpes a la playaaa. No culpes a la lluviaaaa. Será que no me amas. Pues no, Michael, no te amo. Y jamás he entendido como nadie puede hacerlo. Analicemos la situación más detenidamente...
Michael Jackson físicamente. La opinión pública tachará el comentario de superficial pero me gustaría saber con cuántas personas que físicamente no os atraen en absoluto habéis mantenido relaciones sexuales. ¿Ninguna? ¿Menos? Gracias. Es cierto que el cantante fue atractivo en algún momento de su vida, pero con el paso del tiempo y de las numerosas –decenas, docenas, centenares, miles de millones- operaciones, el señorito Jackson degeneró en una mezcla patética y deforme de plástico seco y duro con pequeñas dosis de dermis.

No concibo una parte de su cuerpo que no estuviera destrozada. Deteriorada. Venida a muy menos. Si alguien quisiera dibujar una caricatura del cantante, seguramente haría un dibujo con tiza blanca y pondría un triángulo perfecto como la punta de su nariz. Raya al medio de un pelo grasiento y sin vida y una mirada entre patética y desgarradora. Todo bajo un paraguas y rodeado de cientos de escoltas. Y todo blanco. Muy blanco. Tan blanco como los anuncios de Ariel. Seguramente a la primera persona a la que se le apareció la señorita de Neutrex fue a Michael Jackson. Tal fue la obesión con el futuro blanco anacarado que el cantante se sometió a toda una serie de procedimientos –nunca operaciones, según el propio Michael- para aclararse la piel.

Y es que cuánto más blanco, más feliz era mi odiado de hoy. Lo cual se me antoja como surrealista. ¿Por qué entonces el pueblo negro lo quería tanto? ¿No se dan cuenta del rechazo a toda la raza? Vamos, que el único que se salvaba de la matanza de Hitler de todos ellos era él, Michael. No llego a saber si hay alguna parte de su cuerpo que no estuviera operada. Sí, una sí sé. Su pene. Perdón.

Precisamente gracias a este miembro del cuerpo de Jackson pasamos al punto dos: Michael Jackson psíquicamente. El artista, por definirlo de alguna manera, fue acusado hasta su muerte de haber violado a numerosos menores. Él mismo confirmaba que se acostaba con niños para “protegerlos”. Miedo me da saber qué habría hecho si le hubieran dicho que estaban en peligro de extinción. Estaría mal que no escribiese también que uno de los niños que demandó al cantante confesó a un canal estadounidense que lo había hecho bajo las órdenes de sus padres y por dinero. Aplausos. Si no sucedió tal acto sexual, ¿cómo pudo identificar el órgano sexual de Jackson? ¿Cómo sabía de la peca negrita que tenía el blanquito en su penecito? ¿Y cuando era negro, la peca era blanca?

Ese es otro asunto del que me ocuparé en otro momento, si eso. Estaréis todos de acuerdo que uno pudo haber “mentido”. ¿Y el resto? ¿Todos por dinero? Pues qué raro que Ivonne Reyes no dijese que el hijo era también de Michael y no de Pepe Navarro. No me satisface… En cualquier caso, también recordaremos las terribles imágenes en las que Jackson amenazaba –jugaba, fingía, escenificaba- con tirar a uno de sus hijos por el balcón de un hotel. Y la cantidad de veces que ha ocultado el rostro de las criaturitas con pesados burkas. También los quería proteger de los periodistas. Para que no se convirtieran en elementos fácilmente identificables. Por eso los disfraza. Muy coherente.

Una tras otra, las excentricidades de Jackson se fueron acumulando y pesaban más que su carrera. Una balanza que caía hacia el lado negativo y que sólo ha variado tras la muerte del cantante. Su familia, primero víctima y ahora enfrentada por el dinero, comparecían ante los medios de todo el mundo previos cheques millonarios. Sus objetos eran subastados. Su funeral, televisado -¡Y cantado!-. Sin vida íntima. Sin un ápice de historia privada. Todo fue público en la vida de Michael Jackson, que un buen día estalló.

Su vida no fue más fuerte que los negocios que crecían a sus espaldas. Y que se multiplicaron tras su muerte. No hablo de conspiración, pero recapacitad vosotros mismos. Jackson era una persona enferma. Visiblemente enferma. Una marioneta para su representante. Una fuente de ingresos para su alrededor. Un blanco fácil –perdón- para los medios. Él mismo tan sólo era una pequeña llama de cerilla de su propia vida. Y una vez cumplida su función, la llama se apagó. Hace ya un año. Descanse en paz. Dejadle hacerlo.

 
Roberto S Caudet

viernes, 25 de junio de 2010

Román quería ser un negrito de verdad. Y se lo han prohibido


Lo reconozco. Estoy viendo Supervivientes desde que empezó. No es un programa que me apasiona especialmente, pero me entretiene lo suficiente. Reconozco, y lo sabéis, que soy un fan absoluto de los realities shows desde su comienzo en España con Gran Hermano 1. Desde entonces los he visto casi todos –de Telecinco, todos- y además he formado auténticas plataformas (recordad la que lié para salvar a Roser en Popstars, la que monté por Soraya en el primer O(T)elecinquero y las últimas críticas de las Galas de GH y OT por Tuenti). Pues bien, el Odio vuelve por el verano y lo hace hablando del programa más isleño que existe en el panorama actual. Con permiso de la recién fallecida Lost, por supuesto.

Soy consciente de que estaríais esperando algún Odio referente a las dos efemérides que hoy sacuden el país –o tres, si incluimos el Mundial- pero ya hablaré de ellas a lo largo de la semana que viene. Que se preparen los fans de Michael Jakcson, y los detractores de la pena de muerte. Al lío, que me pierdo con tanta autopromoción.

Como venía diciendo, hoy quisiera hacer una crítica "diferente" a Supervivientes en Nicaragua. Anoche, durante la Gala, conocimos que Román, el bombero de Vizcaya –¡el tremendo bombero de Vizcaya!- iba a ser expulsado del programa por razones médicas. El programa utilizó eufemismos varios para no decir que el favorito de los anónimos estaba más en el otro barrio que en el nuestro. La pena es que no estuviera en la otra acera, pero ése es otro asunto.

Román había adelgazado 15 quilos en 7 semanas. Cual anoréxica de serie de adolescentes. Además, y por la insistencia del concursante de querer pescar, recolectar fruta, ayudar a tapar el fuego de las lluvias, superarse cada vez más en las pruebas de líder, no comer tanto como sus compañeros, y un sinfín de heroicidades varias, el pobre, se vio superado por las circunstancias. Hasta aquí, la gente con un poco de sentido común –los cuatro con sentido común que vemos el programa, digo- pensamos “pues que se dedique a descansar y le den dos pastillitas…”. De hecho, el propio Jesús Vázquez, conductor del programa, confirmó que los resultados de las pruebas médicas aconsejaban descanso, pero no eran excesivamente preocupantes. Pues no. El programa decidió expulsarle. El público, algunos invitados, la madre del afectado y el propio afectado insistían en que podía seguir allí peleando por ganar el concurso.


Todo un ejemplo de coraje, de valentíaNo, lo siento pero no. ¿Estamos todos locos? Los médicos le han dicho que se relaje una y otra vez y él ha seguido demostrando lo bombero que es. Lo fuerte que es. Hasta que su cuerpo ha dicho basta. ¿Por qué no reconocerlo? ¿Por qué no cesar? ¿Por qué no aceptar una derrota física? Supongo que el demostrar lo hombre que es uno y el premio final pueden con el raciocinio. Algo de lo que el concurso va escasito. Escassi-to. Muajajá.

Si miramos con una lupa maligna, Supervivientes es un auténtico reality terrible. Inhumano. Superficial y artificial. Denigra los valores humanos y vuelve tonta a la audiencia. Una aproximada docena de personitas de un país desarrollado son llevados, por voluntad propia, a una isla remota del Atlántico. Allí tendrán que pasar una cantidad determinada de meses luchando contra los demás. Con escasez casi absoluta de alimentos. De higiene. De agua potable y sin poder refugiarse –digamos, con dignidad- de la lluvia, el viento y los mosquitos que les pican sin cesar. ¿Estamos jugando a ser negritos africanos? ¡Yo me pido Angola! Lo cierto es que si se piensa, el espectáculo que nos venden es lamentable.

Pero no pasa nada, ayer pudimos comprobar que si una de esas personitas no se encuentra en condiciones, la repatrían a España para que se alimente como debe. ¿Cómo debe? ¡Qué locura! Ellos que pueden, claro, toman el avión y a casita. ¿Qué les pasa a esos millones de africanos –porque esto es África- que no pueden ir a ningún otro sitio cuando no tienen qué comer? ¿Quién los expulsa de la isla cruel cuando no pueden aguantar más? ¿Quién les hace una prueba de recompensa si se quedan sin harina?

Hoy, analizando la situación de Román, me di cuenta de lo ilógico que era todo. El vasco quería seguir allí. Román quería ser un negrito de verdad. Y se lo han prohibido. Pues qué bien, supongo. La reflexión me ha llevado a un estado patético en el que no distingo lo real del concurso. Lo moral de lo surrealista. Qué horror. Me siento indigno por formar parte de este show televisivo. Hoy, me odio a mí mismo. Y a todos los que vemos el programa sin entender su fundamento.

Nada más que decir. Feliz fin de semana. Que gane España esta tarde.
¡Feliz Día del Odio!

Roberto S Caudet

martes, 1 de junio de 2010

Premios Roob - ESC 2010


Hoy sí que sí me despido de este ciclo eurovisivo, no sin antes comentar rápidamente que se han hecho públicos los “votos” de los australianos, en caso de que éstos hubieran participado en Eurovisión este año y, ciertamente, me gustan mucho más que los que se dieron el sábado. Lo que no voy a hacer –ni hoy ni próximamente- es comentar la polémica entre Coral Segovia, Soraya Arnelas y la “señora Orellana” por frases de unas y otras entre el Facebook y la propia RTVE. Sería irme mucho de madre.

Así pues y por primera vez en Eurovisión (sobre OT lo he hecho algunas veces en mis crónicas de Tuenti y Fotolog) voy a publicar mi lista de premios conmigo mismo como única persona del jurado –muajajá- en vista del bochorno de posiciones en las que han quedado los países que a mí me parecían genialísimos a más no poder. Por favor, ya sé que es casi verano, pero poneos vuestras mejores galas que hoy hago unos semi-Óscar. Gracias.


Premio ROOB al MEJOR VESTUARIO:
5º puesto para Filipa Azevedo, por “Há dias assim” (Portugal).
4º puesto para Didrik Solli-Tangen, por “My heart is yours” (Noruega).
3º puesto para Harel Skaat, por “Millim” (Israel).
2º puesto para Sofia Nizharadze, por “Shine” (Georgia).
Ganadoras: Feminnem, por “Lako je sve” (Croacia).


Premio Roob a la MEJOR COREOGRAFÍA:
5º puesto para Croacia, por “Lako je sve”.
4º puesto para Serbia, por “Ovo je balkan”.
3º puesto para Georgia, por “Shine”.
2º puesto para Grecia, por “OPA!”.
Ganadora: Francia, por “Allez, olla, olé”.


Premio Roob a la MEJOR PUESTA EN ESCENA:
5º puesto para Grecia, por “OPA!”.
4º puesto para Armenia, por “Apricot stone”.
3º puesto para Turquía, por “We could be the same”.
2º puesto para Francia, por “Allez, olla, olé”.
Ganadora: Georgia, por “Shine”.


Premio Roob al MEJOR “ME SACO PARTIDO”:
5º puesto para Reino Unido, por “That sounds good to me”
4º puesto para Grecia, por “OPA!”
3º puesto para Armenia, por “Apricot Stone”.
2º puesto para Francia, por “Allez, olla, olé”.
Ganadora: Turquía, por “We Could be the same”.


Premio Roob a la MEJOR INTERPRETACIÓN:
5º puesto para Thea Garret por “My dream” (Malta).
4º puesto para Niamh Kavanagh por “It’s for you!” (Irlanda).
3º puesto para Tom Dice, por “Me and my guitar” (Bélgica).
2º puesto para Sofia Nizharadze, por “Shine” (Georgia).
Ganador: Harel Skaat, por “Millim” (Israel).


Premio Roob al MEJOR ESPECTÁCULO:
5º puesto para Croacia, por “Lako je sve”.
4º puesto para Turquía, por “We could be the same”.
3º puesto para Finlandia, por “Työlki Ellää”.
2º puesto para Grecia, por “OPA!”
Ganadora: Francia, por “Allez, olla, olé”


Premio Roob al MEJOR DIRECTO:
5º puesto para Hera Björk, por “Je ne sais quoi” (Islandia).
4º puesto para Alyosha, por “Sweet people” (Ucrania).
3º puesto para Paula Seling por “Playing with fire” (Rumanía).
2º puesto para Thea Garret por “My dream” (Malta).
Ganador: Sofia Nizharadze, por “Shine” (Georgia).


Premio Roob a la MEJOR LETRA:
5º puesto para “Drip drop” (Azerbaiyán).
4º puesto para “Je ne sais quoi” (Islandia).
3º puesto para “It’s all about you” (Albania).
2º puesto para “Millim” (Israel).
Ganadora: “Apricot stone” (Georgia).


Premio Roob a la MEJOR CANCIÓN:
5º puesto para “OPA!” (Grecia).
4º puesto para “Drip drop” (Azerbaiyán).
3º puesto para “My dream” (Malta).
2º puesto para “Je ne sais quoi” (Islandia).
Ganadora: “Millim” (Israel).


Premio Roob al mejor DÚO O GRUPO:
5º puesto para Chanée & N’evergreen (Dinamarca).
4º puesto para Paula Seling & Ovi (Rumanía).
3º puesto para Feminnem (Croacia).
2º puesto para Giorgos Alkaios & Friends (Grecia).
Ganadoras: Kuunkuiskaajat (Finlandia).


Premio Roob al mejor SOLISTA MASCULINO:
5º puesto para Jessy Matador (Francia).
4º puesto para Milan Stankovic (Serbia).
3º puesto para Tom Dice (Bélgica).
2º puesto para Didrik Solli-Tangen (Noruega).
Ganador: Harel Skaat (Israel).


Premio Roob a la MEJOR SOLISTA FEMENINA:
5º puesto para Juliana Pasha (Albania).
4º puesto para Alyosha (Ucrania).
3º puesto para Thea Garret (Malta).
2º puesto para Sofia Nizharadze (Georgia).
Ganadora: Hera Björk (Islandia).

Espero que no estéis de acuerdo en absoluto y que la entrada vuelva a ser récord como la anterior, en visitas y en comentarios. ¡MUCHAS GRACIAS! Realmente no me esperaba tanta expectación por leer la que ha sido la entrada más larga del blog (5 páginas a Word, porque primero yo lo escribo todo en Word… muajaja). Gracias. Y ahora sí que sí… ¡FELIZ PRÓXIMO DÍA DEL ODIO!

Roberto S Caudet

domingo, 30 de mayo de 2010

¿Alemania? ¡Que le corten la cabeza!

(Guiño de la foto principal para mi querido Adrianos)

 Si anoche, finalmente, visteis Eurovisión, seguramente las palabras que os vendrían la cabeza, conforme fueran pasando los minutos, las canciones y las votaciones, serían Consternación, Decepción, Incredibilidad, Incomprensibilidad, Bochorno, Injusticia… Oslo 2010 se recordará, al menos en mi casa y el blog del Odio, como el PEOR festival de la historia de Eurovisión. Los participantes parecían sacados de algún lugar donde no conocen la afinación, la organización permitió un momento espontáneo y las votaciones eran del todo menos lógicas. Hasta Uribarri lo hizo peor que nunca. Sin más, que empiece la función. COMENZAMOS.

Azerbaiyán salía en primer lugar. Safura y su meñique power tuvieron la mirada perdida durante toda la canción, como ya nos tenía acostumbrados de los ensayos y la Semifinal. El coreógrafo de Beyonce ya se lo podía haber currado más. Sin embargo, supo reconvertir sus gallos del jueves y se creció bastante. De cinco que éramos en mi casa, sólo uno la vio ganadora. Sin más.

Tras ella, España. “Algo pequeñito” salió al escenario como un claro homenaje al fallecido Ángel Cristo –guiño a Teresa, ella me entiende-. Daniel Diges y el resto del grupo se merecieron un primer puesto por el temple, la profesionalidad y la serenidad que tuvieron a partir del primer minuto de la canción, en la que un espontáneo apareció al escenario y comenzó a imitar el baile circense. La primera vez que ocurre tal cosa en Eurovisión. Aquello si fue vergonzoso y no las orejas del suizo. Ni se inmutaron nuestros representantes ni tampoco la organización noruega supo qué hacer hasta pasados diez o quince segundos de bochorno. Un espectáculo lamentable que se intentó corregir de buena manera. Yo, sin duda, habría parado la actuación en ese momento y la habría vuelto a repetir.

La presentadora salió poco después a explicar lo sucedido y España volvió a actuar en el puesto 26. Sólo nosotros y la ganadora actuamos dos veces. Muajaja. Me habría encantado, y lo digo en serio, escuchar a los comentaristas europeos decirles a sus espectadores lo que estaba ocurriendo y lo que nos habían hecho. Nos porque éramos nosotros, aunque supongo que podría haber sido cualquier otro país -la prensa sueca, noruega y también la española dicen que no, pero yo me niego a pensarlo-. Al margen del terrible momento, Daniel desafinó en su último agudo en su primera actuación, pero en la segunda estuvo soberbio, pese a los nervios que llevaría. En Roob’s Home, o sea, mi casa, también una persona quería que ganase España. Ilusa.

En tercer lugar, aunque con el sobresalto encima, salió Noruega, el país anfitrión. Salieron a por todas y con un control de Didrik sobre las cámaras impresionante. La actuación fue de sobresaliente, aunque los primeros segundos de canción Didrik tuviera la voz excesivamente ronca. Tres éramos los que nos hubiera gustado que ganara Noruega otra vez. Impecables agudos, este año ninguno entendíamos nada de lo que ocurría en las votaciones.

Los moldavos salieron cuartos. La actuación, como ya he dicho, está bien para escucharla de fiesta pero poco más. Todos coincidimos en que la canción habría ganado si sólo la cantase ella. O alguno de sus pechos. Porque por poco no los vemos en pantalla. Desfase de Moldavia. Ninguno la vimos con posibilidades.

En quinto puesto, Chipre. Momento cigarro, pis, coger algo de comer o lo que hiciese falta para no seguir viendo la penosa actuación. Aburrida a más no poder, los chipriotas no supieron aprovechar las posibilidades de la canción…

Los siguientes en salir fueron Bosnia & Herzegovina. Como el cigarro no se había consumido, éramos muchos para dos baños y de normal no comes en tres minutos, las charlas continuaron. Qué dos actuaciones tan fatales, la anterior y ésta. En fin.

Mi querido Tom Dice salió séptimo a representar a Bélgica. El primero en salir sólo al escenario, por cierto. A algunos la actuación pudo parecerles aburrida, el típico baladón de Álex Ubago cantando de manera internacional. Los amantes de la música y los profesionales de la misma –me refiero ahora mismo a Pilar Tabares-, coincidimos en que la canción era “perfecta para disfrutarla en casa o en el coche en un momento adecuado”. Tabares la vio como yo. Un temazo con una calidad impresionante. Pero no para el festival, donde se quedaba a medio camino.

El señor Andrógino de Serbia fue octavo. Mis amigos, todos, en masa, me preguntaron rápidamente si llevaba peluca. Y si era un chico. Y si ésa era su voz. Qué más daba. Una canción absolutamente festiva, fresca y muy divertida. Milan fue ahogándose conforme saltaba pero aún así no pegó los berridos de sus compañeros. Entiendo que a algunos les pareciera freak. A mí me encantó.

Siguiente, Bielorrusia. No consiguieron tampoco esta vez la armonía que requería el tema. Ellas lo hicieron bastante mejor que ellos, y el cantante principal me resultó más desagradable que de costumbre. Como dije, se clasificó por los votos fáciles, pero ahí se quedó. Por cierto, bravísimo el comentario de Uribarri: “Que nadie se duerma, que Bielorrusia tendrá muchos votos hoy”. Como sabéis, quedaron penúltimos.

Irlanda salió décima. Aquí Uribarri estuvo más acertado porque no recordaba que la misma cantante irlandesa de este año fue la última en ganar por su país en 1993. Gracias, bonico. La balada estuvo bien interpretada y cantada de principio a fin. Teníamos en el escenario a la profesionalidad escrita a fuego. Y por fin Niamh pudo hacer ese último agudo de la canción que en la semifinal le dio problemas. Una actuación brillante.

Grecia fue la siguiente. El último resquicio de esperanza que tuve durante las votaciones. Pero tampoco. La actuación griega fue la mejor de la noche, indiscutiblemente. Aunque Giorgos estaba algo fuera de lugar –nunca tanto como la alemana- su coro ayudó a que todo el mundo acabara cantando OPA! en los estribillos. Toda la fuerza necesaria sobre el escenario, Grecia lo dio todo. Muy buena la sorpresa de los tambores, por cierto. Si os fijasteis, los chulazos salieron más descamisados que de costumbre. En fin. Los mejores, otro año más.

Luego vino el señorito inglés. La puesta en escena todavía reforzaba más mi teoría de que Reino Unido se creía que estábamos en Operación Triunfo. Una canción horrible, un cantante que se sabe niño mono, una voz del montón se suplieron con una coreografía y un decorado no apto para gente con criterio. No hubo nada que me gustara en la actuación, lo siento. Y también desafinó al final, por cierto.

Mi amiga la de Georgia actuó después de la conexión de RTVE con Daniel Diges, absolutamente necesaria. Conexión que, si hubiera durado más tiempo, habría hecho llorar a nuestro representante. Mi queridísima Sofia actuó de manera excepcional. A mis amigas les encantó su vestido, a mis amigos les pareció fea. A mí me pareció de lo mejor de la noche. Para mí, con permiso de los griegos, fue La Actuación. La Ganadora. La mejor puesta en escena, la mejor voz sobre el escenario y también la mejor interpretación. Absolutamente genial.

Turquía fue la siguiente. Mientras Uribarri hablaba, yo comentaba que se habían sacado partido los turcos como nadie. Que tenían unos juegos de luces impresionantes y que la puesta en escena era impactante aunque no innovara nada. Yo avisé: tiene muchas posibilidades de ganar. Eran una versión oscura pero light de Lordi. Y tuvieron unos resultados similares. Sigue sin convencerme la canción, pero desde luego, logró diferenciarse y abrirse camino.

Albania vino después. Y no salió en el mejor momento. Por un lado había habido unas grandísimas puestas en escena justo antes, y por otro, estábamos todos expectantes a los dos siguientes países, de los favoritos a priori. Así pues, mi pobre Juliana pasó desapercibida. Mi amiga Ana, no obstante, no dejó de bailarla y yo me atreví a cantarla en el último estribillo. En cualquier caso, perdió esa garra que tuvo en la semifinal y ella misma se quedó un poco atrás de su competencia. It’s allll about youuu!!!

Islandia. Mi querida Hera. Mi amada Hera. Mi tratada injustamente, Hera. La canción era muy disco, muy fresca, muy eurovisiva. La cantante era muy disco, muy buena, y muy afinada. Falló la puesta en escena, como ya avisaba desde los primeros comentarios a las canciones. A Hera había que hacerla bailar o que lo hiciese su coro por ella. Supongo que ése fue el golpe que la dejó de las últimas. A mí me pareció la decepción de la noche. Qué horror. No me lo termino de creer, lo siento.

Y luego, Ucrania. Uribarri comentó –gracias, Ulibarri- el incidente de la canción ucraniana con Eurovisión. Por fin se mete en algo más polémico que decirnos si alguien lleva liga o canta desde los cuatro años. En mi casa todos coincidimos en que fue la señorita Alyosha tiene voz como para parar un tren. Y que hizo genial en salir sola. Estaba como en un gran concierto y se lució perfectamente. Muy bien por Ucrania que al final logró enamorarme. Chapó.

ALLEZ, OLLA, OLÉ! ¿Quién no bailó anoche la canción francesa? ¿Quién no se quedó pegado a la pantalla? ¿A quién no le pareció genialísima a la máxima potencia? Yo siempre la tuve entre mis favoritas y me dolió en el alma que sólo quedara en el puesto doce. Francia nos teletransportó momentáneamente a una discoteca de África. Un ritmo con mucha fuerza, con mucha garra y con mucho movimiento. Todo el Telenor Arena estuvo vitoreando, saltando y aplaudiendo la propuesta francesa. El espectáculo de la noche, Francia tuvo todo lo necesario para ganar Eurovisión. Todos en casa coincidimos en que, salvando la voz y afinación de Jessy –que al final optó por animar y gritar-, la actuación fue impecable y digna de ganar cualquier premio que se le pusiera por delante. Como dije, el fin de semana que viene ya estará sonando en todas las discotecas. Yo me alegro. En mi casa era La Gran Favorita, seguida de Rumanía, Noruega y Grecia.

Rumanía salió después del show montado por Francia. No era nada fácil, francamente. Quiero matizar que por mucho que se sepa su propia letra, Ovi en la primera frase de la canción pronuncia “say” en lugar de “see”, lo cual convierte el sentido de la frase siguiente y también la de ella. Extraño. Sigamos. El dúo rumano cantó con fuerza y ella bordó cada uno de sus agudos. Todos en casa fliparon. Y yo me lo pasé en grande. Lo siento, Adrianos, pero fue otro de los temazos de la noche. Si hubo un país de los cinco primeros clasificados que se mereciera su puesto, ése fue Rumanía. Aprovecho para mandar un beso a Amalia. Muajaja. Chapó. En serio. Esta mañana yo ya la he vuelto a escuchar cuatro veces… ¿Quién se puede resistir al fuego?

Rusia, la pobre, se quedó muerta del asco ante todo lo que había ocurrido antes. Aún y con su décimo primer puesto, la canción rusa se quedó como ella misma se titula, “perdida y olvidada”. Nadie se acordará de ella dentro de una semana. Espero que para el próximo año acierten algo más y, al menos, lleven una polaroid.

Eva Rivas salió la siguiente para representar a Armenia. Su “Hueso de Albaricoque” impactó a mis amigas, y sus pechos lo hicieron con mis amigos. Ay señor. Armenia se sacó todo el partido posible. Y pese a ello, fue golpeada con una séptima posición. Yo la habría puesto más arriba, pese a los berridos del final de la canción que metió Eva. Tuve que explicar el sentido de la canción y la puesta en escena, absolutamente digna de un musical. Mañana hablaré más de Armenia porque voy a hacer el último post eurovisivo del ciclo con mis propios premios y precisamente Armenia tiene varios. Uno de los mejores países eurovisivos, como ya dije, se lució en el escenario con una canción preciosa y una puesta dulce, muy dulce. Nos encantó.

Y Alemania ocupó la 22º posición. Lena salió al escenario como la protagonista de la mítica Bar Coyote. Tímida, reservada y con algo de miedo escénico, se movía con pasos descafeinados y sin sentido mientras cantaba con una nula interpretación un tema de desamor que ha encajado a la perfección en casi toda Europa. Por lo visto, anoche ganó el despecho. Si en algo coincidimos los cinco en mi casa era en que Alemania no nos gustaba. Una canción muy ochentera, que bien sirve para cantarla en un momento de enfado, para gritarla en el coche en una escapada de amigos, pero no para Eurovisión. Paradojas de la vida, anoche volvimos a los 80 con la victoria de Alemania, que ya suma dos en sus 54 años de historia.

Portugal salió tras la vencedora. Aunque ella no lo sabía. Nuestros vecinos llevan años pasando a la Final pero quedándose entre los puestos mediocres y los pobres. Filipa lo hizo impecable. Si hubo un directo muy bueno anoche fue el de Portugal. Sin embargo, la actuación, o al menos a mí me lo pareció, quedó algo pobre entre las dos anteriores y las dos siguientes.

Mi futuro marido, Harel Skaat, fue el penúltimo en actuar, representando a Israel. Una actuación soberbia, como siempre que la ha interpretado. Y una interpretación perfecta. Harel sentía –o disimulaba muy bien- cada una de las palabras que cantaba en hebreo. Con un dominio total de las cámaras por parte de Harel, la actuación fue ganando conforme avanzaba el tiempo hasta que uno de sus últimos agudos quiso irse del escenario. El gallo fue descomunal y lo sepultó. Además, era el momento preciso en el que la música estaba más baja. Sin duda, la gente en los resúmenes debía pensar: oh-dios-mío. Aunque se volvió a crecer con su último agudo, su cara final lo delataba. Sabía que había perdido toda posibilidad de ganar. Y Uribarri volvía a liarla diciendo que Israel estaría entre los primeros.

El grupo lo cerraba, hasta el espontáneo, Dinamarca. La pareja, que acabó la actuación con un beso, resultó algo cansina, francamente. La canción me ha ido dejando de gustar conforme la he escuchado más veces. La puesta en escena era excesivamente artificial y el azul marino combinado con negro mató a mi amiga Ana. Muajaja. De la actuación danesa se recordará el “wanano-wanano-wanano” que nos cansamos de imitar el resto de la noche conforme le daban puntos.

Y en el puesto 26, aunque seguía apareciendo un 02 en la pantalla, repitió España. La actuación fue mucho mejor que en la primera ocasión, ya sin tanto nervio, o eso suponemos, pero con una presión absoluta. ¿Los otros países verían bien que se repitiese la actuación en último lugar? ¿Empatizaría Europa con el sentimiento colectivo que teníamos en España? Yo, insisto, habría parado la actuación. Aunque las tablas de los españoles demostraron que tampoco hacía falta. El Telenor, al menos, nos aplaudió con cariño. Insólito.

Una vez cerrados los teléfonos, empezaba el desfile de votos. El terrible desfile de votos. El increíb… vale, ya paro. Había nada menos que 25 países en la Final. No me hubiera importado que ganaran unos cuantos. Pero precisamente el TOP-5 final ni se parecía a ninguno de los que me planteé. De los que nos planteamos.

La tabla quedó finalmente así:

Del 25º al 16º: Reino Unido, Bielorrusia, Irlanda, Moldavia, Chipre, Noruega, Islandia, Portugal, Bosnia & Herzegovina y Albania. Efectivamente, la mayoría de países changos y Albania, que se quedó algo coja en la Final. Me sorprendió muchísimo que ahí se quedara Portugal pero no logro entender el batacazo de Noruega e Islandia. Para mí dos claros vencedores.

Del 15º al 11º: España, Israel, Serbia, Francia y Rusia. Hubiera cambiado a Rusia por Portugal. La posición española y la serbia aceptables. La francesa era de esperar. Israel se hundió sola.

Del 10º al 6º: Ucrania, Georgia, Grecia, Armenia y Bélgica. Cambiaría a Bélgica por Francia. En realidad cambiaba a estos cinco por los cinco primeros y me quedaba muy ancho. En fin.

En quinto puesto quedó Azerbaiyán, para mí desgracia. En cuarto Dinamarca, sin merecérselo. En tercero Rumanía, que este año podría haber ganado tranquilamente. Segundo puesto fue para Turquía, algo que no termino de entender y finalmente ganó Lena, la cantante de Alemania.

Veo al ganador una y otra vez buscando qué pudo ser lo que triunfara. No lo encuentro. Como tampoco caigo en lo desacertados que estuvimos todos. Yo me equivoqué de principio a fin (Aposté ciegamente por un puesto 14, un 19 y un 8). La prensa se equivocó masivamente (también daban victorioso al cantante de Israel). Uribarri debió fumarse algo mientras hacía la transmisión, porque continuamente quería que los países dieran los 10 y 12 puntos a los que ya se les habían dado 3, 4 o 5 y finalmente se equivocó el público en general.

125 millones de personas vieron cómo después de ganar, la cantante alemana –que según se dijo, estuvo cenando con el ganador del año pasado- salió al escenario medio anonadada medio fumada perdida. No estaba en su sitio. Interpretó el tema lo peor que pudo y todos nos quedamos con un sabor amargo en la boca. Así que, para no ser yo el que lo dijera, tras el Festival, nos pusimos a ver Alicia en el País de las Maravillas. ¿Alemania? ¡QUE LE CORTEN LA CABEZA!

Nos vemos mañana con mis premios individuales y a partir de ahí, regresa el Odio al blog, aunque hoy ya ha nacido un poquito. Hasta el año que viene.



Roberto S Caudet