Después del exitoso “El hombre del piano” con Hermann Tertsch, llega el nuevo single de José María Aznar: “Todo al revés”, de la banda sonora original de El Jorobado de Notre Dame. ¡Adelante la música!
Venid, llegad. No hay escuela ni taller, ni animales que atender.
Desde luego que tenéis que venir a ver esto, porque posiblemente no se repita. Y tranquilos, que el hombre del que hablo ni ha ido a la escuela ni ha trabajado nunca. Y menos todavía sabe lo que es atender. Si acaso, que lo atiendan a él.
Llegad, venid. Hoy no hay que trabajar, hoy no hay reglas que guardar.
Sin duda eso es lo que mejor se le da. No hacer nada. No respetar nada.
Es la fiesta del bufón.
Fiesta no sé. Bufón, un rato.
Una vez al año hay fiesta en la ciudad y París se vuelve loca de verdad.
En este caso, la fiesta es del Odio. Volveos todos locos porque ¡Aznar ha vuelto!
Cada hombre es un payaso en libertad, y un payaso hoy va a ser el rey.
Aznar va a ser hoy el rey. ¡Ya lo veréis!
Hoy el diablo es el que mueve nuestros pies porque en este día todo está al revés.
Con una mujer que no juntaría en una macedonia peras y manzanas y con él mismo, que mandó al país a una guerra en la que nadie quería participar, solo por seguir a su amado Bush, sin duda, podemos afirmar de que es el mismo diablo. Otra cosa es que mueva ya algo más que no sean voces en su contra.
Y en la fiesta nadie es nadie si no es bufón.
Sosana, Jandrito Sanz y Guarronna. Ahora le toca a Ánsar. Sin duda, bufones, bufones, ¡Mi Odio está lleno de bufones!
Todo al revés. ¡Todo está patas arriba! Es locura colectiva. Hoy la escoria es un tesoro, pues. ¡Es el día de todo al revés!
En el día de todo al revés Aznarín fue ofendido. Estudiantes de Oviedo le llamaron “asesino” y él, muy tristón, se limitó a hacer un gesto de lo más cobarde y barriobajero. Una escoria, señor Josemari. Qué vergüenza nos da.
Todo al revés. Hay trompetas y tambores. Los mendigos y ladrones llegan desde Chartes y Calais.
Todo al revés. Hay peinetas y cabrones (perdón). Los peperos y ladrones llegan desde Valencia y Madrid.
El ratero es más ratero en el día seis de enero. ¡Es el día de todo al revés!
El pepero es más pepero en el día ¿26 de febrero? ¡Es el día de todo al revés!
Llegad, venid. Ahora es tu oportunidad. Sí, no es sueño, es realidad. ¡Venid, llegad!
Visitad, ¡comentad! Ahora es tu oportunidad. No es sueño. Es realidad. ¡Es Aznar haciendo la peineta!
Aquí está la gran beldad: ya conquista la ciudad. Danza Esmeralda…. ¡ya!
Aquí está la gran fealdad: ya conquista la ciudad… ¡Danza Esperanza, ya!
Ya llegó el momento que esperábamos: Ahora sí, veréis que os reservábamos. Estallad de risa para la ocasión: ¡Coronad ahora al Rey Bufón!
¿Recordáis al Rey de hace un año? Son máscaras horribles y diabólicas. Caras feas que parecen gárgolas. Ganará el más feo, ¡elegid al Rey Bufón! Todo al revés… Monstruos, ¡alzad cabeza! Que os van a llamar “su alteza”:
Una vez al año, ya lo ves… Es el día de todo al revés: ¡Todos juntos! Es el día en que podemos liberar lo que todo el año se ha de condenar:
Se ha de condenar, veamos… La peineta, sin duda. El despotismo. La arrogancia. La prepotencia. La manipulación. La guerra. El fascismo. La mentira…
Sólo hoy nos revolcamos y en cerveza nos bañamos. Ya podemos reventar después…
“Algo pequeñito”, canción de Daniel Diges, será finalmente la canción que representará a España en Eurovisión 2010. La elección ha sido, posiblemente, la más polémica de los últimos años –incluido a Chikilicuatre-. La Gala celebrada anoche por TVE con diferentes sobresaltos recogió al 16% de la audiencia con más de 2.600.000 espectadores. Es decir, un 9% más de audiencia que el año pasado. ¡España te necesita! se convirtió en la Preselección más vista de Eurovisión desde que no hay finalista de OT. Adelante la crónica.
Es portada en El Mundo, ABC, El País y 20 Minutos. Sin embargo, la misma noticia es obviada por RTVE y Formulatv. ¿De qué hablo? Del espectáculo lamentable ofrecido por la pública anoche de la mano de John Cobra, quizá el incidente más señalado de la preselección, después de las múltiples eliminaciones durante las votaciones on-line (recordemos la ya fallecida Karmele Marchante y también a El Pezón Rojo).
Lo lamentable vino durante y después de la actuación rapera del concursante valenciano John Cobra. Su canción “Carol” ya estaba bastante fuera de contexto y al finalizar la misma, el público asistente no dudó en abuchear al exconvicto –dos años y medio en la cárcel-. Éste, lejos de parecer una persona digna o mostrarse, simplemente, con un mínimo de clase, empezó a propinar gestos amenazantes y chulescos mientras sentenciaba al público: “comedme la polla, maricones”. El público respondía con más pitidos. Así repetidas veces durante 3 minutos hasta que el jurado, y la propia presentadora, Anne Igartiburu, consiguieron relajar al dichoso personaje. “Tranquilo, cariño”, le decía Anne. “Esto te descalifica para siempre”, comentó José María Iñigo. Lo cierto es que sí. El concursante quedó en una lamentable penúltima posición.
Pero éste no fue el único momento de tensión vivido en el programa. Después de la actuación de los diez finalistas, como era obvio, se pasó a hacer un resumen de lo sucedido mientras se ofrecían los teléfonos a los que había que llamar para votar a ¿9 participantes? Exacto. Nueve. Sí, ya sé que he dicho que eran diez. Pero sólo ofrecieron el teléfono de nueve. Y misteriosamente, el ninguneado no era John Cobra, sino Ainhoa Cantalapiedra. La cantante vasca no apareció en el resumen de canciones. Ni tampoco hubo explicación durante los diez minutos siguientes. No fue hasta casi un cuarto de hora que Anne Igartiburu explicó un “fallo técnico” y puso a solas el teléfono de Ainhoa para que la gente pudiera votarla. Pero el teléfono sin su actuación también fue terrible. ¿Quién sería esa Ainhoa? La vasca, sin embargo, lució su tema, “Volveré” con gran solemnidad. Una de los mejores directos y, sin duda, la mejor puesta en escena. Muy eurovisiva, pero demasiado poco fuerte.
Al margen de estos dos momentos, la Gala resultó absolutamente descafeinada. Ni siquiera las actuaciones “estelares” de Bustamante, Rosa, Sergio Dalma y el número del musical Chicago lograron reavivar un poco la Fiesta. Toda la noche estuvo carente de fuerza y de ese espíritu eurovisivo que necesitamos. Venus, mi gran favorita, José Galisteo, Fran Dieli, Coral Segovia y Samuel y Patricia resultaron de lo más aburrido. Desafinaron constantemente y dejaron patente que el directo no es lo suyo. Que ellos son más de los arreglos en estudio. Y eso que ya los habíamos visto, a la mayoría, en OT. Y hasta se coló alguien de Popstars.
No estuvieron nada mal Anabel Conde y Lorena. La primera ya fue a Eurovisión en 1995 y nos dejó en un segundo puesto. El mejor de los últimos 15 años. La segunda es la ganadora de OT 2006. Una de sus actuaciones (“Land of a 1000 dances”) ha sido considerada la mejor del concurso de triunfitos. Ambas se crecieron en directo con unos trajes similares en azul eléctrico y sendas puestas en escena de lo más elegantes. Me recordaron la actuación del año pasado de Islandia (segundo puesto) y Reino Unido (quinta posición). Sin embargo, ninguna de las dos logró ser la candidata, para mi profundo pesar, después del giro de 180º que dieron los diez finalistas tras verlos en directo.
El que sí logró convencer a casi todo el mundo (lamáxima puntuación del público y de cuatro de los cinco jurados) fue Daniel Diges. Él será el que nos represente en Oslo el próximo 29 de mayo. Su canción es muy similar a la actual ganadora (“Fairytale”): un pastelón del quince con toques folclóricos y un fondo de vals que transmite una serenidad y un desasosiego como el de una cachimba en Egipto. Hasta la puesta en escena de Diges parecía un cuento de hadas (traducid la canción ganadora de 2009). No sé yo si lo más acertado es enviar un “más de lo mismo” a Eurovisión. Un plagio español de lo último que ha arrasado. Ya se verá.
Sí puedo confirmar que Daniel Diges era la tercera candidatura favorita desde el Eurochart europeo que se organiza cada año y que suele acertar en los ganadores (dos de tres aciertos). Ellos preferían la canción “Perfecta” de Venus. Quedó en una simplona cuarta posición.
Evidentemente, mi Odio hoy va, nuevamente, para TVE y sus espectáculos desastrosos hasta el final de la Preselección Española a Eurovisión. Sin un ente que confíe en el certamen, poco puede hacer el cantante. Y también Odio a John Cobra y su Halegancia Natural. Qué triste...
Sin más, este Odio revive de nuevo y lo hace con la sexta y última (hasta finales de mayo, matizo) actualización eurovisiva. Atentos, porque las pilas están recargadas y las próximas dianas ya están colgadas en la pared. Un señor con bigote y peineta y un animal que araña serán las siguientes víctimas. Se admiten apuestas.
“Puede que haya razones de técnica jurídica que expliquen por qué El Rafita, condenado por violar y asesinar a la joven Sandra Palo, sigue en libertad después de haber sido detenido en tres nuevas ocasiones por delitos contra la propiedad”. (ABC, 26.01.10)
Así es como empieza un artículo de opinión escrito en el diario español ABC después de una de las catástrofes morales más grandes de las últimas semanas. Pero este no ha sido el único. Otros tantos periódicos, radios y televisiones han escrito, hablado, opinado y debatido al respecto. Y yo no voy a ser menos. Por si acaso, contextualizaré los hechos un poco.
El 17 de mayo de 2003, tres menores y un adulto asesinaron brutalmente a Sandra Palo Bermúdez, una chica que tenía una minusvalía física. La violaron y la quemaron viva. Los cuatro. Y, posteriormente, la atropellaron repetidas veces hasta, finalmente, matarla. Los menores de edad fueron condenados a ocho años de internamiento y cinco de libertad vigilada. Al mayor de edad se le castigó con 64 años de prisión. Hasta aquí, para algunos, suficiente. Pero no.
El pasado lunes 26 de enero conocíamos la noticia de que El Rafita, uno de los adolescentes asesinos de Sandra Palo, había sido puesto en libertad tras haber robado un coche en Madrid –si recordáis los datos, todavía tendría que estar internado-. Y esta no era la primera vez. En otras dos ocasiones había sido detenido –y posteriormente liberado- por otros delitos de características similares. Sin embargo, en una entrevista concedida a Pedro Piqueras en los Informativos de Telecinco, Rafita aseguraba estar “reinsertado” de sus hazañas. Vaya por Dios. Creo que no acabo yo de confiar del todo...
Un chico de diecisiete años viola, quema, atropella y asesina a una chica. Luego delinque y lo pillan otras tres veces –que sepa la policía, claro-, y sigue en libertad y concediendo entrevistas a la televisión. ¿Qué va a ser lo próximo? ¿Un Sálvame Deluxe con Pinochet? ¿Un 21 días siendo Bin Laden? Creo en la reinserción de según qué personas y en según qué delitos… Pero en la de un asesino y violador con alevosía y que ha incurrido nuevamente en otros delitos… No, en la de él no creo. Lo que no entiendo es por qué lo han sacado antes del internado. Y menos todavía entiendo por qué, bajo libertad vigilada, es capaz de delinquir en tres ocasiones en menos de un año.
La Justicia en nuestro país es, sin duda alguna, un festival carnavalesco donde uno puede asesinar a quien sea, que luego en la cárcel cumplirá el veinte por ciento de su pena –y si llega- por haberse portado bien. Y por el camino, habrá aprendido idiomas, informática, se habrá licenciado, y habrá tenido sesiones de Spa. Lo que no termino de entender es por qué no he matado todavía a alguien… El Partido Popular ha solicitado al Gobierno un endurecimiento de las penas para menores y la revisión de la cadena perpetua en nuestro país. Algo, para los socialistas, innegociable. La mayoría de progresistas se ven satisfechos con las penas máximas en nuestro país, que son de 30 años en delitos y 40 en delitos terroristas. Es decir, que un terrorista a los 25, saldrá de la cárcel, como mucho, a los 65… Quién sabe si cobrará jubilación directamente. Y eso suponiendo que no haya tenido buena conducta en su estancia en prisión. Pues menudo chollo. Hoy en día, el que soporta a su suegra es porque quiere.
Nos vende el Gobierno nuestro Código Penal como el más duro de Europa, aunque, insisto, como mucho, una persona está en la cárcel 40 años. Y suponiendo que sea mayor de edad. En Francia, Alemania, Inglaterra e Italia, por decir unos cuantos, existe la cadena perpetua. Perpetua. Cadena. Cadena perpetua. Toda la vida en la cárcel. Muchos me pondrán el grito en el cielo por la privacidad de derechos para esos individuos, pero… ¿acaso ellos no han privado el derecho a la vida de Sandra Palo? ¿De Marta del Castillo? ¿De las niñas de Alcàcer? Venga, hombre. Un poco de seriedad y coherencia. Hagamos que esos personajes no vuelvan a hacerlo. Parémosles los pies.
En realidad, la cadena perpetua la instalaría yo en muy pocos casos. Igual de terrible me parece tener que cargar, entre todos los españoles, con la manutención de todos estos delincuentes de por vida. ¿Por qué tenemos que pagarles el alojamiento, la comida, la carrera, los libros y el tabaco a unos asesinos en serie, violadores, pederastas…? Evidentemente, estoy hablando de la pena de muerte. Pensándolo en frío, todos lo veréis como horrible. Pero poneos en la situación de que la violada es vuestra madre. De que la quemada y asesinada es vuestra hermana. De que el niño abusado es vuestro hijo. Y luego pensad que el que ha hecho el mal no es la primera vez que lo hace. Que dice arrepentirse pero sale a la calle y vuelve a las andadas. Recordad los violadores de Barcelona, el del ascensor, al anestesista Maheso, que infectó de Hepatitis C a 275 personas...
Pena de muerte para ellos. La persona que le quita la vida a otras tantas. Que las viola. Que viola a niños. Que abusa de minusválidos, para mí, no merece la vida. Él se la ha quitado a los demás. Que la Justicia se la quite a él. Que no vuelvan a delinquir. Que no vuelvan a caer. Que nadie más tenga que pasar por ello. Yo, con mis impuestos, me niego a dejar vivir a todos estos sujetos que son una lacra para la sociedad.
Hoy, Odio a la Justicia de España por ser el hazmerreír del mundo. Porque los asesinos entran y salen según su comportamiento. Porque las penas no se cumplen. Odio a los progresistas que dejarían a todos los presos en libertad por decir “me arrepiento”. Odio también a todos los que disculpan a los menores porque "no saben lo que hacen". Los odio. A todos. Por incapaces mentales. Por tolerar y defender que sigan vivos y en la calle auténticos animales que han quitado la vida a personas inocentes. Y han destrozado la vida a sus respectivas familias.
Me ratifico en mi insolidaridad. He llegado a la concusión de que debo ser la única persona sin sentimientos en el mundo. O quizá el único patriótico cuando realmente toca y no cuando ganamos la Eurocopa. Por cierto, rima. Me disgusta enormemente ver todos los días en los tedés (telediarios), en los programas de deportes, en los de corazón, en Callejeros y hasta en Gran Hermano la típica imagen de cuatro negros con cara de pena y una cuenta bancaria para ayudar a Haití. Hoy toca Odio Antisistema.
Primero, voy a analizar la situación: el pasado 12 de enero, un terremoto de magnitud 7.3 en la escala de Richter sacudió la isla caribeña de Haití. Poco después del primer seísmo, tuvieron lugar otras tres réplicas, de escala menor, aunque todas superaban la magnitud 5. Hasta hoy mismo, y según varios diarios españoles consultados, la cifra de muertos supera los 150.000, encontrados, y otros 10.000 desaparecidos aún. Además, se calcula que hay otros 250.000 heridos. Un desastre grave, pero tampoco mucho. Y que sólo ha afectado a los barrios humildes.
Si miramos con frialdad, la cifra total de víctimas, mortales o no, no supera las 450.000 personas. Eso implica una décima parte de la población total de la ciudad de Madrid. Con todos mis respetos, la gravedad es muy relativa en cuanto a este asunto. Cierto es que han fallecido todas de golpe, y no es comparable a las víctimas del tabaquismo, a los muertos en carretera o por cáncer. Pero las tres superan esta cifra con creces. Y, todos sabemos, en la mayoría de países de África, al día hay, exactamente, los mismos muertos, ya sea por SIDA, por inanición o por enfermedades varias. Mirándolo así, el terremoto me parece bastante simplón.
¿Y si calculamos la cantidad de inundaciones en países asiáticos? ¿Las muertes por Gripe Aviar? Nunca he visto anuncios en los que digan que donemos un euro a los servicios de investigación médica contra el cáncer. De hecho, la AECC (Asociación Española Contra el Cáncer) va por las calles recaudando dinero de la gente que se ofrezca a dar algo de lo que tiene encima. Un día al año. Uno. El bombardeo de donaciones que se nos solicita en la televisión es durante las 24h del día. Si no en un canal, en otro. Me parece muy lícito, pero me parece también abusivo.
Haití es, actualmente, y también antes del terremoto, el país más pobre de América. Su Producto Interior Bruto no supera los siete mil millones de dólares y tres cuartos de la población se dedican al sector primario. Hasta el 80% de los haitianos están sumidos en la pobreza. La mitad de las muertes en este país se producen por el VIH y los casos de tuberculosis multiplican por diez el promedio de América Latina. El 90% de la población infantil padece problemas alimenticios y enfermedades relacionadas con el hambre y la escasez de agua. Pese a ello, el 65% de Haití está alfabetizada, aunque sólo el 20% llega a los estudios secundarios. Hay trece universidades en la isla. Hace dos años, ya recibieron el impacto de fuertes lluvias que inundaron una quinta parte del país. Nadie les dio dinero entonces.
Con todos los datos sobre la mesa, ¿creéis que pienso que Haití no necesita ayuda? Claro que la necesita. Pero la requiere desde hace décadas. En este momento ya queda poco por hacer. Y lo de menos es enviar paquetes de lentejas y garbanzos o construir escuelas, como quiere Ana Rosa Quintana desde su programa. Es muy bonito –y progresista más todavía- ponerse ahora a realizar obras de caridad para los niños haitianos y para la población en general, pero, ¿quién se preocupaba por ellos hace escasamente un mes cuando se morían de hambre y no llegaban a los 40 años de vida? En ese momento todos pensábamos en los pobres niños de África, que como son más, dan más pena.
Demostrado queda que no sólo en el continente pobre la gente está en inferiores condiciones. Pero intentar hacer ahora un país nuevo de la nada es realmente imposible. Ni siquiera con los casi diez mil soldados que el Nobel de la Paz ha enviado a la isla. Esos soldados que han expulsado a los periodistas del puerto de la capital isleña para que no pudieran reproducir al mundo lo que verdaderamente ocurría. Invasión militar, lo llamo yo. Y muy poco democrática, señor Obama.
Seguid enviando todos dinero a Haití, me parece perfecto. Pero luego quejaos durante días cuando a la cajera del súper se le olvidan diez céntimos del cambio. Cuando suben los impuestos un 0.3% para ayudar a nuestro propio país. La crisis no afecta a la solidaridad, por lo visto. Pues yo propongo que todos los españoles donemos también un solo euro (conseguiríamos casi 50 millones) para la economía del país. ¿A qué no triunfaría tanto? Pues nada, me voy a poner a rezar a Zeus, a ver si envía un rayo.
Mientras, os ruego que grabéis los telediarios. Que guardéis las imágenes de los periódicos y revistas sobre lo sucedido. Y dentro de cinco, o de diez años, volved a buscar información sobre Haití. Si encontráis un país reconstruido y a gente viviendo bien, yo me habré equivocado. Si no aparece ningún tipo de nueva información, yo habré acertado, para mal de los caribeños. Todos sabemos que ocurrirá lo segundo. Dentro de diez días, igual que de la Gripe A, nadie se acordará ya de cuántas personas fallecieron en aquel terre… ¿no fue un huracán?
Si recordáis, titulé mi primera entrada del blog como “Ataca la bestia”, que en el fondo, se debió al estribillo del último single de una de mis cantantes favoritas. No obstante, y como ha sido evidente durante estos tres meses, la bestia ha ido odiando a todo, y a todos cuantos obraban mal. Como si de un guerrero justiciero se tratase, he ido lanzando dardos envenenados a diestro y siniestro, de manera muy arriesgada, llegando a recibir comentarios irrespetuosos y algunas amenazas que no han llegado a puerto. La repercusión obtenida por el nivel de odio de mi blog ha sido mayor a la esperada, y más gratificante ha sido ver los comentarios diarios de unos usuarios que, sin conocerme de nada, se han molestado en leerme y en apoyarme, o en defender sus posturas opuestas. El resultado, a mitad del camino, ha obtenido una nota de notable: ocho.
Pues esta bestia citada hoy viene a tirar piedras sobre su tejado, porque parece que uno está encasillándose. Y es que vengo a hablar –y ya es la quinta vez- de Eurovisión. Lo siento de veras, pero es un tema que me atrae absolutamente la atención, y en el que se entremezclan asuntos noticiosos muy actuales, temas musicales y motivos políticos. ¿Alguien da más? Pues yo. Al ataque que voy.
El jueves, como ya sabréis –y además publiqué en cuanto sucedió-, Karmele Marchante, o lo que es lo mismo, Popstar Queen, fue eliminada de la segunda ronda clasificatoria para elegir al representante español de Eurovisión por la propia organización. Ella y tres concursantes más. Los motivos que dio RTVE fueron muy simples, la canción de la periodista rozaba el plagio y además no cumplía algunos otros requisitos del formato eurovisivo (como dije anteriormente, amén de ser muy corta, hace publicidad y tiene un trasfondo político). La cadena pública nacional fue drástica y eliminó sin más –insisto, a ella y a tres más- a la que iba en ese momento primera en votaciones.
A partir de ahí, la polémica ha estado servida. Y es, precisamente, lo que hoy odio. En España hay un problema enorme de desconocimiento de las normas básicas y de la historia de Eurovisión, y así, el concurso se ha convertido para la mitad de los españoles en un “festival del tongo” donde da igual lo que se lleve “porque no vamos a ganar”. Por esa regla de tres, la mitad de los países no participarían nunca, porque no han ganado nunca. Grecia ganó, por primera vez, en 2005, con el tema “My number one”, de Helena Paparizou, y Rusia lo hizo en 2008, gracias a Dima Bilan y su “Believe”, ambos se presentaban por segunda vez al concurso –los cantantes, digo-. Los países tenían más de 30 años en el festival y ningún primer puesto. Evidentemente, no ganar, molesta. Pero no hay que resignarse a pensar que siempre vamos a quedarnos en los últimos puestos.
El viernes, la protagonista de la historia, Karmele Marchante, y la cadena que ha actuado como plataforma, se convirtieron en un solo jugador que ha perdido la batalla y no ha sabido reaccionar. Toda la programación de Sálvame, en su versión vespertina y en su versión nocturna, se basaron en la expulsión de la periodista de la segunda ronda. Pero, ¿se extralimitaron? Francamente, creo que no del todo.
Nunca he apoyado –ni lo haré- la candidatura de Popstar Queen. Me parece lamentable, es denigrante para el pueblo español, no me representa en nada y además me parece que está muy fuera de lugar en Eurovisión, y la cantante también. No tiene voz, no sabe cantar, no se sabe su letra y jamás se ha atrevido a cantarla sin playback. Es horrible. Pero, y he aquí el asunto, RTVE sí que la aceptó como válida el lunes a mediodía cuando publicó la lista de los participantes. ¿Por qué entonces la descalifica cuatro días después? Mi percepción del asunto es, cuanto menos, muy rebuscada. Pero tengo varias opciones.
La primera de ellas es que todo se debe a estrategia de RTVE para darse bombo, al precio que sea, y dar un poco de publicidad “gratuita” al festival. Por lo pronto, este año re han registrado casi el doble de votos con respecto a los registrados el año pasado a estas alturas para elegir al candidato. Así, y con la expulsión de Karmele, todavía gana más espectacularidad el asunto, y más morbo.
La segunda de ellas, algo más oscura, es que todo se deba a un pacto estratégico de Telecinco y RTVE para darse publicidad a ambas y conseguir audiencias récord. Porque no sólo TVE se beneficia del espectáculo servido, sino también la cadena de Vasile, que anoche tuvo pico de audiencia con Sálvame Deluxe y por la tarde logró arrebatarle el liderazgo a “Amar en tiempos revueltos” con la expectación de Sálvame Diario por ver –o no ver- a Karmele “hundida”. Dos millones y medio de espectadores.
Lo que más gracia me hace es el argumento que muchos defienden para criticar a Popstar Queen por que quiera ser, de manera puntual, cantante. El mundo con más intrusismo es, precisamente, el del periodismo. Y eso bien lo sabe Telecinco. Belén Esteban es el ejemplo de que uno puede estar en la televisión durante años sin tener la licenciatura –ahora grado- de periodismo. Otro gran ejemplo sería Mª Teresa Campos. Licenciada en Filosofía y Comunicación Audiovisual. ¿Qué hay de malo en que Karmele quiera ser cantante? ¿Qué era David Bustamante antes de entrar a OT? ¿Y Soraya Arnelas? La periodista no va a operar a nadie a corazón abierto. Va a interpretar –iba, perdón- un tema más o menos divertido y artístico que, hasta el momento, había recibido 120.000 votos, casi el 35% del total.
Así pues, no le veo el problema de base a que Karmele pudiera presentarse a Eurovisión, aunque, insisto, no me gustaba en absoluto su tema. Y tampoco entiendo por qué ahora es eliminada y no el lunes. Se supone, según nos anunciaba RTVE el día de la publicación de candidatos, que todos habían pasado por un casting previo para asegurarse de que cumplían las normas. ¿Quién hizo ese casting a Karmele? ¿Acaso la de ella no iba a estar mirada con lupa? Qué bajeza. Qué poca elegancia.
Desde aquí, mi total apoyo a Telecirco –perdón- y a su manifiesto en el que solicitan la responsabilidad sobre el asunto de RTVE y la dimisión de la persona, o personas, asignadas a vigilar que las canciones cumplieran las normas. La canción había sido admitida y era la más votada. Si querían haberla hecho desaparecer, valía con que el día de la final televisada, el jurado correspondiente le diera una puntuación baja para que, ni con los votos del público, Popstar Queen nos fuera a representar en Oslo.
Fatal, RTVE, fatal. Hoy, te odio. Por lo poco preciso. Por la descarada manipulacíón pública al concurso. Porque, un año más, vuelve a pinchar en credibilidad y elegancia. Y también os odio a todos los que apoyáis a Karmele por el mero hecho de ser la “contrafestivalera”. Un poquito de criterio. Gracias. El concurso lo ven varios cientos de millones de persona en todo el mundo.
Sin más, y como ya avisé el jueves, a partir de ayer empecé a promocionar a la que es mi canción favorita por España. Ya daré los motivos en otro momento. Mientras, escuchadla si queréis. Ellas son Venus, y su canción: “Perfecta”.
Gracias a todos por seguir conmigo en esta nueva etapa del Odio, ya sin lastres de evaluaciones encima. De ahora en adelante, vosotros seréis mis correctores. ¡Feliz Día del Odio!
Et voilà la segunda parte de esta mega-entrada eurovisiva! Si os acordáis, estábamos en el momento clave del declive de España en el Festival de la Canción de Eurovisión. Después de un súper David Civera y tres ediciones de Operación Triunfo con sus tres ganadores correspondientes para ir al concurso, el formato iba perdiendo mecha. La última edición del concurso que ahora reside en Telecinco no tuvo la expectación esperada y, de hecho, Ramón, el último concursante elegido, también fue el que peor nos dejó de los últimos años. Aun así, un décimo puesto en Estambul de la mano de “Para llenarme de ti”.
Nos paramos, pues, en el año 2005. La pública decidía hacer un concurso en abierto que, tras un casting interno, se televisaría con una audiencia media. Al final, el combate estuvo entre dos tríos: uno de mujeres... y el otro de… mujeres también, creo. Son de Sol cantaban “Brujería” y Las Supremas de Móstoles nos regalaban su “Eres un enfermo”. Finalmente, las madrileñas de adopción se quedaban en un segundo puesto. Y ese marido cibernético que se pajeaba a todas horas se quedó sin ser escuchado en Ucrania. Sin embargo, en España sonó por todos lados y se convirtió en la canción del verano. Un tema fresco, divertido e interpretado por tres botes de laca andantes cuya máxima eran los ponchos de colores vivos sacados de la última temporada primavera-verano de El Corte Inglés.
Escogimos a las andaluzas. Cualquier español sabe que una apuesta andaluza siempre es una apuesta segura en Eurovisión. No sabremos cómo quedaremos, pero sabemos que toda Europa será consciente de que España sigue viva. Y que los toros van por las calles tan ricamente. Así pues, Son de Sol apareció en el escenario de Kiev intentando seguir la estela de los últimos años.
Analizando la situación, la coreografía parecía sacada de un festival de primaria de cualquier colegio mexicano que se cree bailador flamenco. Muy compaginadas las tres. Muy andaluzas.Yo creo que éstas tres fueron las que más tarde intervendrían en el mítico tablao de Misión Imposible 3. Por otro lado, el vestuario era vistoso y de raso. Tan caro que se quedaron sin presupuesto para los coristas y bailarines, y éstos tuvieron que ir con lo primero que encontraron por casa. La letra de la canción tampoco sería un Nobel de Literatura “sólo deseo tu cuerpo caliente y tu mirada como un fuego ardiente que me penetra toda, toda”. No sabemos el nivel de rombos que tendríamos que haber llevado a Kiev, pero estoy seguro de que nos quedamos cortos. Para colmo, un intento de rapero afónico a lo Sabina un día de juerga nos decía cuatro –o cinco- frases ininteligibles para el oído humano.
¿Resultado? 28 puntitos y un vigésimo primer (21º) puesto para España. Once puestos bajábamos de un año para otro. Sorpresa total. RTVE estaba escarmentada de su hazaña democrática y para el año siguiente decidió enviar a un grupo muy conocido en Europa por cantar la canción más extraña de la década. Y todo sin avisar a nadie. Qué mala fe. Con Las Ketchup nos fuimos para Grecia a ver si conseguíamos mejorar lo del trío andaluz.
Aunque en sus inicios, Las Ketchup también eran tres, para Eurovisión decidieron llevar también a la cuarta hermana. Un viaje pagado a Atenas siempre es bien recibido. De hecho, lo extraño fue que no se llevaran también a las hijas de Zapatero. Total, que las cuatro hermanas se subieron a un escenario que, como no podía ser de otra manera, estaba totalmente vestido de rojo. Todo era rojo. Como el Ketchup. Como el Bloody Mary. Ojo al vídeo, no tiene desperdicio alguno. No os perdáis los comentarios del locutor inglés:
Sobre el escenario, las Mujeres Desesperadas al completo: la rubia, la morena, la pelirroja y la que sobra. Y dos bailarines, de sexo dudoso, que interpretaban una especie de Kapoeira con micros y sillas de oficina por todos lados. Aquello parecía un Sketch eliminado de Camera Café. Y para colmo, las cuatro iban calzadas con las típicas alpargatas de cuña a lo María Abradelo. Todo el baile en las sillas de oficina. Para arriba, para abajo. No sabemos si el Bloody Mary –bebida alcohólica a base de vodka y zumo de tomate- se lo tomaron ellas, la coreógrafa o el esceneógrafo, pero ahí falló todo.
Por destrozo, hasta el del escritor de la letra, que bien pudo ser Sabina también: “puedo ser de barrio bajo underground, pero mi corazón se te ha declarao’ – Dutyfree, dutyfree, dutyfree – Un Bloody Mary, por favor”. La letra, que me la traduzcan, porque yo no entiendo nada: “Hubiera o hubiese habido un buen vacilón. Pintaba pluscuamperfecto”. ¿¿¿??? El comentarista de Reino Unido, que es del que os he puesto el video, acaba la actuación diciendo “España, lo siento”. Más lo sentimos nosotros, no se preocupe usted. Misma posición del año anterior, la 21, y diez puntos menos. Tan sólo 18.
Pero tranquilo todo el mundo, que después de este festival del tomate todavía teníamos un As bajo la manga. O mejor dicho, un-As hormon-AS. El público votante de TVE no lo dudó en votar a los cuatro musculosos, sexys, buenorros, morenísimos, guapísimos, cuerpazos, salero, ¡ay qué arte! Del grupo D’Nash. Mikel, Basty, Javi y Ony eran el grupo Nash hasta que fueran denunciados, cual Tamara-Ámbar-Yurena, y tuvieran que añadirse una "D" delante. D’Nash nos representó con un título en spanglish, lo menos, “I love you, mi vida”. Este año, para innovar, cambiamos el rojo del escenario por el blanco. Y a las cuatro petardas por cuatro buenorros. Todo parecía indicar que tendríamos el éxito asegurado.
Una canción muy eurovisiva, con una puesta en escena vistosa que incluía el lenguaje de signos de los sordos en su coreografía. Sin embargo, la letra nos volvía a fallar “I love you, mi vida, i-e-o, desgarra mi vida y pártela en dos. Que se unan mis días si todo es mentira y pierdo tu amor, the power of love”. Zacaplás. Agárrense que vienen curvas. Ya fuera por los cuerpazos, o por los cuerpazos, el grupo se llevó 48 puntos y subieron a la posición 20. Ya era mérito.
Tocaba sacar el As. Ahora sí que sí. El AS-queroso. Porque lo del Chikilicuatre ya no tiene nombre. La guinda que colmó el vaso llegó hace apenas dos años, y puede que vuelva a repetirse, cuando la audiencia votante decidió enviar a Eurovisión a un humorista en lugar de a un cantante. El personaje sacado del show de Buenafuente, Rodolfo Chikilicuatre, nos invadió con su canción pegadiza y muy básica –de verbena, más bien- y su bailarina que erraba continuamente en los pasos.
Sobre la canción ni hablo. Sobre el vestuario y el atrezzo no me pronuncio. Sobre el espectáculo formado no comentaré. Me limitaré a decir que obtuvo la décimo sexta posición, o lo que es lo mismo, la mejor de las últimas cinco intervenciones que hemos hecho en el festival. Media Europa, por lo visto, bailo el "Chiki-chiki". Pues eso. Pasamos a la siguiente -y última- actuación en Eurovisión.
Soraya. El público lo decidió tras un empate técnico con Melody. Soraya fue la encargada de representarnos en Eurovisión el año pasado. La extremeña, de nuevo y por fin, era (es) una cantante reconocida en nuestro país y ya va por camino de su quinto disco. La canción, muy del estilo de Grecia y Turquía, incluía fragmentos en español y en inglés con toques árabes y violines muy clásicos. De nuevo, parecía que los españoles habíamos cogido el buen rumbo y nos iban a ir bien las cosas.
Tampoco voy a entrar en la polémica del certamen de 2009 y lo que ocurrió días antes con TVE y con la UER. Desde luego, nadie podrá reprochar a Soraya Arnelas que desafinara, que se equivocara, o que no diera el cien por cien arriba del escenario ruso. Me quitaré el sobrero dos mil veces si hace falta. Se me siguen poniendo los pelos de punta. Y, además, innovamos en el festival, con numerito de magia incluido. Ni siquiera se le fue la voz en el último agudo que cantó tras su fuerte baile durante tres minutos de actuación. Fuera por que no les gustamos, o fuera por la manipulación y mofa televisiva que desde la pública española se hizo a Eurovisión, Soraya sólo recibió 23 puntos y quedó, empatada, en el penúltimo lugar de la tabla. De nuevo, otro chasco.
Como véis, esta vez no voy a odiar. Porque, como dice mi amiga Indhira Gandhi, “ya lo hemos pagado”. Ya hemos pagado nuestros continuos errores en el Festival de Eurovisión. Y, precisamente por ello, tendríamos que saber que no basta con llevar al flamenco de turno, ni al humorista del programa de éxito, ni tampoco a baladeros aburridos. Hay que llevar lo mejor que tengamos en nuestro país, musicalmente hablando, en ese momento. Y sólo si no hay burla de RTVE, sólo en ese caso, insisto, tendremos buenas posiciones.
Repasad a Karina, a Salomé, a Massiel, a Sergio Dalma, a Raphael, a David Civera, a Anabel Conde, a Nina, a Bravo, a Betty Missiego, a Mocedades… Un poquito de criterio, y el odio se transforma en buena música. En buenas posiciones. En un Eurovisión con posibilidades. Os quedan –nos quedan- catorce días para votar bien.
Que no se desperdicie.
¿Mi opción? El sábado lo sabréis. Hasta entonces, ¡feliz Día del Odio!